La fiebre antipartidaria comenzó hace tiempo. Es un fenómeno que identificamos desde los tiempos heroicos de las protestas antibélicas por la Guerra de Viet-Nam de los a En América Latina se vio magnificada con los movimientos de masas y el surgimiento de líderes fuera de las estructuras partidarias tradicionales. Llegamos a la crisis financiera global y con Stéphane Hessel y su opúsculo Indignaos (disponible en: www.profesionalespcm.org/_php/MuestraArticulo2.php?id=15261), comenzó la ola de protestas extraparlamentarias conocidas como Occupy Wall Street y las protestas multitudinarias  en las capitales del mundo.

En República Dominicana los conocemos como “Toy Harto”, “La Multitud” y otras expresiones del movimiento contestatario. Ha saltado a las páginas de la opinión pública porque del recuerdo del movimiento español conocido como el 15-M salieron 5 diputados al Parlamento Europeo en las elecciones recientes llevadas a cabo con este fin.

Junto a la debacle de los partidos tradicionales y el fortalecimiento de los extremistas (tanto de izquierda como de derecha), el caso español es el que resalta porque de un partido de sólo tres meses de inscrito, sin campaña tradicional y sin militancia, pero basado en asambleas barriales y locales (cuentan que unas 300) logró alzarse con el tercer puesto en las elecciones al Parlamento Europeo y situar a cinco diputados en Estrasburgo (sede del Parlamento Europeo).

Este movimiento se llama Podemos. Y parece ser fruto de las nuevas tecnologías, es decir, de las redes sociales, según un reportaje de El País sobre este fenómeno (http://politica.elpais.com/politica/2014/05/28/actualidad/1401305050_166293.html). Para muestra: Tras el impacto de la noche electoral, el fenómeno Podemos no ha dejado de multiplicar su impulso en las redes sociales. Solo 48 horas después de conseguir cinco escaños en el Parlamento Europeo se convirtió en el partido político español con más seguidores. Tanto en Twitter, con 194.000, como en Facebook, con 380.000. El perfil @ahorapodemos de la red de microblogs, donde es más activo, ha superado a todos. Al PP, con 141.000, al PSOE, con 140.000, a UPyD con 83.00 y a Izquierda Unida con 63.000.

La imagen del “vocero” de este movimiento está disponible en otro reportaje ilustrativo del perfil de los indignados con la política tradicional, Pablo Iglesias (http://politica.elpais.com/politica/2014/05/26/actualidad/1401137414_307494.html). Un joven profesor de ciencias políticas con una personalidad ecuánime que dice las mayores acusaciones con una sonrisa a flor de labios, sin enfado, y se ha forjado una experiencia en la televisión.

El periódico encuentra la clave en creer, tener fe, en las redes sociales o no: «¿Qué les ha pasado a los demás candidatos? Desde la agencia 101 sostienen que durante la campaña el perfil de Elena Valenciano (PSOE) se ha dedicado “a subir muchas fotos” y Miguel Arias Cañete (PP) a publicar “dos o tres tuits al día”. El perfil de Pablo Iglesias lleva en activo desde 2011. El de Cañete se creó justo al empezar la campaña electoral. Valenciano regresó el 20 de diciembre, tras estar inactiva 10 meses por recibir ataques a sus hijos a través de la red. “El tuitero de siempre sabe que lo que han hecho los grandes partidos son métodos tácticos”, concluye Gustavo Entrala, el creador de la cuenta del Papa Francisco en Twiteer.»

«A día de hoy Pablo Iglesias sigue tuiteando. Elena Valenciano (la abanderada del PSOE) y Miguel Arias Cañete (el del PP), sin embargo, no lanzan ningún mensaje político desde el día de las elecciones. Para Ismael El Qudsi, consultor de Internet y exdirector de redes en el Grupo Havas, “el perfil de Pablo Iglesias está muy por encima de los de Valenciano y Cañete, pero lo que más se advierte es que Iglesias cree en las redes sociales y quienes gestionan los otros perfiles, no. Eso se advierte en los cerca de 7.500 tuits que ha enviado Iglesias. Los haya enviado o no todos él, sí que parece que es él quien está detrás. No es como el caso de la candidatura de Cañete, a quien han tenido que pagar publicidad para inflarle de seguidores”».

Sabemos que los dominicanos no estamos tan ajenos al uso intenso de las redes sociales, pero ¿por qué nuestra partidocracia se mantiene tan sólida que no produce los atisbos de resquebrajamientos  de la lealtad partidaria? O ¿será que el desencanto no llega a tanto y pensamos que los partidos políticos todavía son instrumentos para el cambio social?

Las apuestas en otra dirección, al estilo de los otros países latinoamericanos, se han encontrado con el valladar de los partidos, por lo que terminamos con la hegemonía de estructuras partidarias sin partidos, con movimientos con ideales sin expresiones. Es lo que Podemos llega a demostrar: darle voz y cara a la indignación, algo que no alcanzamos a digerir los dominicanos.