Los romanos denominaban Mare Nostrum -nuestro mar- al Mediterráneo, por la importancia que para su vida poseía, y por el dominio que ejercían sobre las rutas comerciales y militares en esas aguas. El Mar Caribe, debería ser también el Mare Nostrum de los dominicanos, el que baña todo el bellísimo litoral sureño, constituye una de nuestras fronteras y salidas para el exterior, representa un gran atractivo turístico, y nos da de propina algunos que otros peces de buena calidad para comer. Y el nombre Caribe, además de bautizar una importante región geográfica que abarca muchos países y millones de personas, traspasa su propio significado marítimo para crear fuertes connotaciones entre nuestra gente, “el sol está Caribe”, decimos, cuando el calor aprieta hasta asfixiarnos como si fuera un impuesto más, el mar está Caribe, cuando las olas revientan con fuerza en las rocas, ¡cuidado con “las hormigas Caribe”!, tan diminutas ellas que casi no se ven, pero que pican con rapidez impresionante y dejan un dolor inversamente proporcional a su tamaño, o en la historia, los antiguos indios Caribe, famosos, entre otras cosas, por degustar sabrosos filetes, no de “angus” importado precisamente, como hacemos ahora, sino de los nativos que se descuidaban en sus correrías de por entonces.
Bien, a lo que vinimos, que es el mar Caribe, hace unos días participamos en un operativo de “Limpieza de Costas” que auspicia todos los años la Escuela Nacional para Sordos, una encomiable labor a favor de nuestra naturaleza, y decenas de sus alumnos se dedicaron afanosamente durante toda una mañana a limpiar, en lo posible, la capitaleña playa de Guibia. (Ojala muchas escuelas privadas, liceos públicos, e inclusive universidades, siguieran este precioso ejemplo) Es increíble la cantidad de basura que el mar arroja hasta la arena. Al igual que Santo Tomás, hay que ver para creer. Además de numerosas algas, producidas, dicen, por el cambio climático que estimula su reproducción, más intensa que la de los conejos, como se vio hace unos pocos meses en las playas de Juan Dolio y otras cercanas, en sólo unas horas de recogida, se llenaron docenas de fundas de buen tamaño con todo lo imaginable, muñecos, ropa,cepillos de dientes, botellas de refrescos, en envases de todos los tipos y tamaños, fundas plásticas al por mayor y al detalle, animales muertos en descomposición, excrementos, etc., etc., etc., etc.
Claro, que Guibia es un receptáculo natural para cualquier clase de basura, pues por su frente pasan las aguas turbias del río Ozama que desembocan a muy poca distancia, las cuales arrastran hasta sus orillas innumerables desechos personales, industriales y químicos lanzados a través de su curso, y desde los numerosos barrios empobrecidos que se asientan en sus márgenes. Y esto es lo que las aguas del Caribe llevan por encima, habrá que ver lo que queda depositado por el fondo… no nos extrañaría que un buen día apareciera un submarino atómico desechado por alguna potencia naval, o un ovni que quería comerse un mofongo en el malecón y no acertó en la difícil maniobra de aterrizaje, cayendo al mar Caribe.
En general nos preocupan mucho, y con razón, los problemas generados por la basura que dejamos en tierra, de ella derivan cosas más molestas y perceptibles, las plagas, las ratas, las sabandijas, los mosquitos, el hedor, las enfermedades, las carencias de las autoridades municipales, y nos preocupa muy poco por la que se deposita en el mar, porque además de no percibirla físicamente de igual manera, entre otras ideas cortas, creemos que se pudrirán con la sal, y los peces se darán buen festín con todo lo que se pueda comer, ignorando la gran cantidad de plásticos y sustancias químicas que degradan y corrompen las aguas marinas, y en consecuencia disminuye su rica y variada flora y fauna.
Hace años se podían obtener buenos pejes desde el mismo malecón, hoy, lo más probable es que uno saque del anzuelo, como premio a la paciencia de todo buen pescador, un tenis viejo o una lata vacía. Antes, algunas personas se bañaban en la simpática playa de Guibia, si hoy alguien lo hace es posible que salga con la piel a tiras por su gran contaminación. Pongamos mayor atención al mar, a nuestro entrañable Mar Caribe, fuente de vida, prosperidad y alegría. Hace falta, mucha falta.