PEPLA – PLEPLA

“. . . no puedo estar como tú en una esquina . . . hablando PEPLA”.

Esta voz del epígrafe es interesante. Lo es por dos particularidades. Es única en tanto formación y en cuanto significado. La pepla o plepla es creación de la inventiva dominicana.

Es una voz muy precisa, pues solo tiene una acepción indiscutible. Quien escribe estas reflexiones acerca del habla de los dominicanos piensa que la voz es una onomatopeya. Las ideas expuestas más arriba se desarrollarán en detalle más abajo.

La palabra plepla está recogida en el mismo diccionario mencionado antes, página 558, “Cosas intrascendentes sobre las que se habla”

El Diccionario del español dominicano (2013:539) trae una acepción, como se anotó antes, “Cosa insustancial sobre la que se habla”. Es un tema que no reviste interés, que no merece ser asunto de conversación. La cita en ese diccionario que ilustra el uso ofrece una equivalencia, vacuencia, que es muy dominicana también. Es un sujeto de charla vacío, sin trascendencia. El diccionario mentado más arriba asienta una acepción para vacuencia, “Disparate, dicho sin sentido o intrascendente”.

La palabra plepla está recogida en el mismo diccionario mencionado antes, página 558, “Cosas intrascendentes sobre las que se habla”. En funciones de sustantivo para una persona es “tonta, alelada”.

Las dos voces aquí examinadas evocan el blablá conocido que la Real Academia define, “Discurso largo y sin sustancia, y a veces con tonterías o desatinos”.

Puede aducirse que el blablá es más serio que la plepla, pues la última no es discurso sino conversación. Esto a menos que se tome el término discurso en un sentido restringido, simplemente como una “serie de palabras y frases empleadas para manifestar lo que se piensa o se siente”.

La sonoridad de la pepla y la plepla llaman la atención y se parece a la cháchara que es una “conversación frívola”, de acuerdo con una de las definiciones que se halla en el diccionario de la docta corporación madrileña de la lengua.

La conversación de la pepla o plepla no es corta; mueve a pensar en la locución adverbial “de pe a pa”, de uso en el habla de los dominicanos para expresar, “De principio a fin, entero”. Diccionario fraseológico del español dominicano (2016:379).

Se sostiene aquí que las dos voces, pepla y plepla, traen consigo la idea del sonido de una charla sostenida solo por el ruido, sin sujeto serio, sin contenido.

CACHÚ

“Contar los votos es un CACHÚ”

El cachú es una salsa condimentada hecha sobre todo con tomates. Al mercado internacional llegó por medio del comercio impulsado por los Estados Unidos. Se usa directamente, es decir, sin necesidad de calentarla o mezclarla con los alimentos sobre los que se aplica. Se popularizó para aplicársela a las salchichas de los famosos hot dogs o a los no menos famosos hamburgers.

En la actualidad muy pocas personas recuerdan que el ketchup, catsup, catchup proviene de Malasia, donde era kechap y era una salsa de pescado. Esa salsa se conocía allí desde las postrimerías del siglo XVII o principios del siglo XVIII.

Durante largo tiempo en el español dominicano cachú era el animal que tenía los cachos (cuernos) largos. Esa era y es la forma descuidada de decir cachudo. Años atrás en los medios rurales, la palabra favorita era cacho para los cuernos; la última era una palabra más citadina.

Todas las frases aquí citadas están recogidas en el Diccionario fraseológico del español dominicano (2016:77).

Ahora bien, en la cita lo que se lee es una frase popular, “ser un cachú”. Con esta frase el dominicano expresa que eso a lo que se refiere es “fácil o grato”.

No conforme con esa significación, también se usa para llevar al ánimo de la otra persona, “tener aspecto o condición agradable”. El cachú como ingrediente de expresiones no termina ahí, pues el giro “¡qué cachú! indica que “algo o alguien es agradable”.

Si todas las frases anteriores se sirvieron del cachú para dar a entender juicios positivos, no podía faltar una para complacer a las personas que no gustan del cachú, “echar cachú”, locución verbal que se usa para “insultar, ofender o reprender a alguien”. Todas las frases aquí citadas están recogidas en el Diccionario fraseológico del español dominicano (2016:77).

No puede olvidarse, si la palabra cachú se encuentra en el origen de varias frases, entre ellas algunas hasta cierto punto contradictorias, eso es un indicio de la popularidad que la salsa tiene, si no en la comida, por lo menos en el habla.

BONCHE

“Era un BONCHE general que de seguro . . .”

El autor de estos comentarios acerca del idioma recuerda que la primera vez que oyó la voz bonche fue de boca de puertorriqueños. Era una voz que se usaba en Nueva York entre los boricuas que allí vivían y, también entre los que permanecían en la isla. Existe la posibilidad de que la voz tuviese su origen en Nueva York y de allí pasara a la isla.

Es muy probable que los dominicanos hayan adoptado la voz a fuerza de oírla de boca de los puertorriqueños, especialmente cuando departían o eran invitados a fiestas y celebraciones de los boricuas.

El primer bonche que oyó hace muchos años quien esto escribe fue el de reunión de personas para celebrar. Cuando invitaban a un bonche se sabía de antemano que se trataba de integrarse a un ambiente de fiesta que podía ser ruidosa, con música, licores y a veces baile.

Quien escribe estas notas mantiene la tesis de que el ambiente festivo y la celebración se la añadió o creó el puertorriqueño a la voz angloamericana al españolizarla.

Como sucede en las lenguas con muchas voces, estas cambian su significado, ya sea añadiendo nuevos o, perdiendo viejos por falta de uso. En el caso de bonche puede comprobarse algo que ha sucedido con muchas otras voces, que sus acepciones han variado a través del tiempo. Además, ha adquirido acepciones variadas al pasar su uso de un país a otro.

En República Dominicana la voz bonche posee cuatro acepciones que son conocidas en otras hablas. Es una fiesta o reunión festiva; así como una reunión de gente para celebrar algo y una gran cantidad de personas, animales o cosas. Por último, es un manojo o grupo de cosas atadas para mantenerlas juntas.

El Diccionario de americanismos, DAA (2010) reconoce tres acepciones de las mencionadas más arriba. La cuarta acepción, la del manojo de cosas, no constaba en ese lexicón, pero aparece ya en el Diccionario del español dominicano (2013). Esa última acepción constaba en el DAA como de uso en México. Esta corresponde con la primera acepción del inglés para bunch.

Quien escribe estas notas mantiene la tesis de que el ambiente festivo y la celebración se la añadió o creó el puertorriqueño a la voz angloamericana al españolizarla. Como se expresó al principio de esta exposición, los dominicanos adoptaron la voz con las acepciones puertorriqueñas, sobre todo en relación con un grupo de personas reunidas para fiestar.

Hay que celebrar que bonche sea una reunión festiva, con algún ruido, comida y bebidas alcohólicas, en donde la amistad es el mejor ingrediente para la animación.