Trazos del pensar

Pedro Henríquez Ureña: un programa de literatura argentina y americana (2)

Por Odalís G. Pérez

Poetas, novelistas y dramaturgos argentinos lograron preparar la acción teatral, escénica y dramática, de suerte que algunas otras lograron posicionarse en el cine y más tarde en series de televisión y en radioteatro de los años 50 y 60.

Según el contexto que analiza Pedro Luis Barcia, que es el argentino, el profesorado, la práctica editorial, filológica, histórica y divulgativa en La Plata y en Buenos Aires, resulta importante para destacar la militancia humanística y docente de PHU, en un momento en que la Argentina tenía una presencia de filósofos, poetas, editores locales y extranjeros, y una tribuna pedagógica y didáctica de primer orden.

El libro del Dr. Barcia narra, describe y estudia los antecedentes de la llegada de PHU a la Argentina y su amistad con argentinos en México. También toca el tema de la delegación mexicana en la Argentina en 1922. Luego de su regreso a México empiezan los preparativos para su partida definitiva hacia Argentina. Tiempos difíciles de conflictos con Vasconcelos y su avanzada política. En el quinto capítulo el profesor hace la historia, describe aspectos propios del arribo a la Argentina y principalmente al Colegio Nacional de La Plata y luego retoma el tema del maestro y la Universidad de La Plata. (Op. cit. pp. 197-208).

Pero también es importante destacar, como lo hace el autor, la contribución en cuanto al desempeño docente de PHU como profesor en Buenos Aires, es decir, en el Instituto del Profesorado, entre 1925-1946, y donde Barcia aporta hasta la asignación salarial mensual de 19 dólares con 70 real; y nominal $126, siendo la cátedra asumida la de “Literatura argentina y americana”. (Ver, p. 197). También, la incorporación a la Universidad de Buenos Aires y a la Universidad de La Plata plantea su escalada en cuanto a trabajo docente y otros que explica Pedro Luis Barcia de manera puntual. Veamos:

“La incorporación de PHU al ámbito universitario porteño fue más tardía. Lo hizo después de ser profesor en el Colegio Nacional, en el Instituto Nacional del Profesorado y de la Facultad de Humanidades de La Plata. Según su escueto legado personal –el más avaro en datos de los que hemos compulsado- el 22 de marzo de 1930 se lo designa Secretario y Encargado de Fichero –esta es la designación real que consta- del Instituto de Filología, con una asignación mensual del $170 hasta el 31 de agosto del año siguiente; y desde esta fecha, asciende a “180”. (Op. cit. p 202).

Como se verá más adelante su trabajo, aunque “debió renunciar a ese puesto en 1936”, por incompatibilidad, no se interrumpió, tal y como lo consigna Barcia:

“Tenemos por su nota –ya citada- al Rector del Colegio Nacional, debió renunciar a este cargo, en 1936, por incompatibilidad. Lo que, por cierto, no significó el alejamiento de don Pedro del Instituto, en el que siguió trabajando con afán y eficacia, rodeado del afecto de sus discípulos hasta su muerte”. (Ibídem.)

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