La mayoría de los problemas de pareja e intrafamiliares suceden, casi siempre, por la falta de tolerancia, y de una buena comunicación interpersonal. Son generados, las más de las veces, porque no sabemos o no queremos escuchar bien.

Aquí algunas pautas para sentirse y saber ser un buen escucha:

Mantén una actitud positiva: No te predispongas negativamente. Si lo haces no escucharás la verdadera esencia de lo que nos quieren decir.

Si  escuchas, no hables: No puedes cantar y silba a la vez, decía mi abuela. Y para ser un buen escucha, no puedes hablar encima del que está hablando. A veces cometemos ese error, debemos corregirlo porque puede originar una gran confusión en los mensajes y provocar fricción entre las personas.

Escucha ideas, no datos: No seas un mero recolector de datos. Escucha las ideas en integración. Las ideas son el marco de toda conversación. Trata de sacar siempre la o las ideas principales. Los datos como fechas, aclaraciones, solo dan validez a lo dicho pero no es lo esencial.

Evalúa el contenido, no la forma: Muchas veces nos centramos en cómo nos hablan y no en lo que nos dicen.  Céntrate en las ideas principales y quita la hojarasca para que quede el meollo del mensaje.

Concéntrate: Si te disocias poco entenderás de lo que han dicho sino que darás la impresión de ser un mal educado. En una conversación interpersonal, nunca mires el reloj, eso significa o que no te interesa lo que la persona está diciendo o que estás desesperado por irte. Evita distracciones, y no es que estés rígido con mirada penetrante o inquisitiva, relaja tu cuerpo pero no apartes la vista por mucho tiempo de quien habla porque puedes también ser indicativo de poca atención a lo dicho.

Analiza mientras hablan: El pensamiento rompe las barreras del sonido. Pensamos cuatro veces más rápido de lo que hablamos. El que sabe escuchar aprovecha la diferencia de velocidad entre el pensamiento y la palabra dicha. Y entre frases, ve hilvanando ideas, haz análisis y valoraciones, y puedes sacar tus propias conclusiones parciales. Evalúas la fuerza, solidez y lógica de los argumentos que te dan y las relacionas con tu experiencia anterior. Todo ese proceso lo hace nuestro cerebro en segundos. Puedes apoyarte, si es posible,  en preguntas al expositor para corroborar ciertas conjeturas que ya has hecho. Aprovecha de modo productivo la diferencia de velocidad entre lo dicho por la otra persona y tu sistema de pensamiento.

Escucha activamente. Freud demostró el valor curativo que tiene hablar con alguien que nos escuche y nos comprenda. Pon atención no solo a los sonidos de las palabras sino al lenguaje gestual, a las miradas, a la secuencia de los movimientos del que habla. Créeme que detrás de cada uno de ellos hay una gran carga de simbolismos y una gama de interpretaciones que complementan el discurso y que deberás descodificar. Escuchar activamente es hacerle saber al interlocutor que nos interesa lo que nos está diciendo que es importante para nosotros. Haz preguntas sobre el tema, acotaciones.

Tu verdad no es la única válida: No creas que lo que tú piensas es la única verdad. Cualquiera, hasta un niño, puede enseñarte algo nuevo. Siempre debes estar dispuesto a aceptar nuevos conocimientos, nuevas formas de hacer y de ser que te puedan enriquecer. El autosuficiente y prepotente será un frustrado para toda la vida, jamás sabrá escuchar y tendrá pocas posibilidades de alcanzar la felicidad plena.

Toma las palabras de quien venga: Deberás considerar el nivel de educación y cultural del disertante, las características psicológicas de las edades, la carga de frustraciones que trae esa persona, si tiene algún desequilibrio emocional o psíquico o algún padecimiento mezquino: mentira, machismo, autoritarismo, traición, estafa, envidia, celos profesionales, discriminación de género, étnica o de cualquier tipo, etc.. Entonces, siente pena por esas personas. No te pongas a la par de ellas, sino que elévate. No respondas con agresividad a las humillaciones o agresiones verbales. No ofendas pero no aguantes maltratos verbales. Si es en una relación de pareja, acuérdate que el amor no duele, es respeto y consideración, debe dar felicidad. Si te gritan, no grites. Pero no aceptes nunca que te suban la voz o te maltraten verbalmente. Si es recurrente, actúa con la ley o rompe la relación sea del tipo que sea.