Como ya sabemos, la UNESCO, que es el organismo internacional de las Naciones Unidas, especializado en los temas de Educación, la ciencia y preservación de la cultura de los pueblos, ha dedicado una parte de sus últimos años a valorar, para proteger, el patrimonio cultural de los pueblos, apoyándose en programas educativos que eleven el conocimiento, importancia y significación de estos entre sus pobladores y portadores, responsabilizando de su cuidado y protección, a los estados miembros como una responsabilidad relacionadas con dichas acciones, asumido en la Convención Mundial de la UNESCO sobre patrimonio cultural del 1972 y ratificada en el 2016.

Así vemos cómo, los sitios históricos, monumentos, y ciudades, son parte de estas acciones; los son por igual los recursos naturales, bosques, santuarios, humedales y otros nichos ecológicos particulares paras sus países y el mundo, como lo fue la declaratoria del Amazonas como pulmón de la humanidad (1999). Así mismo, otras expresiones de la creatividad humana son parte de esa distinción por la UNESCO como los yacimientos arqueológicos como patrimonio dela cultura material, arte rupestre y manifestaciones de la cultura inmaterial desde el año 2003: las danzas, cantos, música, artesanías, lenguas y gastronomías, festividades y carnavales, entre otras.

En un momento pasaron a ser parte de esta preocupación internacional, los portadores vivos de la cultura de un pueblo o de un país, conocidos como  Hacedores del Patrimonio Cultural viviente de la humanidad, dedicada a personajes de gran importancia en la cultura y la vida de comunidades y pueblos enteros.

Un patrimonio quedaba pendiente por asumirse institucionalmente, el de la memoria, creado en 1992. Desde los últimos 25 años, la UNESCO lo incluye como su más reciente y celosa nominación. Al mencionarlo nos viene a la mente libros, documentos y correspondencias, fotografías, fílmicas, de todo formato, grabaciones de voz, oralidad y tradiciones, museos, bibliotecas, técnicas de artes tradicionales trasmitidas oralmente, así como periódicos, manifiestos, formas de resistencia, luchas por espacios de libertad y defensa de los derechos humanos y otras formas de expresión, conservación y reproducción de la memoria de los pueblos.

Los resultados son halagadores pues más de 160 Registros se han logrado inscribir en el Comité Regional Latinoamericano y del Caribe 2002-2017, el Caribe concentra cerca de 50 de estos Registros y nuestro país 4 dentro de este último listado.

Delicado el manejo, cuidado, conservación, puesta en valor y restauración de este patrimonio. Su importancia es evidente cuando hablamos de que la memoria de un pueblo es su identidad misma, perderla significaría borrar una parte de su existencia.

Por esa razón hay un esfuerzo denodado en estos momentos por organizar las políticas institucionales desde la UNESCO que, junto a las iniciativas estatales, permitan la protección, estudio, conservación, restauración en los casos que se requiera, del valor incalculable que tienen para los pueblos, la lucha por la preservación y valoración de su memoria, expresada como patrimonio, que es cuando se convierte en un hecho de significación para los pueblos que así lo asumen.

Naturalmente que este reconocimiento no solo es de tipo verbal o discursivo y florido, encierra un compromiso de expertos, técnicos, portadores, custodias de colecciones, instituciones públicas y privadas y de os gobiernos que, junto con la UNESCO, implementen programas, acciones, talleres y cursos formativos en áreas relevantes del manejo de estos documentos, de manera que se pueda actuar antes de que el paciente se agrave.

La declaración o Registro, como le llama la UNESCO al reconocimiento obtenido por una nominación presentada por un país, encierra mayor compromiso que poseer un certificado o custodiar una colección, pues la misma pasa a tener un valor, primeramente nacional, regional o mundial si el caso lo puede fundamentar.

Por tanto, para ello cada país debe primeramente según la Conferencia Interregional “Preservación y accesibilidad del patrimonio documental”, celebrada recientemente en Panamá por la UNESCO  y el MOW (Comité Internacional de la Memoria, adscrito a la UNESCO), organizar su Comité Nacional, articulado  a su vez al Comité Regional Latinoamericano y del Caribe y cuyo asiento está en Uruguay, y a partir de esa iniciativa, desarrollar planes y proyectos que lo encaminen hacia la preparación de un alista nacional, un compromiso institucional de trabajo con dichos patrimonios, una labor formativa y de información permanente y por supuesto, la entrega la lista de Registros y propuestas por parte de organismo nacional, al Registro del mundo o de la Región.

Como vemos, es mucha la labor, no se trata tampoco de presentar Registros, tener muchos patrimonios declarados, también es pertinente hacer la labor cotidiana de trabajar estas colecciones, estudiarlas, conservarlas, protegerlas para su puesta en valor, que ha de ser el fin último de su custodia. No es conservar por guardar, es conservar para proteger, proteger para salvaguardar y salvaguardar para poner en valor estos patrimonios.

Todos estos temas se abordaron en la Conferencia Interregional de la  UNESCO-MOW recién pasada en Panamá, del 24 al 27 de octubre con más de 46 países representados. La importancia de fortalecer y crear donde no existen, los Comités Nacionales que son su soporte, institucionalizarlos, formalizar su funcionamiento, suministrar en colaboración con la UNESCO, el personal técnico requerido con talleres y cursos, estudiar estos patrimonios y someter nominación a la lista del Registro nacional, regional o mundial.

Nuestro país ya ha logrado cuatro Registros:

  • El libro de bautismo de esclavos (1636-160). Arzobispado de Santo Domingo. 2011.
  • Patrimonio documental de la resistencia y lucha por los derechos humanos en la República Dominicana (1930-1961). Museo de la Resistencia. 2011.
  • Fondo Fradique Lizardo del Folklore Dominicano. Centro Cultural Eduardo León Jimenes. 2014.
  • “Páginas Banilejas” (1941-1975). Centro Cultural Perelló. 2015.

Otros tantos se han presentado y no han calificado según los estrictos requisitos del equipo evaluador de la UNESCO, por tanto, la labor es ardua, el reto es grande y el compromiso aún mayor de mantener estos patrimonios, fortalecer el Comité Nacional de la Memoria Dominicano y trabajar cada institución con los fondos patrimoniales de la memoria que posee bajo su custodia, con el fin de ponerlos en valor una vez sean los mismos estudiados y conservados según las normas internacionales y del organismo internacional matriz, la UNESCO.