Entrando a los últimos cuarenta y cinco días de gobierno del Presidente Fernández, algunos viven tiempos de incertidumbre. Estos tiempos inseguros suscitan la ansiedad de muchos políticos, funcionarios, enganchados y asimilados que podrían verse destetados del regazo de la loba estatal, tipo Rómulo y Remo.

Las ventas de antitranspirantes, pañales y pampers aumentan- no porque proliferan atletas olímpicos y recién nacidos-sino porque muchos sudan y se hacen aguas mayores. No llamen a Juan Bautista Rojas todavía: son sólo los efectos secundarios de la pato-cojera política dominicana.

En el mundo anglosajón, se conoce como un “lame duck” (o pato cojo) a un representante político electo que concluye su mandato sin posibilidad de reelección.

El término viene del mundo financiero, donde se conocían como “patos cojos o heridos” (lame ducks) a los banqueros o intermediarios (brokers) de valores negociables o de carteras administradas que perdían el dinero de sus clientes en malas decisiones de inversión, o que quebraban.

La Dra. Margarita Cedeño de Fernández fue un “multiplicador” de votos para los comicios presidenciales, pero ahora se convierte en un denominador que amenaza con fraccionar el poder del numerador: el Presidente electo, Danilo Medina

Los políticos que no tienen posibilidad de reelegirse, aquellos cuyos sucesores ya han sido electos o cuyas posiciones dejan de existir caen en esta categoría.

Actualmente, tenemos importantes del ejecutivo que experimentan este síntoma.

Por ejemplo, Leonel Fernández es, en principio, un presidente políticamente cojo (lame duck president). No obstante, ha logrado perpetuarse en el poder manteniendo la presidencia de su partido y consolidando a su esposa como vicepresidenta electa de la República.

La Dra. Margarita Cedeño de Fernández fue un “multiplicador” de votos para los comicios presidenciales, pero ahora se convierte en un denominador que amenaza con fraccionar el poder del numerador: el Presidente electo, Danilo Medina.

Asimismo, coincido con otros notables analistas económicos, como el Lic. Fernando Álvarez B., quien ha vaticinado que la reforma fiscal es una bomba de tiempo contra el gobierno sucesor. La dinámica política convencional dictaría que el pato-cojo (que debe ser indiferente a su percepción entre el electorado) sea quien tome las iniciativas impopulares, como aumentar y reformar los tributos. Pero este no ha sido el caso con la sucesión de poder en el PLD.

El Presidente Fernández no titubeó para realizar la Reforma Fiscal de 2011, que afectó la candidatura de Danilo Medina, considerablemente. Sin embargo, el Presidente Fernández pasó la papa caliente de la nueva reforma al Presidente Electo Medina, para que sea a este quien le toque la desagradable responsabilidad de echarse el muerto fiscal encima.

¿Por qué? No queda la menor duda que mientras algunos peledeístas miopes tienen la vista puesta en Danilo 2012, otros sufren de hipermetropía y enfocan hacia el 2016, apostando al proyecto político de Fernández. Nuevamente, la dirigencia del PLD sacó a colgar mojado a Danilo Medina sobre el tendedero político.