El Premio Nobel de la Paz sigue teniendo mucho prestigio, aunque sólo sea porque las ansias de paz han sido una de las mayores aspiraciones de los seres humanos. No obstante, dicho premio se ha otorgado a personajes que distan mucho de cumplir con los requisitos que uno estima necesarios para ser digno de dicho galardón.
Sin extendernos mucho en ello citemos, por ejemplo, el caso de Kissinger. Si alguien no merece ese premio sería este personaje. Sin embargo, me parece que muchas veces el premio se da no tanto a la persona sino a un acontecimiento que sirve para estimular el reinado de la paz, la resolución de un conflicto, o, se utiliza para promover pasos hacia la paz. Sólo desde esa perspectiva se entiende o explica los por qué de esos premios a ciertos personajes de la política mundial.
El Premio Nobel de la Paz a la UE, es un premio justo, porque Europa ha sido hasta muy recientemente, el lugar privilegiado de los grandes conflictos bélicos. La historia de Europa se puede estudiar como la de sus guerras, un laboratorio privilegiado para los estudios de polemología, y el punto supremo de las mismas ha sido cuando el desarrollo tecnológico hizo posible no ya la destrucción de los soldados y los daños colaterales sobre las poblaciones cercanas a los lugares de las batallas, sino la destrucción masiva de la población civil y de las ciudades, consideradas puntos estratégicos para infligir un castigo inmenso al enemigo.
Pensemos en los bombarderos sobre Londres, la destrucción de Lídice, los bombardeos sobre Varsovia, la destrucción de Stalingrado y el bombardeo masivo de la ciudad de Dresde por los aliados, casi al fin de la Segunda Guerra Mundial, y ya fuera del ámbito Europeo, el bombardeo atómico de Hirosima y Nagasaki.
Desde la creación de los estados modernos, los grandes adversarios o enemigos en las guerras europeas han sido Alemania, Austria, Francia, Inglaterra, Rusia, España, las grandes potencias que se disputaban territorios o el control de zonas económicas, se justificara por los motivos que fueran. Desde la creación de la Comunidad Económica del Carbón y del Acero (CECA), que daría lugar a lo que posteriormente se ha denominado la Unión Europea, las guerras han cesado en Europa.
Desde 1945 hasta hoy,Europa ha vivido una paz duradera, que no ha sido la Paz Perpetua que deseaba Kant, pero que ha sido lo más parecido a ese ideal. Si descartamos la guerra de los Balcanes, por la desintegración de la ex Yugoslavia, el orden ha reinado desde Berlín hasta Lisboa, en el territorio europeo. Gran parte de este mérito se le debe a los creadores de la Unión Europea, de manera que parece indiscutible que este premio es justo y merecido.
Otra cosa es que el premio se otorga en un momento en que la UE se ve sometida a los embates de la crisis, la recesión y los recortes tremendos a los Estados de Bienestar existentes en Europa. Estados de Bienestar cuyo alcance social es muy diferente en los países nórdicos o en los países del Sur. Precisamente en este momento en Europa reina la paz, pero estamos en una coyuntura de rebelión civil por los recortes tremendos a conquistas que han costado enormes sacrificios para las masas trabajadoras, logradas después de, por los menos, casi dos siglos de luchas sociales.
También es una paradoja que el actual Presidente de la UE, Joao Barroso, sea quien simbólicamente ha recibido dicho premio, él, uno de los cuatro de la foto de las Azores, ¿recuerdan?, aquella reunión donde Bush, Blair, Aznar y Barroso, sellaron la guerra de Iraq.
Una guerra al margen del derecho Internacional, y que ha quedado condenada, además, por sus detestables y previsibles consecuencias. Otra paradoja más de la historia Europea y mundial.