La información aparecida en los diarios nacionales dando cuenta de la existencia de un huerto orgánico en la azotea de una edificación en ciudad México, pone a uno a reflexionar sobre los cambios de paradigma que se vienen dando en las sociedades de este tiempo y de cómo el ejercicio del mercadeo, la publicidad y la comunicación comercial se ven compelidos a una revaluación de sus estrategias dirigidas a la persuasión de los potenciales y/o actuales receptores de sus mensajes.

Con esta información comprobamos que ya no se requiere la posesión de un amplio espacio de terreno como antes para cosechar los frutos que la madre tierra nos pueda proveer. Ahora con la denominada agricultura urbana se viene extendiendo esa práctica promovida por la organización “Cultiva Ciudad” creando de ese modo una revolución verde no solo en la selva de concreto en que se ha convertido ciudad México, sino también en la mente y el comportamiento de las familias de este tiempo.

La dinámica de los cambios producidos en todos los órdenes de las sociedades en la posmodernidad han permeado de manera transversal los estamentos más conservadores y aferrados a los paradigmas y esquemas tradicionales de vivir y de actuar en familia y en comunidad.

Un consumidor más exigente en cuanto a las cosas y servicios que compra más especializado a la hora de tomar una decisión de compra al disponer de más vías interactivas de información y educación

El mundo de la comunicación comercial no ha escapado a este influjo. Hoy la práctica publicitaria no es la misma y el concepto de agencia publicitaria sufre alteraciones en su proceder de intermediación y de generador de ideas creativas y gestión de negocios muy alejados del esquema y del seguimiento de paradigmas definidas ahora como de marcada obsolescencia.

Enfrentar tanto al cliente anunciante como al consumidor actual, es una tarea que requiere una profunda adecuación mental y profesional a los nuevos tiempos, para poder lograr los objetivos planteados y “no perder la faja en el camino”.

Ahora se cuenta con un cliente profundamente consciente de sus responsabilidades empresariales y de compromiso con la sociedad que le da soporte, convencido de que vender por vender ya no es un aval ni una garantía de permanencia y sostenibilidad en el mercado. Conocedor al propio tiempo del manejo de los niveles adecuados de rentabilidad que debe producirle su inversión en publicidad, exige resultados concordantes a su aporte.

Por otro lado, tenemos a un consumidor mucho más sofisticado, preocupado por su salud y su alimentación como resultado del contacto permanente con la información a través de los medios de nueva generación provistos por el internet y las redes sociales.

Un consumidor más exigente en cuanto a las cosas y servicios que compra más especializado a la hora de tomar una decisión de compra al disponer de más vías interactivas de información y educación.

Si hay un sector de negocios en el cual se ha roto una amplia gama de paradigmas profundamente arraigados en la psiquis de sus actores principales, es el de la industria publicitaria, comenzando por el que marca la diferencia entre agencia cuyo fuerte era el aporte creativo ofrecido a sus clientes y el de agencia bróker de medios enfocada fundamentalmente en gestiones de corte financiero.

Paradigmas de un ayer lleno de nostalgias y afectos y un hoy de fría y distante competitividad global.