Humanismo y Ciencia

Pacto para la Educación: Carta abierta (1 de 2)

Por Argelia Tejada Yangüela

El presidente Medina emitió el decreto 228-13, del 13 de agosto de 2013, que instruye al Consejo Económico y Social (CES), presidido por monseñor Agripino Núñez Collado, coordinar el proceso de la Reforma Educativa.  En uno de sus considerandos, expresa: “Que el Artículo 34, de la Ley No. 1-12, que establece la Estrategia Nacional de Desarrollo 2030, en lo relativo al Pacto Nacional para la Reforma Educativa, consigna la necesidad de que las fuerzas políticas, económicas y sociales arriben a un pacto que impulse las reformas necesarias para elevar la calidad, cobertura y eficacia del sistema educativo en todos los niveles, y preparar a la población dominicana para actuar en la sociedad del conocimiento”.

Las diez sesiones de consultas en todo el país ya han concluido.  La forma limitada en que se solicita en su portal la participación, me pareció más bien una forma de bloquearla.  No incluyó nombres ni dirección de contacto, ni tampoco un correo electrónico que permitiera a la población hacer propuestas; excluyendo así a las mayorías.  Abordo el problema de la Educación Pública en dos partes: la formación moral y cívica y en la próxima entrega la de construcción del conocimiento.

Formación Moral y Cívica

La educación pública no puede ser reducida a su rol utilitario de preparar técnicos y profesionales para el mercado.  Tiene que cumplir además una misión educativa social, moral y ética.  Esto es, tiene que educar a las generaciones para la convivencia.  En el siglo XXI, son los derechos humanos de los individuos los que definen la moral social sobre lo que es bueno y lo que es malo, y lo que debe ser el fundamento de la Constitución y las Leyes.

La responsabilidad cívica se fundamenta en el respeto a los derechos humanos de los demás y en el deber de ejercerlos y contribuir al bien común en una sociedad en que todos, hombres y mujeres, homosexuales y heterosexuales, religiosos y no religiosos, ricos y pobres, blancos y negros, somos iguales ante la Ley y tenemos los mismos derechos y deberes. Por lo tanto, la moral y cívica de la nación no puede ser sectaria ni pueden serlo los funcionarios de los tres poderes del estado, ni el sistema de educación pública con el importante rol de socializar las futuras generaciones con normas comunes al interior de un conglomerado eminentemente heterogéneo.

Esta moral no puede ser sectaria.  Contrariamente, la Ley Orgánica de Educación No. 66-97 que rige en el presente la Educación Pública, lo es. En el Capítulo II de la legislación, que define los principios y fines de la Educación, en su artículo 4, acápite e, declara: “Todo el sistema educativo dominicano se fundamenta en los principios cristianos evidenciados por el libro del Evangelio que aparece en el Escudo Nacional y en el lema "Dios, Patria y Libertad".  Este sectarismo religioso no es compatible con un Estado social de Derecho, por lo que urge su reformulación.

El orden político debe de funcionar como si no hubiese Dios, de lo contrario es opresivo.  Entrar a Dios en las legislaciones produce la opresión de la mujer en los estados musulmanes y en los estados eclesiales católicos Latinoamericanos.  El poder político-religioso fue ensayado por la historia y descartado en los países que hoy gozan de más libertad y progreso humano.  Solamente consideremos el predominio de la esclavitud en las teocracias de la Antigüedad; el de la servidumbre, en el Medievo Europeo; y el de la esclavitud y la servidumbre en los regímenes coloniales impuestos por bulas Pontificias y Reyes Católicos en América Latina.

Lo mismo es cierto de la Educación.  El actual currículo para la educación inicial, básica y media funciona de manera opresiva.  Basta una lectura del Capítulo 8 de los Fundamentos del Currículo II, que define el Área de Formación Integral, Humana Y Religiosa del Ministerio de Educación.[1] La enseñanza religiosa no se plantea exclusivamente como una materia específica de doctrina y preceptos católicos, la cual, según el Artículo XXII del Concordato, puede ser omitida para alumnos cuyos padres envíen una carta solicitándolo. Pero esa exclusión es imposible porque según el mismo Concordato, la incidencia es global: “la enseñanza suministrada por el Estado en las escuelas públicas estará orientada por los principios de la doctrina y de la moral católicas [subrayado mío].

El Ministerio de Educación, en su Ley Orgánica y en los Fundamentos de su Currículo, implementa el Concordato al conformar un eje transversal, que lleva la interpretación religiosa a la enseñanza de muchas materias del currículo.  Específicamente enumera las materias que deben ser “integradas”: Geografía, Historia, Sociología, Antropología, Psicología, Ética, Filosofía, y Teología.

Sin intención de ofender a nadie, permítanme expresar lo que más de un millón de dominicanos que no tienen ninguna afiliación religiosa sienten y no tienen la oportunidad o el valor de expresarlo: este currículo es una aberración.  Esta “integración” es una violación a los derechos humanos de los estudiantes de ser enseñados la verdad, no falsedades por creencias particulares. Representa además una violación a la libertad de pensamiento y expresión tanto de niños como de adultos, y un obstáculo para que los niños conozcan los métodos y los conocimientos alcanzados por las Ciencias Sociales, otras ramas de las ciencias naturales (Psicología y Geografía), así como las diversas corrientes Filosóficas que han enriquecido el pensamiento de la humanidad.

La religión pertenece al mundo privado y personal, en que somos libres de creer o de no creer, y nadie puede forzar nuestras conciencias en una u otra dirección.  Ninguna persona tiene el deber de seguir una religión en particular, que es precisamente lo que el Sistema de Educación Pública Dominicana impone y que dudo que el Presidente del Pacto Nacional cambie, un Monseñor y presidente-fundador de la principal Universidad Católica de la República. Pero mezclar Ciencia y Fe es crear confusión.  Mientras las ciencias se fundamentan en observaciones empíricas y observables, la fe se fundamenta en la Autoridad. La religión, para parafrasear al filósofo y educador Fernando Savater, “puede ser tolerada en la escuela si es activamente criticada en cuanto abandona su papel poético y se pretende científica o política”.

No me opongo a que cada quién interprete el mundo  desde el  punto de vista de su preferencia, pero si a que se imponga como verdad absoluta a los demás. Por esta razón considero opresivos los estados ateos, al igual que los clericales. Me adhiero a la posición de Joseph Campbell, el estudioso más prolífero de los mitos de la humanidad: “Cada religión es cierta de una forma u otra. Es verdadera cuando se le entiende de una forma metafórica.  Pero cuando se atora en sus propias metáforas, interpretándolas como hechos, entonces tiene problemas”.  Por lo que éste gran maestro, autor de grandes obras, como The Hero With a Thousand Faces [El héroe de los mil rostros] y “The Masks of God” [Las máscaras de Dios], varios volúmenes de mitologías creativas de Oriente y Occidente, nos aconseja buscar el camino que “más haga florecer nuestra humanidad”, y dedicarnos a “seguir nuestros sueños”.


[1] Área de formación integral, humana y religiosa. Fundamentos del Currículo II., Capítulo 8.  http://www.educando.edu.do/sitios/curriculo/fundamentos2/Captulo8.htm

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