Omar Mateen, un estadounidense de 29 años y padres afganos, entró al salón de una discoteca de Orlando, Florida, armado de un revólver y un rifle AR-15. Dejó 50 personas muertas y 53 heridas en estado crítico, el domingo 12 de junio a las 3:00 de la madrugada. Antes de morir por la policía que entró a la discoteca a las 5:00 de la madrugada y logró salvar 30 vidas, Omar Mateen llamó al número de emergencia 911 y se identificó con el Estado Islámico. En la discoteca se habían citado 300 jóvenes de diversas etnias e inclinación sexual, para celebrar entre amistades una “Noche Latina”. Los medios y familiares atribuyen la masacre al odio homofóbico.

Este lunes, cuando escribo estas palabras, resuenan en mis oídos las palabras del Presidente Barack Obama. El Presidente dio sentido a la masacre, enmarcándolo en el contexto de un acto definido por la agresión a la esencia de la nación, no a una pequeña minoría:

“Este es un recordatorio aleccionador, cualquier ataque a un estadounidense, sin importar raza, religión, origen étnico u orientación sexual, es un ataque sobre todos nosotros y sobre los valores fundamentales de igualdad y dignidad que nos definen como país. Ningún acto de odio o terror cambiará jamás lo que somos o los valores que nos hacen Americanos”__ dijo Barack Obama (traducción libre).

Los Estados Unidos se definen como país laico. Los Padres Fundadores separaron al Estado Federal de las Iglesias, ejemplo que todos los estados siguieron en poco tiempo. Los símbolos religiosos fueron permitidos en templos, mezquitas y sinagogas, pero desterrados como actos de Estado. No se permiten en los tribunales de justicia, en el congreso, en la Casa Blanca, en las escuelas públicas, en las leyes y en su Constitución; como es el caso dominicano, que contradice su propia Constitución para hacerlo.

Obama definió al país no por su confesionalidad religiosa, sus revoluciones científicas y tecnológicas, o por el poder político y económico de un país formado por la unión de 320 millones de personas distribuidas en 50 estados. Lo definió por la igualdad y la dignidad de cada persona, y el apego a la Ley que lo garantiza. El ataque a los homosexuales es el ataque contra todos y todas. Enumeró las discriminaciones que no tienen lugar por ser los Estados Unidos un estado democrático de derecho.

Lo hizo precisamente el mismo días que en la Republica Dominicana el Arzobispado Metropolitano organizó al mediodía una marcha de protesta para imponer sus anti-valores a todos los estados del continente representado en la OEA, contra la vida digna de la mujer y contra la autenticidad y libertad de las minorías de género. ¡Que vergüenza ante todo el mundo! Las sotanas se esconden mandando a sus rebaños: mujeres y hombres adoctrinados desde su más tierna infancia.

De nuevo, el catolicismo misógino y homofóbico, último en abolir la esclavitud, y máximo colaborador de las dictaduras europeas y latinoamericanas fascistas y nazistas del siglo XX, se hace presente en República Dominicana en el siglo XXI. Ya lo hizo en el siglo XIX cuando enfrentó a los Trinitarios para apoyar a Pedro Santana.

No sabemos por qué en esta ocasión es el cardenal y el obispo asistente de Santo Domingo los que convocan la protesta. ¿Está el Episcopado dividido? No sé por qué el Papa Francisco, que dijo no ser nadie para juzgar a los homosexuales, envió un embajador homofóbico a la República, el primero en discriminar al Embajador Brewster e intentar cubrir su acto como uno de respeto al Presidente y a la Constitución Dominicana.

No sé por qué el Papa Francisco, quién declaró que quiere un Estado Laico, no anula de una vez por todas el Concordato medieval y Trujillista de 1954. ¿Acaso no sabe de los chantajes del Cardenal? ¿Acaso el nuncio no le deja saber su prepotencia y la politización de la Iglesia alienada con su legitimización de tres décadas de Trujillismo y luego con Joaquín Balaguer en 1966? ¿Acaso no le importa que en República Dominicana el Concordato esté por encima de la Constitución? Quizás no ha leído los resultados de las investigaciones del Pew Research Center y desconoce que desde 1972 el éxodo católico en RD ha convertido a la población no-afiliada al catolicismo en mayoritaria.

No sabemos por qué el Papa Francisco, quien dice creer en una Iglesia pobre y para los pobres, permite que el dinero de los pobres en la RD se use para financiar el hambre de dinero y de propiedades inmobiliarias de sus Jerarcas. ¿Pero no es eso apoyar la corrupción que la Iglesia denuncia en los políticos del gobierno mientras oculta sus chantajes para beneficiarse de las políticas y del erario público? ¿Acaso la Iglesia no presiona para hacer cumplir “las leyes internacionales” con que denominan al Concordato que les otorga todo tipo de privilegios, dineros y bienes inmobiliarios?

El domingo pasado, mientras en Orlando podían verse filas interminables de personas para donar sangre y honrar la memoria de las víctimas de homofobia, en Republica Dominicana, las filas de católicos y católicas armados de pancartas buscaban anular los derechos humanos de personas LGBT y el derecho a la salud sexual y reproductiva de la mujer, para sustituirlos por los nebulosos ¡derechos de la Familia!

Los califico como nebulosos porque no es el derecho al matrimonio heterosexual el que está en peligro. Lo que realmente quieren es negárselo a quienes no son heterosexuales, negarles el derecho al divorcio a los heterosexuales, y negarles libertad de conciencia a infantes y adolescentes que reciben enseñanza religiosa en las escuelas públicas como si fuesen verdades absolutas.

Durante las entrevistas de Noticias SIN, las mujeres que protestaban frente al hotel que albergaba a los/as participantes en la Asamblea de la OEA, declararon no odiar a los homosexuales. ¿Puede amarte quien quiere criminalizar tu relación amorosa y calificarla de desviada, pecado mortal y contra la naturaleza? ¿Puede amarte quien sustituye los conocimientos modernos de las ciencias biológicas y neurociencias sobre la complejidad de la sexualidad humana por terapias milagrosas?

¿Acaso el libro albedrío no es parte de la doctrina católica? Las ideologías religiosas o políticas, cuando excluyen grupos humanos por cualquier diferencia, destilan odio y facilitan que surjan doctrinas criminales desde el Estado, o desde grupos o personas que toman la justicia en sus manos. Este es el caso de la incidencia de grupos católicos, cristianos y musulmanes en países del Tercer Mundo que criminalizan de forma absoluta el aborto, o condenan con prisión o pena de muerte a personas LGBT. En estas situaciones, todos y todas perdemos nuestras libertades.