La campaña de concientización #OrangetheWorldday a ser celebrada a escala mundial el próximo 25 de noviembre, tristemente tiene su origen en el asesinato de tres valientes mujeres dominicanas en 1960, las hermanas Mirabal, Patria, Minerva y María Teresa. Mientras viajaban desde su pueblo, Ojo de Agua hasta Puerto Plata, para visitar a sus esposos encarcelados por el dictador Rafael Trujillo, fueron golpeadas hasta la muerte.

Salomé Ureña de Henríquez

Estos terribles asesinatos conforman uno de varios capítulos lamentables de nuestra historia. Este caso permanece impune. Fue la gota que colmó el vaso, la resistencia a la dictadura que perduró 31 años. Luego de ese evento, los dominicanos ya no pudieron resistir más y pocos meses después, el 30 de mayo de 1961, el dictador Rafael Trujillo fue asesinado por un grupo de valientes hombres dominicanos. Desde ese día, empezamos como nación una lenta transición a la democracia, ciertamente con algunas conquistas notorias, pero también con muchos desafíos por delante.

A pesar de lo atroz que fue, el crimen de las hermanas Mirabal devino en una fuerza para recuperar la dignidad de los dominicanos. Las mariposas fue el código utilizado por las tres hermanas en el movimiento de resistencia llamado 14 de Junio (1J4), para luchar contra los abusos del régimen criminal. En 1999, la Asamblea General de las Naciones Unidas designó el 25 de noviembre como el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la mujer, para honrar a las hermanas.

Este período y sus efectos actuales en nuestro sistema político se le denomina como Trujillismo. No me gusta esa palabra y evito usarla. En primer lugar, porque tengo queridas amigas de infancia que por el solo hecho de tener en uno de sus apellidos el de Trujillo y en efecto, ser parientes de sangre del dictador, por este sólo hecho, han sido objeto de bullying desde la escuela primaria. Estas son personas que nacieron después de 1961. Y, en segundo lugar, porque es una palabra desviante. La palabra correcta para describir lo que ocurrió en la República Dominicana entre 1930 y 1961 es Fascismo, una fuerza contra la que debemos luchar todavía. Existe de muchas maneras, porque no es exclusiva de una familia, grupo o partido político. Es una inconducta que necesita ser erradicada de nuestros corazones y que puede germinar en cualquier situación política, laboral e incluso, en nuestras propias familias.

Tomó tiempo, pero para generaciones posteriores como la mía y otras que siguieron, las mariposas han devenido en el símbolo perfecto de gracia de la mujer dominicana: amable, inteligente y valiente. La literatura (En tiempos de las mariposas de Julia Álvarez, La fiesta del Chivo de Mario Vargas Llosa) y el cine (El tiempo de las mariposas – trailer) (Trópico de Sangre trailer) han despertado interés mundial sobre ese caso. Y sin embargo, para ser honestos con nosotros mismos, por años ha sido ocultada la verdad histórica acerca del asimétrico balance de poder, que ha dejado a las mujeres dominicanas en situación frágil e incluso, peligrosa.

Las hermanas Mirabal

En el bachillerato, recuerdo haber leído un cuento llamado Las vírgenes de Galindo, del escritor César Nicolás Penson. Es una historia real acerca de otras hermanas brutalmente asesinadas en el siglo XIX. El lector es capaz de apreciar que el prejuicio y la impunidad son Cosas añejas. ¿Lo son en verdad? Lamentablemente, no. Estas dos inconductas no han quedado en el pasado. Entre muchos otros problemas que tenemos como país en vías de desarrollo, los niveles de violencia contra mujeres dominicanas hoy día son muy elevados.

El periodismo informa acerca de un número escandaloso de casos de abuso doméstico semanalmente. Más recientemente, la prensa dominicana descubrió que el asesinato de dos mujeres dominicanas por sus parejas, fueron apoyadas por decisiones tomadas por autoridades corruptas que permitieron a estos hombres violentos eludir persecución y prisión, dejando a las víctimas en situación vulnerable. Irónicamente, en lugar de proveerles protección, estos actores judiciales, incluyendo a una fiscal, fueron instrumentales en los asesinatos vengativos ocurridos en 2019. Al final, esas mujeres terminaron siendo asesinadas, dejando sus niños, un enorme dolor y un gran sensación de incertidumbre en la sociedad.

La prensa dominicana no solo informa acerca de los fallos en el sistema de justicia. Estos periodistas levantan la alerta e informan a la sociedad sobre causas raíces y medidas preventivas potenciales para detener el ciclo de violencia. Como respuesta gubernamental, el Ministerio de Educación está tratando de promover un programa de educación para instruir a niños en edad escolar sobre educación constructiva e igualdad de género. Lamentablemente, el sector conservador ha mal interpretado las bases legales del Poder Ejecutivo para tomar medidas preventivas para detener esta locura.

No es mi intención criticar la moral o las creencias religiosas de ese segmento de la sociedad, donde tengo queridos miembros de mi familia y amigos. Es su derecho vivir su vida de acuerdo a sus principios, reunirse y expresarlos pacíficamente. Como parte de un segmento más liberal de la sociedad dominicana, es mi deber entender que los problemas sociales necesitan ser resueltos a través de criterios democráticos. Esto es, no basados en principios personales sino en principios constitucionales.

Creo que aquellos que piensan como yo, tenemos que ser sensibles a la visión de la vida que tienen otros dominicanos, hasta el punto de que esa visión no dañe a nadie. La orientación democrática de cualquiera de los dos lados del debate es alcanzar una meta superior juntos, en asuntos donde el consenso se necesita con urgencia. Es mi entender que nuestro consenso actual tiene dos premisas y una clara conclusión:

  • Premisa mayor. República Dominicana es un país pequeño fundamentado en altos estándares de justicia.
  • Premisa menor. La violencia en nuestro país hoy es alarmante.
  • Conclusión. Nosotros, los dominicanos, deseamos detener este fenómeno juntos.

Un error recurrente, que conduce a un falso debate, es que estamos constantemente indicándole a los demás cómo deben pensar o actuar. No me encuentro en la posición de imponer mis ideas a otros, ni siquiera a mi propio hijo, quien es libre de escoger sus propias creencias. En lugar de eso, invito a cada dominicano a trabajar juntos en una meta clara. Cualquier persona guiada por principios personales, cualesquiera que sean, es capaz de comprender que esta situación es alarmante y requiere de medidas preventivas y sancionadoras, no solo relacionadas a la política criminal, pero también, a las mejores prácticas civiles y sociales.

Aprendimos del gran educador Eugenio María de Hostos, que la asimetría en el balance de poder en los hogares dominicanos, era (y todavía es) defectuosa. Sus libros, discursos y acciones fueron meridianos sobre ese respecto. La educación es fundamental para transformar el rol tanto del hombre como de la mujer en la sociedad; es necesario no solo proveer acceso a la educación a las niñas, sino además, asegurarse de que los niños y niñas creciendo en hogares dominicanos, comprendan que los hombres y las mujeres son iguales.

Cuando se lee a Hostos, es claramente comprensible que cualquier desviación de ese entendimiento en la crianza doméstica, no solo es dañina a la mujer, sino que además definirá el carácter de los hombres y mujeres criados en ese escenario que el consideraba un contexto disfuncional. Hostos es majestuoso al explicar la relación de causalidad que existe entre la visión que tienen los niños acerca de la figura materna y el nivel de desarrollo de un país. Para asegurar esos roles, ciertas libertades básicas deben ser organizadas en nuestro favor. Eso lo hizo el hombre visionario que celebramos, y acaso, uno de los primeros filósofos caribeños.

Educar sobre las bases de la igualdad, no es una novedad ni un discurso exclusivo que pertenece a los liberales. La potestad del Estado Dominicano de intervenir en el balance adecuado de la educación doméstica, se encuentra en los cimientos de nuestra muy digna historia nacional. No creo que ningún dominicano se atreva a aminorar las ideas e impronta de Hostos en nuestra historia social y política. Tampoco creo que estemos en desacuerdo en celebrar a su principal discípula, la maestra Salomé Ureña de Henríquez, la líder que él dejó para empezar esta transformación basada en las creencias arriba descritas. Estos fueron nuestros dos líderes primarios, quienes demandaron una penetración razonable de los estándares educativos en la dinámica del hogar por un bien mayor, como actualmente la peligrosa situación demanda con urgencia.

¿Por qué existe una versión de este artículo publicada en inglés? Porque en la Republica Dominicana, donde mi corazón vive aunque me encuentro físicamente en el extranjero, necesitamos empezar a enfrentar este tópico de la mejor manera posible. Necesitamos aprender todo el conocimiento y experiencia que podamos obtener, a modo meramente consultivo sobre este asunto. Eso no va a herir nuestra soberanía de ningún modo.

El domingo 24 de de noviembre, los dominicanos iniciaremos de nuevo un movimiento, bellamente descrito con el slogan: El efecto mariposa. El aleteo de una mariposa puede provocar un huracán en otra parte del mundo. Esta vez, para evitar más muertes de mujeres. Se llama #laMarchadelasMariposas para honrar a las hermanas Mirabal.

Eugenio María de Hostos

Algunos pueden considerar que el asesinato de las hermanas Mirabal fue un caso de violencia política, diferente a los casos de violencia doméstica que enfrentamos hoy. Cualquier caso de violencia donde exista una asimetría en el balance de poder que permita conductas ilegales es abuso y debe ser prevenido, detenido y erradicado. Para honrar y continuar la lucha y metas de desarrollo que plantearon Hostos y Ureña de Henríquez, es de obligado cumplimiento adaptar su filosofía social a los problemas domésticos de hoy.

La República Dominicana está siendo reconocida mundialmente por su privilegiada belleza natural. Existe también belleza en nuestros espíritus, Las mariposas viven. Marcha con nosotros! (Butterflies live. March with us!). Ayúdennos a terminar con esta línea de interminable de nombres de mujeres atrozmente asesinadas: Anibel, Emely, Julissa, Andrea, Yesenia, Gisela, Glenys, Miledys, Juana, Luisa, Yoselin, Yarisa y tristemente, muchas otras más.