Espectador comprometido

Obama, ¿tras los pasos de Bush?

Por Carlos Julio Báez Evertsz

Cuando Obama fue juramentado como Presidente de USA, por primera vez, el Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz escribió que las expectativas de gran parte de sus votantes estaban encaminadas a que se produjera un gran giro, un cambio de rumbo en la orientación general de la políticas estadounidense, no solo en materia de política internacional, de aplicación de la Justicia, caso del cierre de Guantánamo, sino también en la política económica.

Como es sabido, la política de Bush tuvo una clara orientación de clase, es decir, estaba dirigida al segmento superior  más rico de la sociedad norteamericana, que no llega  al 1% de la población. La prueba al canto de la misma fue la disminución masiva de los impuestos que tenían que pagar. Tanto así que años después el gurú de las finanzas Warren Buffet, uno de los hombres más ricos del mundo, escribió en el New York Times, que no era bueno para su país, que él pagara menos impuestos -en proporción a sus ingresos- que su secretaria.

Cuando esto ocurre, el Estado deja de percibir grandes sumas por concepto impositivo y aumenta la brecha entre ingresos y gasto público. Ya se sabe con certeza, desde la perspectiva de la teoría económica hegemónica vigente, dónde se van a producir los recortes para reducir la brecha: en los gastos sociales, educativos y sanitarios. Con Bush la sociedad norteamericana se hizo más desigual. Y el mito de las trayectorias de clase basadas en la  movilidad social ascendente masiva se vino abajo.

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Si Obama al fin decide bombardear Siria –con el único apoyo del gobierno de Francia, por el momento, aunque su población está en un 64% en contra de la posición del presidente Hollande-, producirá quizás más víctimas que las 1429  del gas que se atribuye fue lanzado por las tropas de Bachard  El Asad

Los ricos se hicieron más ricos –fenómeno que venía desde Reagan pasando por Clinton-, y la clase media fue retrocediendo en sus niveles de ingresos, aunque este último fenómeno se vio enmascarado por los préstamos hiper generosos y masivos a personas que resultaron insolventes, y que llevaron –entre otros factores-, a la crisis financiera de diciembre de 2007 y  2008, cuyos efectos aún persisten.

La gran esperanza que representaba Obama mostró pronto su cara continuista, especialmente, en la economía, aunque con ligeros retoques. De entrada, teniendo la posibilidad legal, por cumplirse los plazos de  finalización de su mandato como presidente de la Reserva Federal, de Ben Bernanke, lo que hizo el nuevo Presidente fue confirmarlo en el cargo y poner en su equipo económico a Timothy Geithner, en el Departamento del Tesoro. Para Stiglitz, eso fue un error ya que ambos  estaban comprometidos con  los desmadres que condujeron a la bancarrota financiera, por asumir la idea de que la desregulación era algo positivo y que los bancos e instituciones financieras ejercerían un auto control responsable en sus actividades.

En otras palabras, confirmó en sus puestos  a economistas con la misma orientación que llevó a la crisis, en vez de tratar de ensayar otras políticas  con economistas con una perspectiva diferente, que los hay. Pero parece claro que cuando alguien llega a Presidente es porque ya el “establishment” * – los que forman la denominada “superclase” o la élite del poder real-, tiene todo atado y bien atado, y sabe que se trata, en cierto modo de un rehén de sus intereses estratégicos.

En política interna Obama no ha supuesto el cambio esperado y no todo es culpa de las dificultades aritméticas de lograr una mayoría en las Cámaras. La política en un sistema plural se debe basar en lograr consensos, y si no, acuerdos puntuales, teniendo como principal objetivo tratar de materializar las promesas hechas a los electores. Pero para ello se parte de la premisa de que  las promesas electorales deben ser sentidas y creídas, y que se està comprometido con ellas.

Si todo era un simulacro, es fácil variar de rumbo, señalar que son “los otros”, los que te impiden aprobar o dictar lo que antes ofrecías como tu panacea y el motivo para que te eligieran. ¿Por qué elegirme a mí y no al  otro  o a los otros oponentes?

Se supone que porque se está convencido que se realizar lo prometido. Que se pondrán los medios adecuados a los fines que buscó. Que se ha hecho un cálculo de probabilidades de lo que se puede o no lograr con las fuerzas en presencia. Si no es así, si  se duda, si se vacila, está claro que, de entrada,  todo será una pantomima, un bluff.

Para mí fue un momento triste el discurso de Obama de aceptación del Premio Nobel de la Paz. El Presidente de la potencia hegemónica mundial no es ciertamente un pacifista cuáquero, pero entre esa posición y dar un discurso en ese acto para justificar  la necesidad de la guerra, aunque se añada que por motivos humanitarios, media una distancia.

La realidad siempre recortará las alas o limitará el vuelo de cualquiera que quiera volar alto y lejos, pero quien quiera realizar algo grande no puede auto limitarse, más aún cuando con ello uno se queda circunscrito a los estrechos límites del pensamiento convencional. Creo que si quieres la paz hay que prepararse para la guerra, eso es una lección de la historia, pero lo sustantivo es buscar y propugnar la paz, no hacer un ditirambo a favor de la guerra.

Veo positivo que Obama no ha estado dispuesto a dejarse llevar de los “tambores de guerra” y usar y abusar del inmenso poder bélico de que dispone su gran país, para resolver cualquier conflicto o desavenencia, sea regional, en Latinoamérica, sea en Irán. Y se ha resistido a emplear la fuerza a pesar de que muchos de sus aliados lo propugnaban, entre ellos los muy influyentes Arabia Saudí e Israel. La paciencia ha dado mejores resultados que la violencia. Tanto en un AL como en Irán.

Pero  la llamada,  con excesivo optimismo por parte de los medios de comunicación, “Primavera Árabe”, ha mostrado que en los países musulmanes existe una poderosa influencia entre sus ciudadanos de la religión y que la imbricación de la misma en la política, conlleva un retroceso del Estado Laico frente a los fundamentalismos religiosos (en estos casos, musulmán).

En el mundo árabe lo que tenemos actualmente es un escenario caracterizado por una gran inestabilidad política, un mayor auge de los grupos a favor de una yihad (guerra santa sean o no de Al Qaeda), la persistencia de monarquías absolutistas que mantienen a sus sociedades ancladas en el fundamentalismo islámico aunque con una fachada occidentalizada de lujo (caso paradigmático de Arabia Saudí), el poder de los ejércitos que se extiende también a la economía (como es el caso de Egipto, donde desde 1953 los militares controlan el poder político y gran parte del económico).

Cuando se convocan elecciones, como lo fue  hace años en Argelia y ganaron los islamistas, no se aceptaron los resultados y ello derivó en largos años de enfrentamientos, miles de muertos y una  guerra civil. En Egipto ha pasado algo similar. Y se trata de aplicar la misma medicina que hundió a Argelia. Con la diferencia que Egipto es un país aún más clave, tanto para preservar el control de EE.UU.,  como de Israel, en la zona.

No se ha considerado pertinente bombardear a Irán pero en cambio se ha ido desestabilizando a todos los gobiernos menos pro occidentales, primero, Afganistán, Iraq, Libia, ahora, Siria, y si se le bombardea –ya que ocuparla por infantería es más complicado-, será más fácil estrangular a Hezbollah en el Líbano.

Así pues, con los países árabes militarmente más potentes, envueltos en guerras civiles o conflictos internos de envergadura, sería más fácil e incluso quizás irrelevante hacer la guerra a Irán, que no podría contar ni siquiera con una amenaza disuasoria de las fuerzas armadas de los países citados y de la milicia chiita libanesa.

Si Obama al fin decide bombardear Siria –con el único apoyo del gobierno de Francia, por el momento, aunque su población está en un 64% en contra de la posición del presidente Hollande-, producirá quizás más víctimas que las 1429  del gas que se atribuye fue lanzado por las tropas de Bachard  El Asad en Ghuta. De hecho, en estos dos años de guerra los muertos  en Siria ya superan los 100 mil y hay unos dos millones de desplazados.

Lo lógico sería esperar el resultado y el Informe de los expertos de la ONU y discutir la cuestión en el seno de las Naciones Unidas. Si se demuestra  la culpabilidad, también en esto, del dictador Sirio, la comunidad internacional debería actuar para sancionarlo. Pero es peligroso seguir los pasos de Bush en Iraq con decisiones al margen de la ONU. Sobre todo, cuando las varas de medir los crímenes contra la humanidad suelen ser tan disímiles en la misma región.

Sin embargo, todo parece indicar que, al final,  se impondrá la Pax Americana-israelita   en Oriente Medio, y los palestinos tendràn, como corolario,  que ver, impotentes, como se quedan sin territorios que canjear a cambio de “la paz” y serían ya una fuerza de trabajo de reserva de tercera categoría dentro del Estado israelita, o si aceptan las propuestas de paz de Israel, ser un pseudo estado bantunerizado, controlado de hecho desde Tel Aviv o desde una Jerusalén, convertida, al fin, en la capital político-religiosa, del Estado Judío.

Torrelodones, 31 de agosto de 2013

* El establishment es el grupo de personas que detentan un gran poder y que influencian o controlan las políticas, las ideas, las opiniones, el gusto artístico, la moda, etc., y que, usualmente, apoyan lo que ha sido tradicionalmente aceptado y que a menudo suelen oponerse a las nuevas ideas y a cualquier clase de cambio. De más está decir que también controlan o influyen de manera decisiva en la economía, las inversiones y el comercio. Vid. Oxford Dictionary (1974) y Longman, Dictionary of Contemporary English (1995)

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