Hemos iniciado el mes de noviembre, un período del año que tradicionalmente ha sido muy importante. Recordemos que un 11 de noviembre se puso fin a la Primera Guerra Mundial; un 9 de noviembre de derribó el Muro de Berlín que simboliza el final de la ominosa Guerra Fría, y el 25 de noviembre, en ocasión del vil asesinato de las tres Heroínas de Salcedo, las Hermanas Mirabal, conmemoramos el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

Recordemos además, que el mes de noviembre en nuestro país fue declarado Mes de la Familia, por Decreto Presidencial No. 1656 del 29 de octubre de 1971, a solicitud del Movimiento Familiar Cristiano, con el objetivo de fortalecer la familia y que se haga conciencia de su determinante papel en la sociedad.

Es importante que todos recordemos que este mes debe dedicarse de manera especial a la familia y por ello es necesario que toda la sociedad dominicana, en sus decisiones, actividades, eventos, declaraciones, actuaciones y programación para el año próximo, entre otras, dé prioridad a la familia y a su fortalecimiento como núcleo de la sociedad y base fundamental de la convivencia y de la formación de ciudadanos sanos.

Es un reto también para el Estado dominicano y en especial para el gobierno.

De una vez y por todas debe darse prioridad a la familia y en especial a los niños, niñas y adolescentes en todas y cada una de las políticas públicas. Debe asumirse esto con seriedad y a sabiendas de que es una obligación por mandato Constitucional, legal y por compromisos asumidos en los tratados internacionales suscritos y ratificados por el Estado Dominicano. Recordémonos que el Principio VII contenido en la ley No. 136-03, conocido como Código del Menor establece que El Estado, como representante de toda la sociedad, tiene la obligación indeclinable de tomar todas las medidas administrativas, legislativas, judiciales y de cualquier otra índole que sean necesarias y apropiadas para garantizar que todos los niños, niñas y adolescentes disfruten plena y efectivamente de sus derechos, y no podrá alegar limitaciones presupuestarias para incumplir las obligaciones establecidas.

Por otro lado el Principio VIII establece que la Familia es responsable, en primer término, de asegurar a los niños, niñas y adolescentes el ejercicio y disfrute pleno y efectivo de sus derechos fundamentales. El padre y la madre tienen responsabilidades y obligaciones comunes e iguales en lo que respecta al cuidado, desarrollo, educación y protección integral de sus hijos e hijas.

De la misma manera también se estable una obligación de la Sociedad en el Principio IX, en cuanto debe y tiene derecho a participar activamente en el logro de la vigencia plena y efectiva de los derechos de todos los niños, niñas y adolescentes.

Los dominicanos y dominicanas tenemos por delante un gran reto. Si bien percibimos nuestra sociedad en estado de decadencia y que la corrupción ha permeado todos los estamentos de nuestras vidas, lo que nos hace a todos más desprotegidos, incrédulos y desesperanzados, tenemos que tener presente que con respecto a la Familia, en cuanto es la institución más importante de la sociedad, no podemos esperar que se arreglen los graves problemas que tenemos a nivel del Estado y de la política. Es precisamente en estos momentos de profunda crisis moral y de principios; de inseguridad y de mensajes confusos, que tenemos que dedicar todas nuestras fuerzas a nuestras familias.

Es necesario que dediquemos mucho tiempo a nuestros hijos, a nuestra pareja y al conjunto familiar.

Es necesario que demos mucho amor, orientación y fe en Dios, a nuestros hijos e hijas.

Es necesario que tengamos una relación plena, sana y armoniosa con nuestra pareja.

Es necesario que seamos ejemplos en nuestros hogares para que nuestros hijos e hijas no sean influenciados por los malos ejemplos de la sociedad.

Es necesario que orientemos nuestra familia, en cada detalle, para que haya siempre un referente.

Es necesario que apliquemos una disciplina sana con nuestros hijos, de manera que se cree un círculo virtuoso de respeto a las normas de convivencia.

Combinemos amor y disciplina sana; dedicación, ejemplo, tiempo, respeto, interacción, permanentes momentos juntos cada día, ayuda, oración, y así disfrutaremos de una familia correcta y con valores, que tendrá las condiciones para no dejarse confundir por las malas influencias que existen por miles, fuera del hogar.

Hago un llamado a la reflexión: 1. A todas las familias dominicanas, para que en este mes hagamos un nuevo compromiso por hacer de nuestra familia, altamente valiosa y noble; con principios cristianos, conciencia ciudadana y compromiso social y humano; 2. A la sociedad en su conjunto, para que propicie el respeto a la familia; 3. Y al Estado Dominicano, para que de una vez y por todas, le de la importancia y la prioridad a la familia en la ejecución de todas y cada una de sus políticas.