Desde hace tres años he tomado la decisión de no pasar el día de navidad en mi país e irme a otra nación sobretodo con la intención de saber cómo se celebra en otras culturas.
Inicié esta travesía en Costa Rica. Allí pude ver que el día de noche buena se reúne la familia para cenar. Acostumbran a que, cada año, alguna persona se disfraza de Santa Claus y reparten regalos a los niños y niñas.
Lo que hacen es bien interesante: cada familiar adulto regala a un niño o niña de manera que pueden recibir más de un regalo cada quien. A diferencia nuestra no realizan los regalos el día de Reyes.
En Costa Rica realizan lo que llaman las cimarronas una especie de aguinaldo pero con un estilo muy particular pues los instrumentos utilizados son percusión y de viento especialmente trompeta. Una costumbre que me pareció extraña es la corrida de toros. La gente se agolpa en estadios donde suelen tener toros embravecidos que al soltarlos persiguen a las personas y quienes se dejen atrapar la pasan muy mal.
El segundo país que visité en navidad fue Estados Unidos, específicamente Nueva York. Aquí la tradición está muy permeada por el consumismo. Siento que en relación con nuestro país Nueva York se convierte en una gran discoteca donde todo el mundo acude a festejar, por lo demás no observé ninguna otra novedad.
Apenas ayer llegué de Puerto Rico. En este país, el día 24, las personas se reúnen para cenar y también hacen regalos a los niños.
Relacionando con mi país quizás lo más parecido es la comida pues se comparte pasteles en hoja, cerdo asado, moro de Guandules y dulces navideños.
Creo que en nuestro país la tradición navideña a cambiado bastante pues desde fuera puedo observar que tradiciones que eran comunes en mi infancia en Puerto Rico se mantienen intactas como los aguinaldos, las misas temprano, las personas se saludan en las calles, después de la misa se quedan a compartir. Un detalle que me ha parecido interesante es que en los restaurantes las personas que llegan o se van saludan o se despiden.
En Costa Rica y Puerto Rico la gente se saluda en las calles aunque no se conozcan, se felicitan y el consumismo no está tan marcado como en nuestro país.
Pienso que la navidad en nuestro país ha perdido color, las tradiciones han mermado mucho, el elemento religioso ha disminuido.
Recuerdo que la cena no sólo se compartía entre la misma familia, sino con el vecino. Pasarse un plato era un ritual y era preferible dejar sin cenar a algún miembro de la familia a olvidar enviar al vecino un poco de la cena.
En mi barrio recorríamos las calles a ritmo de güira y tambora cantando villancicos. Se preseleccionaba una casa donde habrían de brindarnos un jengibre caliente para apaciguar el frio que por cierto ya ni el frio se siente en diciembre.
La navidad ha pasado a ser una chercha, una excusa para el trago y la borrachera, ese sentimiento de amor y amistad ha disminuido bastante y lo que aún se mantiene es la cena familiar, por lo demás ya nada es igual.
Para mí es nostálgico cada episodio que logro recrear pues siento como si quisiera aprisionar el tiempo en una expresión que popularizara una señora en un comercial de televisión “Mi pueblo sigue siendo mi pueblo, no ha perdido su identidad”. Pero desgraciadamente ya no es así.