A quienes los Dioses quieren

Destruir, primero lo

Vuelven loco

Eurípides.-

No hay que ser o vivir en un sentimiento extremista de  pesimismo, pero tampoco, hacerlo en una constante lloradera por las cosas que nos suceden o nos imponen, porque a determinado funcionario, político o autoridad cual que sea, le venga en ganas. Pero, tampoco podemos hacerlo en medio de un optimismo condicionado que nos conduzca a vivir de falsas ilusiones mientras el estómago grita de hambre o la percepción de inseguridad nos acobarda hasta para respirar sin tener que pedir permiso. Más bien, y considero seria lo apropiado, buscar el difícil equilibrio entre las malas y las buenas.

Sin radicalismos y mucho menos dejarnos llevar de pensamientos volitivos, hay que admitir que hemos estado y permanecemos encasillados, narigoneados y girando en la misma noria, cual si fuéramos bestia de carga, por no decir como burro o un buey de tiro cualquiera, adicionando a todo esto, que por igual continuamos presos por las mismas causas, repetitivas desde que somos lo que supuestamente somos y custodiados por los mismos carceleros. Vaya usted a ver la maldición que al parecer pende sobre la cabeza de este pueblo.

Remontarnos en el tiempo hasta donde sea posible, hacia ese tumultuoso pasado, quizás sería la clave para comprender este presente y hasta pronosticar nuestro incierto futuro como Nación. Sí, creo que en ese tiempo encontraremos la respuesta de esos principios y el final que nos espera. Entre señores feudales y plebeyos; esclavos y conquistadores; curas, perversos y criminales; ladrones y putas; traidores y héroes; patricios y vividores; tiranos y abogados, entre ese maremágnum es que hemos sobrevivido hasta ahora.

Y todos, mansos y cimarrones, dictadores y sus albaceas, que hoy son grandes señores, empresarios millonarios dueños del país, todos han estado unidos por un cordón umbilical con un solo propósito, ser el poder demoledor que decide el norte, el sur, el este y el oeste o se inventan los rumbos por donde deben transitar los pendejos, que somos la mayoría. Siempre ha sido lo mismo.

Políticos inescrupulosos e insaciables que se han repartido el país como si fuera una parcela sin dueño y sus riquezas las han dejado a sus familiares que hoy, además de ser “exitosos” empresarios, les ha tocado la desgracia de tener que compartirla con la clase más impúdica, indolente y corrupta que haya producido el poder desde que somos un país.

Me refiero a esa clase plétora, ahítos de promesas engañosas y por lo tanto siempre incumplidas, mercaderes de todo y con todo. Esa clase negociante que lo primero que hizo fue perder la vergüenza y ni hablar de esos  principios que enarbolaban, envueltos en un rico lenguaje barroco con una falsa tendencia marxista-socialista que se perdió con las primeras coimas y que hoy, ni ellos mismos, aunque se pongan frente a un espejo, se lo creen. Sí, usted no está equivocado, son esos mismos, los nuevos empresarios políticos o políticos empresarios, como quiera que los vea o coloque, es lo mismo.

Pata “puel´suelo”, que no hay rincón del país donde no sean “emprendedores”; “desarrolladores” o simplemente, exitosos empresarios pero, no se  vayan a equivocar y piensen en un partido o en un color, no, porque componen todo un arco iris de ofensivos colores. Se encubren unos a otros y por eso la justicia, como somos tan dados a ser los primeros, pues es en éste país, donde gracias a estos señores, la ciega justicia, ahora tiene una vista perfecta, algo así como 20-20.

Pero no todo es malo, porque una de las cosas que tienen de bueno, es su valor, pues lo que no consiguen por las buenas, lo gestionan con artimañas por las malas pero lo obtienen. Ya sea en Samaná; Jamaca de Dios, perdón, quise decir Jarabacoa; Rincón; Las Terrenas pero, ¿otra vez? Sí, otra vez; Rancho Arriba, bueno, para resumir, sería más fácil decir ¿dónde no? ¡Sí señor!