Vivencias

No más remiendos

Por Rafael Alvarez de los Santos

Si una debilidad ha tenido el Estado dominicano ha sido el poco sentido de continuidad con que se ha manejado a lo largo de su historia.

La inestabilidad política de antaño en que nos disputábamos un gobierno cada tres meses o dos años ha sido sustituida por una estabilidad democrática, pero sin Partidos responsables ni dispuestos a continuar la obra de nadie.

Cada partido y cada presidente tiene su librito y las cosas deben hacerse conforme a sus lineamientos y para ello se hace acompañar de las personas que  entienda idóneas para el puesto.

El problema radica en que, para ocupar un puesto de relevancia, el currículum es sustituido por la carta del partido, los méritos para el cargo dependerán de la identidad con la línea del nuevo gobernante y qué tanto se haya involucrado en la campaña y así no se avanza por más que se quiera.

A partir del 1992 se inició en el país una propuesta que se entendía debía revolucionar la educación dominicana que fue el Plan Decenal de Educación. En teoría todo estaba bien, pero la partidocracia ahogó el intento.

En el período gubernamental 2000-2004 se intentó la elaboración de otro plan que diera continuidad al que había culminado en el 2002, pero no pasó del intento pues, otra vez, la partidocracia y su afán desmedido de implantar su sello mancillaron el esfuerzo.

En el segundo período del PLD el presidente de entonces convocó a lo que se llamó el Foro por la Excelencia Educativa. Se hizo una consulta a nivel nacional para definir el futuro de la educación dominicana. Los resultados de ese foro serían utilizados para la elaboración del Plan Decenal 2008-2018.  Se observa que todos han intentado dejar su impronta en cada gobierno.

Con la promesa de crear una revolución en la educación el actual presidente comenzó por aprobar el 4% para la educación como habían demandado a gritos los sectores sociales. Hasta ahí todo iba bien.

Pero nos ha regresado la preocupación ante la última medida asumida por el actual Ministro de Educación de cambiar de manera unilateral a casi todos los directores y directoras regionales y distritales.

Pensaba uno que, con el hecho de que un mismo Partido lleve en el poder tres períodos consecutivos debería por lo menos garantizar dicha continuidad pero la percepción se agrava al observase que ni siquiera ellos mismos son capaces de ponerse de acuerdo debido a las pugnas internas que escenifican aunque quieran enviar un mensaje diferente.

Es contradictorio que en el momento que se debate un pacto por la educación se tomen medida que ponen en riesgo el sentido de continuidad y estabilidad de los procesos.

Si bien es cierto que no se cambia con lo mismo, tampoco podemos seguir haciendo lo mismo procurando un cambio pues en materia educativa los cambios son el resultado de procesos que por lo general son lentos.

Si no se entiende lo delicado de educar no se avanzará, pero es bueno que se entienda que al traje de la educación no le caben más remiendos.

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