Han fracasado todos los gobiernos que a partir del golpe de Estado de 1963 no restablecieron el carácter “científico” con que la Constitución de 1963 describía la educación pública dominicana. Fracasaron los tres partidos políticos que desde entonces se han mantenido en el poder. Fracasaron todas las entonces secretarias de educación y los ministros del presente, que desde el 1966 de manera irresponsable asumieron cargos en función de su posición política sin demandar el aumento del presupuesto y de los sueldos del magisterio para evitar que la carrera docente se convirtiese en la cenicienta de todas las profesiones. Debieron renunciar y explicar las causas de su renuncia.

Fracasaron los medios de comunicación, que no mantuvieron a la población informada de la transformación y el desastre de la educación pública desde 1966. Y fracasaron los y las docentes y sus asociaciones que no conformaron un movimiento para evitar el colapso del sistema.

Un estudio del 2002 del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) sobre el magisterio dominicano, realizado por Andrés Dauhajre, hijo y Jaime Aristy Escuder, ilustra la relación entre el colapso del magisterio con la disminución del presupuesto para educación y el consiguiente colapso de su salario real.

El porcentaje del PIB para educación descendió de 2.8% en 1970 a sólo 0.97% en 1991. Los autores señalan que la contracción del gasto resultó en la reducción del salario real de los maestros.  De 1966 a 1978 el salario promedio nominal del/a docente por tanda se mantuvo fijo en RD$75.00 mensuales, aunque en efecto, el salario real por tanda cayó un 57%, y continuó descendiendo otro 5% en los próximos diez años. De 1988 a 1991 el salario promedio real “aceleró su desplome”; alcanzando el 20% por tanda del salario que recibía en 1966 y que garantizaba el éxodo de docentes que podían encontrar medios alternativos de empleos. En las escuelas públicas, a principios de 1990 un maestro recibía US$50 por tanda, por debajo del salario mínimo de US$63 prevalente. El salario del director o directora de la escuela no era muy diferente, oscilaba entre US$62 y US$77 al mes.

Las políticas de los tres partidos responsables de éste descalabro no tomaron en cuenta el futuro de la población dominicana representada por sus niños y niñas y no la toman en cuenta en el presente por continuar con la injerencia política y religiosa en el aula escolar, aún después de lograrse el 4% para Educación con el primer gobierno de Danilo Medina. Pero no solo estos partidos son responsables, sino las Secretarias de Educación del entonces SEEBAC, recicladas cada vez que había un cambio de partido, sin ningún tipo de rendición de cuentas ni evaluación del desempeño en sus funciones. Su permanencia en la dirección del sistema de educación dependía de su lealtad y apoyo al presidente, desligado totalmente del cumplimiento de sus funciones. Era necesario por lo menos parcialmente evaluar su desempeño por los resultados del estudiantado en pruebas estandarizadas internacionales.

El estudio del BID describe el efecto paralizante de la política presupuestaria debido a la incapacidad del sistema hasta 1993 para reclutar nuevos docentes ante la deserción del magisterio público y el cierre de la carrera de pedagogía en las universidades. Fueron los estudiantes que la cerraron, al elegir carreras alternativas que les permitiera la subsistencia.  La matrícula de los estudiantes de docencia en las escuelas normales se redujo en un 83% entre los años 1983 y 1990. Los programas de formación y actualización de docentes eran prácticamente nulos. En 1990 apenas se asignó el 0.8% del total de gastos de la SEEBAC.

A principios de los años 90 era obvio que el gobierno tenía que intervenir para que el sistema de educación pública no desapareciera.  Esta reforma culminó a finales de 1992 cuando el gobierno puso en vigencia el primer Plan Decenal de Educación (PDE), elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) con la participación de representantes de la Iglesia Católica Romana, el sector privado, el sector público, asociaciones de profesores y de organizaciones no-gubernamentales. La Reforma incluyó mejorar la condición del magisterio. Los autores del estudio del BID señalan que no obstante la mejoría salarial y los incentivos otorgados a un sueldo base, el aumento fue insuficiente. En 1997 el sueldo magisterial alcanzó el nivel más elevado, no obstante, el salario real estuvo por debajo del salario vigente en 1966.[1]

El estudio del BID menciona el obstáculo que representó para la aplicación de las reformas la continuidad de la injerencia de partidos políticos en la selección de docentes; pero no menciona la injerencia de la Iglesia Católica Romana para aplicar los artículos del Concordato Trujillista de 1954 de forma literal; y aún más allá del Concordato, a través de la proclamación de la Ley de Educación 97-66.

Animo a los/as lectoras a que la busquen en el Internet y la lean. Es digna de ser estudiada en la Secundaria como ejemplo de incoherencia y de invalidez interna. Desconozco si docentes o asociaciones profesionales la han criticado. Pero es valiosa como ejemplo de lo absurdo, por intentar conciliar dos paradigmas antagónicos, en sus fines, sus metas, y en la aplicación curricular que de él se deriva.

El capítulo 8 de los Fundamentos de Educación, es otro elemento que requiere una necesaria lectura. En el 2013 se inició su maquillaje con el Pacto Nacional para la Educación, donde se cambian términos, sin tocar el fondo. Solo esconden la claridad del lenguaje religioso que busca tener la última palabra en un supuesto dialogo entre fe y ciencia donde ellos se atribuyen poseer la verdad y definir la moral de la ciudadanía. Es esta moral la que ha impedido la educación sexual en las escuelas públicas y ha convertido a la Republica Dominicana en un país feudal en el siglo XXI.

Es esta moral la que Congresistas que se convierten en multimillonarios en cuestión de días no son sancionados, porque habría que sancionarse el financiamiento estatal de la Iglesia romana y su injerencia en las fuerzas militares, las donaciones del Ministerio de Obras Públicas y su acumulación de bienes raíces; todo sin pago de impuestos ni ningún tipo de rendición de cuentas ni de transparencia. Esta moral en las escuelas afecta el presente y el futuro de la sociedad dominicana. Las iglesias Católica y Evangélica han llevado la misoginia y la homofobia a nuestros infantes y al congreso, imponiéndola en el nuevo Código Penal. No conformes con privar a las nuevas generaciones del conocimiento que puede mejorar la democracia y crear condiciones de igualdad, han decretado en el nuevo código penal una moderna forma de esclavitud exclusiva para la mujer.

Imponer la criminalización del aborto sin excepciones, es igual a imponer la maternidad forzada, aunque la madre muera, o aunque su vida se tronque dos veces, primero por la violación y segundo por forzarla a procrear cuando su cuerpo físico y mental sufrirán las consecuencias.

Quiero terminar esta columna con una reflexión referente a un artículo publicado en este periódico por un joven cubano residente en la Republica. Nos relató su experiencia para convencernos de la hipocresía del sistema cubano por privilegiar a las élites del partido único.  Mientras el sufrió la austeridad del racionamiento impuesto por el gobierno cubano debido a la ausencia de recursos, sus compañeros de clase, hijos de los privilegiados del sistema, compartían con él el jamón de sus meriendas. Aparentemente, el escritor no estuvo consciente del mensaje que transmitió: en vez de convencernos de la gran desigualdad en el sistema, logró lo contrario: Los hijos de la burocracia política en Cuba asisten a las mismas escuelas públicas que los hijos e hijas del pueblo. Ahora comprendo mejor las razones por las cuales los resultados de los estudiantes cubanos en pruebas estandarizadas internacionales son las mejores entre todos los países latinoamericanos.  Me atrevo a afirmar sin tener las estadísticas que ningún hijo o hija de un congresista asiste a una escuela pública.

He escrito anteriormente en varias ocasiones sobre la carga de responsabilidad de la Iglesia Católica Romana en crear colegios privados, financiados por Rafael Trujillo, dejando en la miseria los planteles de las escuelas públicas. De facto crearon un sistema de educación segregado por clases económicas. Lo contrario que hizo Fidel, de acabar con la segregación racista y clasista que existía en el sistema de educación de Cuba.

Pero Trujillo no fue tan lejos como han ido los partidos que tomaron el poder después de 1966. La Ley de Educación de 1951 y la religiosa de 1953, permitían dos tipos de moral, una cívica siguiendo los lineamientos de Eugenio María de Hostos, y otra católica. No fue hasta 1997 que se integraron los dogmas católicos de forma transversal para incidir en todas las materias. ¡No puede tomarnos de sorpresa la confusión que tienen los estudiantes dominicanos para razonar! La teocracia dominicana los ha convertido en los peores o entre los peores del planeta.

Pero el dinero del 4% del PIB asignado a Educación en el 2012 tuvo efectos secundarios inesperados. Con el aumento de salarios, planteles, alimentos y doble tanda en el sector público se inició el éxodo de estudiantes y docentes al sector público.  Este éxodo lo paró el gobierno de Medina para complacer a la Iglesia Católica y así evitar el fin de la desegregación clasista del sistema. El anuncio lo hizo el mismo Cardenal López Rodríguez, dando su último zarpazo al erario público y a los pobres, haciendo que el Estado financie todos los gastos de los colegios católicos y que toda la población se endeude con préstamos para Educación. .

Si los congresistas fuesen tan religiosos como pretenden ser, obedeciendo todas las peticiones de la Iglesia, no estarían aumentándose sueldos y privilegios que ni los congresistas de países ricos y desarrollados disfrutan. No estarían evitando que la clase media fluya a las escuelas públicas, lo que garantizaría el funcionamiento de las asociaciones de padres y docentes para reclamar el cumplimiento de horarios, y el abuso de mantener docentes inefectivos cuando sus hijos no están aprendiendo nada.

 

[1] En 1997 un profesor de nivel básico con dos tandas de trabajo pasó, en promedio, de RD$4,219 a RD$ 7,422 mensuales; el de nivel medio pasó de RD$4,634 a RD$8,205 mensuales. Un director de escuela de nivel básico con dos tandas pasó de RD$6,000 a RD$10,000 mensuales, mientras que el de nivel medio pasó de RD$7,000 a

RD$11,000 mensuales.