Aquí y ahora

Ni el PLD ni Leonel nos han engañado

Por Amanda Castillo

Los años del PLD y el ex presidente Leonel Fernández en el poder vienen siendo analizados desde diversas ópticas - siendo calificados como una de las épocas más complejas que ha vivido la historia política del país en  ejercicio de la democracia.

Para la gran mayoría de estos analistas, el pueblo ha sido engañado, siendo el último acontecimiento para sustentar el engaño, el gran déficit fiscal. No obstante, se habla de que Leonel volverá a la presidencia dominicana en el 2016.

El PLD y Fernández quisieron distinguirse de los demás grupos políticos - en especial, del PRD – con el cual comparten al mismo líder y fundador, Juan Bosch, y una militancia de tránsfugas.

Por un momento se creyó que había cierta diferencia, y que todo estribaba en que decían ser más éticos, mejora preparados profesionalmente que los demás políticos. Pero la gran diferencia era no haber gobernado, y crearse una imagen sobre dimensionada, basada en descalificar a los demás. Algo que se ha usado, y que aun se usa con éxito para desvalorizar al PRD, que responde como el esclavo al esclavista, ante la ideología del sometimiento.

Aquel simbólico acto con Balaguer y Bosch permitió leer las señales de lo oscuro y lo perverso (la gente siempre da señales de lo que trae). Aliarse con Balaguer ha sido uno de los  actos más sinceros del PLD: era gente de la misma calaña. Balaguer podía llevarlo al poder, poco importaba como. Y allí estaban con Bosch, un símbolo, al lado de Balaguer.

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La población debió pensar que aquellos que se asociaban con el post trujillismo y la violencia, de alguna manera eran parecidos, si no iguales

Los primeros días de gobierno trajeron su afán, y referencias del desconocido (bien conocido por algunos) no se hicieron esperar. Pero ya se había creado una aureola: “Leonel, el pupilo de Don Juan”, que ponderaba sus cualidades en las tertulias de Natacha Sánchez.

El primer acontecimiento (el apadrinamiento Balaguerista) venia salpicado de ignominia por las motivaciones de fulminar a José Francisco Peña Gómez. La población debió pensar que aquellos que se asociaban con el post trujillismo y la violencia, de alguna manera eran parecidos, si no iguales.

Pocos se detuvieron a observar, esperanzados como estábamos con el nuevo presidente, los actos rigurosamente planificados –aquí, la improvisación y las guayaberas mangas cortas nunca han tenido cabida. Todos los peledeístas al hablar decían “real y efectivamente” y algunos funcionarios parecían ser hermanos gemelos del Presidente: el mismo fraseo, la misma forma de pronunciar las s, los mismos gustos y casi hasta los mismos gestos…Eran los tiempos del mimetismo presidencial.

El segundo acontecimiento a retener es el primer viaje del electo presidente en época de transición: viaje muy personal a Paris, hospedándose en el Hotel George V (considerado el mejor y más caro hotel del mundo). Lo que marcaría el estilo y desprecio por lo local, en búsqueda del lustre en otras latitudes, algo que ha sido una constante en la conducta de Fernández. Durante y post mandato, 71 viajes, 376 días fuera del país y 50 millones de dólares (equivalentes a RD$198 millones) gastados en desplazamientos. Periplos al oriente, “poniendo en alto el nombre del país en el exterior”. Algo que no ha cesado de hacer para recordarnos que “la verdadera vida está fuera.”

Desde los primeros días de gobierno se dieron todas las variables que en el transcurso de estos años, no han dejado de sacudirnos, mientras el pueblo apenas comienza a ver que todo lo peor no ha pasado. El envilecimiento de la población continúa sin tregua, conduciéndonos a la encrucijada de una democracia anárquica, en una sociedad que creíamos, había empeñado sus capacidades contestatarias - hasta el otro día, que nos sorprendió con un amago de indignación.

Un tercer evento a retener fue el aumento de los salarios, mediante decreto 485-96: un gesto de “transparencia, signo de que nadie quería apropiarse de la cosa pública”. El salario de un secretario de Estado pasó de RD$12,000 a RD$50.000 mensual. Y el del Presidente de la República pasó a RD$ 90 mil; los de los Jueces de la Junta Suprema Electoral a RD$50 mil,  bajo la excusa de “evitar que se cometieran actos de corrupción”. Salarios irrisorios cuando analizamos los de hoy día…

Mientras que al servidor público se le aumentó un 25 a 10 %, manteniendo los niveles de inequidad en la estructura de los sueldos. Quedó demostrado que no había ningún respeto por el pueblo, enviando el mensaje “vinimos a enriquecernos a través de lo público”. Lo que pudo ser el inicio de la corporación PLD, ya que puso en evidencia, la necesidad de acumulación y la falta de compromiso con el pueblo. No se trataba de sacrificar nada en pro del bien común.

El cuarto acontecimiento relevante fue la salida intempestiva de Miguel Solano, sub secretario de la Presidencia, quien fuera cancelado tras haber denunciado un caso temprano de corrupción. Se indicaba, así, que la corrupción como escándalo nace desde el inicio del reinado del leonelismo-peledísmo. Hecho que en la época se manejó con cierta discreción, mientras que Solano caía en desgracia.

El quinto evento es cuando surge el mote de “come solos”, calificativo despectivo que ilustra un cierto egoísmo al ser incapaz de compartir los alimentos - lo que, en el fondo, refleja un estilo personalista de hacer política aprovechándose del Estado, y de vincularse al poder desde el hambre, en una sociedad que se preciaba de compartir los alimentos.

Lo que indicaba que el PRSC no tenía control algunos sobre sus asociados, algo que los acontecimientos demostraron con su desintegración. Dándose inicio a la base de la corporación PLD, concentrando el mayor beneficio en los más ligados al poder. A la vez, se instaura la construcción de liderazgo mediante dádivas clientelares, cumpliéndose lo que dice Castells: “quienes tienen el poder institucionalizan nuestras vidas, en función de sus intereses y valores.”

Estando este primer cuatrienio plagado de escándalos, tráfico de influencia, grado a agrado y el cobro de porcentaje de deudas impagables, fue la primera forma organizada de ejercer la corrupción desde la perspectiva de un discurso “ético”, dentro del cual se enmarcaron todos los vicios de la administración pública - al tiempo que se colocaba como un tema de sociedad la reforma del Estado, puesta en escena que duró unos 13 años, hasta darnos cuenta del secuestro de las instituciones.

El sexto y último acontecimiento a retener fue la renuncia del Dr. Justo Pedro Castellano, quien dirigía la recién creada Oficina para la Corrupción. ¿Por qué renuncio? ¿Estaría convencido que a su partido no le interesaba frenar la corrupción?

Los eventos citados dan cuenta que, desde antes de ocuparla presidencia, Fernández sabía cómo servirse del poder. Traía un estilo de hacer política, enmarcado en un discurso ético que aun hoy se intenta imponer, con cierta desfachatez y profesionalismo, cuidando la imagen del intelectual-presidente, al punto de salir indemne del primer mandato.

Ni el PLD, ni Leonel nos han engañado. Fuimos incapaces de ver y denunciar. La indiferencia se instaló en el sistema social, mientras los PLDistas manifestaron su verdadera esencia, ante la mirada complaciente de gente, que se autocalifica de diferente. Profesionales e intelectuales acomodados en sus pequeñas miserias y beneficios políticos, incurrieron en los mismos errores éticos, que criticaron al PRSC, PRD y demás políticos.

Estos banales acontecimientos explican el trasfondo de hechos de mayor trascendencia. Hemos sido nosotros y no ellos… Reconozcamos que los seres humanos se instalan en las situaciones de maldad, porque hay otros que le permiten hacerlo. Si desde el inicio, hubiésemos visto estas acciones de hoy que nos arropan, no se hubiesen dado con la intensidad con que se están dando. Sin capacidad de indignarnos, en medio de la indignación global.

Nuestra sociedad está en un impase, dada la pérdida de institucionalidad y la manipulación de funcionarios, en un escenario de corrupción, violencia, delincuencia, crisis de autoridad y ausencia de rendimiento de cuentas, que puede llevarnos a una encrucijada de peligrosa trascendencia para la democracia y la gobernabilidad, sin oposición. Las señales están dadas; a nosotros nos corresponde interpretarlas.

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