Sabemos que los humanos somos una especie animal excepcional. Nos guiamos por la razón y no por el instinto. Esa capacidad de razonar nos permite tener “conciencia” y planificar nuestro futuro. La planificación puede lograr, entre actores de un mismo territorio, comunidad o sector, una trayectoria unificada con miras a metas comunes. Tal vez por eso el presidente Abinader prometió en su campaña electoral un “plan integral de desarrollo turístico”. Y ahora que comenzamos a salir de la pandemia nada puede ser más pertinente y oportuno que generar una visión compartida.

Un creciente número de países está optando por el turismo como una alternativa viable de desarrollo económico. A medida que el manejo y operación de los destinos emergentes se tornan más sofisticados, el nivel de competencia entre destinos crecerá inexorablemente. De igual manera, la misma sofisticación de los viajeros potenciales y sus cambiantes preferencias presentan nuevos retos a la industria local. De ahí que, bajo las pronosticables condiciones del mercado turístico internacional de la postpandemia, la ausencia de una planificación formal podría amenazar la competitividad de la industria turística dominicana.

La mayoría de los analistas reconocen que aquí el desarrollo de la industria se ha llevado a cabo con un alto grado de improvisación. Aunque los resultados apuntan al éxito se reconoce que se han cometido errores importantes que han lastrado el desarrollo sectorial. Por eso elaborar un plan nacional de desarrollo turístico ha sido un reclamo persistente del mismo sector privado. Ese reclamo surgió por vez primera en la convención de ASONAHORES de 1996. Desde entonces han sido muchas las ocasiones en que ese y otros gremios sectoriales han insistido en esa necesidad.

Paradójicamente, nuestro desarrollo turístico ha sido acompañado por muchos estudios y planes de variada índole y alcances. El común denominador ha sido su falta de aplicación formal y sistemática. Aunque algunos sirvieron de referencia para las decisiones de desarrollo de la antigua SECTUR –principalmente los planes de ordenamiento territorial–, no ha existido nunca una vinculación directa, explicita y sistemática entre los planes y la formulación de las políticas públicas del sector. Aun en el caso de los dos últimos planes de ordenamiento territorial, nunca fue posible conseguir la aprobación de una ley para consagrarlos como política oficial (a pesar de que se redactaron sendos anteproyectos). Estos planes no han conseguido una formal implementación y, en el mejor de los casos, su contribución ha sido parcial.

El hecho de que la política pública en el sector turístico ha carecido de una guía racional de aplicación sistemática es un reflejo del limitado rol que, al final de cuentas, juega la planificación en el Estado y en la sociedad. Por eso se asume aquí que el mejoramiento del desempeño y desarrollo sectorial que podría resultar de la implementación de un plan nacional tendrá un impacto benéfico sobre la modernización y el desarrollo nacionales. El sector turístico constituye y podrá seguir siendo una opción viable y probada de desarrollo en un país donde las opciones son limitadas.

En vista de que más de 71,000 de las 84,000 habitaciones hoteleras existentes pertenecen a cadenas hoteleras internacionales y/o inversores extranjeros, se asume que los retos de innovación empresarial de estos actores estarán a cargo de ellos mismos. Esto así porque el turístico es un sector globalizado y sus modelos de negocios y estándares operativos deben ser competitivos para asegurar la supervivencia. De ahí que a la política pública para el sector le toque mayormente enfocarse en los retos de desarrollo del producto turístico. Mas particularmente, existe consenso de que estos retos deben centrarse en los temas de calidad, diversificación y sostenibilidad. La atención a estos retos promoverá una mayor derrama económica de la actividad turística, respondiendo mejor a los intereses colectivos sin dejar de proteger los intereses individuales.

La coyuntura es especialmente propicia para que las autoridades se aboquen a elaborar el plan prometido (PLANTUR). Nuestros dos mayores competidores regionales, Cancún y Cuba, cuentan ya con ejercicios de planificación turística que marcaran el camino hacia su futuro. Cancún cuenta con su Plan Maestro de Turismo Sustentable de Quintana Roo 2030 y Cuba no tiene un plan específicamente para el sector turístico, pero tiene al sector como el más prioritario en su Plan Nacional de Desarrollo Económico hasta el 2030. En adición, también existe una expectativa generalizada de que, como consecuencia de la actual pandemia, el turismo deberá evolucionar y transformarse. PLANTUR respondería a los retos y oportunidades que presentaría la nueva situación postpandemia.

España, el destino turístico más competitivo del mundo que recibió 85 millones de turistas en 2019, ya comenzó una iniciativa de planificación para responder a los retos pospandemicos. “Turismo del futuro” es un proyecto en el que participan 70 de las grandes compañías de la industria. “Este plan conjunto tiene como pilares fundamentales “la sostenibilidad, diversificación del producto turístico y la digitalización, a través del impulso al turismo inteligente, economía circular, eficiencia energética y disminución de la huella de carbono, así como la construcción sostenible y transformación de destinos, tal y como han apuntado las empresas participantes.” “En la lista de quienes lanzan esta iniciativa aparecen las principales empresas turísticas españolas establecidas en el República Dominicana.” De manera que es dable pensar que las empresas españolas establecidas aquí estimarían conveniente un PLANTUR.

Varias organizaciones internacionales de relevancia para el turismo también han señalado la necesidad de reconfigurar la oferta turística como consecuencia de la pandemia.  El Consejo Mundial de Viajes y Turismo (CMVT), la organización que representa al sector privado turístico a nivel mundial, ya ha alertado que las preferencias de los turistas evolucionaran, que la salud, la seguridad y la confianza son primordiales en esta nueva era, que el virus catalizará la innovación y la digitalización en el sector y que habrá que abordar la sostenibilidad social, ambiental e institucional en la nueva etapa.  Por su lado, el Foro Económico Mundial (FEM) ha identificado seis estrategias que deberán adoptarse para lograr plenamente la recuperación turística. Y en tal sentido, la Organización Mundial de Turismo (OMT) ha identificado las “buenas prácticas” necesarias.

Las iniciativas mencionadas demuestran claramente la necesidad de orquestar una acción planificada para hacer frente a la competencia en el nuevo escenario que nos presenta la incipiente era postpandemia. En consonancia con los rápidos cambios que se escenifican en el mercado turístico internacional, PLANTUR deberá tener un carácter estratégico. Debe identificar orientaciones que sean suficientemente flexibles como para permitir adecuaciones que requieran las cambiantes circunstancias. En consecuencia, no debe pretenderse elaborar los programas y proyectos específicos que darían concreción a sus directrices. Pero se deberán incluir propuestas de acción específicas para las regiones turísticas más importantes del país.

 Los políticos que han estado al frente de nuestro Ministerio de Turismo no han mostrado inclinación hacia la planificación sectorial. Para sus propósitos políticos la improvisación ha sido más funcional. Ojalá y el presente incumbente, quien dio muestras de respetar la profesionalidad en su anterior cargo, se percate de que la coyuntura exige un serio ejercicio de planificación sectorial. Sin eso la competitividad del sector estará seriamente amenazada.