Opinión

Necesitamos instituciones buenas

Por José Antonio Vanderhorst-Silverio

En off the grid! off the grid! (¡fuera de la red!¡fuera de la red!), de la columna “in my view,” de la prestigiosa revista IEEE power&energy, de enero/febrero de 2013, aparece un escenario emergente que obliga a descartar la idea del gobierno dominicano de invertir en las excesivamente riesgosas centrales eléctricas de 600 megavatios. Como se adelantó en la nota de prensa de la Conferencia Magistral Dr. Vanderhorst Silverio en Academia de Ciencias RD, puede decirse que el mundo ya cambió.

Ahora esa columna por si sola demuestra fehacientemente los excesivos riesgos de dicha mala institucionalidad de la electricidad orientada al regulador. Necesitamos acordar en el pacto eléctrico una institucionalidad buena, como la que sugiere, por ejemplo, el artículo Electricidad orientada al cliente.

Uno de los argumentos más empleados en dominicana por algunos sectores para exigir la aplicación de las leyes vigentes ha sido la falta de institucionalidad. Ese argumento depende ciertamente de que si la institucionalidad es buena para la gran mayoría y no solo buena para una élite. La tesis del libro Porqué fracasan los países de Daron Acemoglu y James Robinson creo que apoya grandemente lo que aparece en esta Columna Semanal “Liderazgo Sistémico” a favor de la implantación de instituciones buenas.

De acuerdo a una entrevista realizada por Ariel Fernández para sintetia.com, Acemoglu “defiende que las causas definitivas del éxito o fracaso económicos se encuentran enraizadas dentro de las instituciones de cada país. A partir de la distinción entre instituciones políticas y económicas, argumentan que estas pueden tener un carácter inclusivo – es decir, estar diseñadas para el beneficio de la ciudadanía- o extractivo -diseñadas para extraer rentas y perpetuar el poder de las élites- y que entender cómo evolucionan dichas instituciones el conflicto entre ambos tipos de poder es crucial para alcanzar el desarrollo.”

El tema encaja bien, por ejemplo, con el artículo 03-13 Estado exitoso – inversiones sostenibles. Dicho artículo dice que “es así como una forma muy eficaz de hacer el Estado exitoso es recordarle cada día que pasa a los ciudadanos que no hay instituciones A, B o C, sino un solo Estado… cada institución fallará en sus metas si pierde de vista la meta global del Estado. Esto es lo mismo que evitar un Estado fallido con notables contribuciones de inversiones insostenibles.”

Asimismo, encaja también con el artículo 04-13 Mercado espontáneamente organizado. La institucionalidad buena impulsaría reglas de juego de carácter inclusivo para promover el desarrollo.

El libro fue muy discutido el año pasado. Supongo que dos de los críticos más importantes fueron los altamente reconocidos intelectuales Francis Fukuyama y Jared Diamond. Puede decirse que Fukuyama y Diamond criticaron del libro suponiendo la concentración monotemática de que las instituciones políticas y económicas son las que hacen la diferencia.

Fukuyama interpretó que Acemoglu y Robinson no dejaban espacio a otras causas. Sin embargo, ellos responden admitiendo que su teoría no explica todas las fuentes de éxito y falla de los países.  Diamond, por su parte, acepta que se puede dar una importancia del 50 por ciento a dicho tema.

El mundo ha pasado por dos grandes olas en muchos países y en otros ha entrando a la tercera. En la primera de corte agrícola, según Diamond los países en climas templados nos aventajan. Si los riesgos agrícolas son mayores en el trópico, porqué no concentramos nuestra atención en la tercera ola, ya que la segunda ola industrial es muy intensiva en energía.

Existe un gran acuerdo de impulsar la educación en dominicana. Pero sucede que se ha concentrado en apoyar la ola industrial con las escuelas fábrica. Debemos decidir si es mejor educar para la tercera ola.

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