02, los árboles son una de mis preferidas por las múltiples cualidades que poseen y benefician al hombre. Los árboles, y en especial cuando forman grandes bosques, embellecen el paisaje, recrean el espíritu, y además aportan beneficios inestimables.
Ofrecen frescas sombras frente a los soles inclementes, purifican el aire, defienden la tierra con sus poderosas raíces, nos brindan su cálida y sensual madera, sus sabrosos frutos y perfumadas flores, propician la necesaria lluvia…y un montón de cosas más, suficientes para llenar un sesudo y amplio tratado al respecto.
Pero con todo esto, a mí, que soy de los que los chilenos apodan un ¨pata de perro¨ pues me encanta andar de aquí para allá y de allá para otro lado, no me hubiera gustado ni un chin, ni tan solo un chin-chin, haber nacido árbol.
¿Se imaginan lo aburrido que debe ser estar toda una larga vida, ochenta, cien, doscientos, o mil o más años como los dragos canarios o los sequoias americanos plantados en el mismo sitio, sin poder moverse, sin poder ir al colmado a tomarse unas frías en un día de mucho calor, sin saber lo que es un baño en una deliciosa playa tropical, sin pasar por casa a la novia a darle su repaso vespertino? Ni siquiera salir a felicitar a un primo que está a solo cien metros de distancia y acaba de cumplir sesenta años en la flor de su adolescencia. Eso no va conmigo.
Además, para ser árbol hay que tener mucha, mucha, mucha paciencia. El árbol está tan tranquilo cantando, porque eso sí, a los árboles les gusta cantar para sus adentros por eso no se les oye, y ahí van a morar toda clase de molestosos pájaros, chiquitos, medianos, grandes, o grandísimos como las cigüeñas cuyos nidos llegan a pesar hasta doscientos kilos, y sin pedir el más mínimo permiso se quedan por generaciones como si fuera de su exclusiva propiedad. Todo el santo día piando, aleteando, yendo, viniendo, metiendo bulla, haciéndose caca y el bendito sin poder asearse hasta que alguna lluvia oportuna se apiade del árbol.
Y si por desgracia le visita uno de los llamados pájaros carpinteros ahí es la de sufrir, haciéndole huecos en los troncos con el pico tan duro que tienen para mudarse con toda la familia de gratis, sin pagar alquiler ¡Y lo que duelen esos golpes y no puede quejarse al Ayuntamiento o al Ministerio de Medio Ambiente que siempre están en otras cosas con más réditos electorales.
Además, están los innumerables y molestísimos insectos, la mariposas, las polillas, las orugas, los gusanos, los saltamontes, las mantis, los escarabajos, las hormigas, las maría palito… todos devorando las hojas y cortezas sin permiso alguno, y hasta culebras deslizándose por las ramas buscando Evas y Adanes a quien poder tentar… cada uno alimentándose, protegiéndose o viviendo a su costa.
Y cuidado que no les caiga la plaga del comején, pajarito más minador e insistente que doce docenas de cobradores juntos, devorándolo en carne -madera- viva poco a poco las ramas o el tronco hasta asesinarlo.
También están los peligros de la propia naturaleza, que no son pequeños ni pocos. Está el árbol tan emocionado oyendo la novela radial de un apartamento cercano, cuando de repente viene una tormenta y le envía un rayo que lo achicharra o lo parte por la mitad ¿Y el terror a los pavorosos incendios como los de California que duran días y hasta semanas? O llega, sin más ni más, un ciclón batatero que le arranca las ramas hasta dejarlo más calvo que una cotorra vieja, o se lleva el tronco y la vida de cuajo y todo sin poder hacer lo más mínimo por evitarlo.
Y qué decir cuando pasa un perro, ya sea viralatas o de pura raza que para esos menesteres todos son iguales de desvergonzados, lo huele, levanta la pata para protegerse por si le cae encima, y se le orina o defeca sin el menor y debido respeto.
O cuando pasa una pareja de enamorados y el novio idiotizado le da por escribir con una navaja bien cortante eso tan manido de ¨Pepe ama a María¨ ¿Creen ustedes que no duele? pues pregúntenle a los que se hacen tatuajes o piercings en las partes más delicadas del cuerpo. Y un par de años después, viene el mismo Pepe, de nuevo idiotizado, tacha lo de María¨, y pone en su lugar ¨Juanita¨.
Además, los árboles tienen que aguantar muchas otras cosas, que les cuelguen columpios, sogas y cables para tender la ropa, penetrarles clavos de todas clases y tamaños, pegarles afiches con chichetas diciendo que la perrita Fifi se ha extraviado en el parque, cuando en realidad se ha largado de casa harta de tanto manoseo y obedecer disparates. Los árboles están para funciones naturales superiores y no para relajos.
¿Y qué decir cuando aparecen unos señores con ¨overlol¨, gorro, camisa a cuadros, barba descuidada, cara de duros de película, portando hachas o sierras sobre los hombros? Ahí es la de sufrir lo máximo porque en un santiamén lo pueden cortar sin piedad alguna y acaban con su existencia centenaria para convertirlo en leña, en viruta, en tablones, en barcos, en puertas, en muebles, e inclusive en funerarios ataúdes donde le meten dentro un tipo que ya ha guindado los tenis, y tiene que soportarlo descomponiéndose durante años o siglos hasta que ambos se convierten en el polvo bíblico ese que todos hemos de acabar. ¡Huggg, que asco!
Ya ven ¿yo, nacer árbol? Ni por todo el dinero del mundo. Ni de casualidad o chepa¡ Ni por orden de toque de queda!