En vísperas de la celebración del día internacional de la mujer y el llamado al paro mundial de mujeres, es importante relevar el problema de la lucha contra la precariedad maximizada de las vidas de las mujeres Trans Dominicanas.

Según la filósofa Judith Butler (2006) la precariedad es una condición humana compartida por todos, sin embargo hay vidas con mayor precariedad que otras, y esto se debe a un problema de distribución de la misma precariedad en la sociedad. Un ejemplo de vidas con precariedad maximizada inducida social y políticamente, son las vidas de las personas LGBTI. Ya que mientras más se aleja un individuo del modelo hetereonormativo, más precaria es su vida. Cuando Butler (2015) habla de precariedad se refiere a que las vidas humanas son vulnerables a la destrucción y a padecer de situaciones que atentan contra su existencia constantemente, por lo que para mantener una vida es necesario que existan condiciones sociales y económicas, y una red de apoyo que las provea, por lo que hace de la condición humana una relación de interdependencia.

Judith Butler argumenta también que ‘’si el fin de una vida no produce dolor no se trata de una vida, no califica como vida y no tiene ningún valor. Constituye ya lo que no merece sepultura, si no lo insepultable mismo’’ (2006, p. 61) y prosigue diciendo que ‘’ quienes no tienen la oportunidad de representarse corren mayores riesgos de ser tratados como menos que humanos, considerados menos que humanos, o directamente no tomados en cuenta’’ (2006, p. 176). Este problema de la percepción es grave para las Mujeres Trans.

Las Vidas de las mujeres Trans son vidas no lloradas. Según Butler:

Las mujeres, las personas de género no confortantes o minorías sexuales, generalmente están mal reconocidos o no reconocidos, cuando alguien vive en un cuerpo que está mal reconocido, sufre insulto, acoso, prejuicio cultural, discriminación económica, violencia policial o patologización psiquiátrica, esto conduce a maneras desrealizadas de vivir en el mundo, una manera de vivir bajo la sombra o como sombra, no como un sujeto humano, si no como un fantasma, generalmente termina siendo el fantasma de alguien más. (BUTLER, 2015)

Dentro del orden del discurso heterosexista y hetereonormativo, las personas con diversas orientaciones sexuales e identidades de género son percibidas como vidas poco o nada valoradas por la sociedad, al ser deshumanizadas, legitimarse el odio hacia ellas y omitir su existencia como sujetos. Cuando las Mujeres Trans intentan tomar la palabra y ser percibidas dentro del marco de derechos humanos es una declaración de que no son invisibles, que existen, que viven vidas precarizadas al máximo, pero que se movilizan para su reconocimiento y para resistir aquellos que les oprimen.

En varias ocasiones movimientos religiosos han podido movilizar a miles de Dominicanos a manifestarse por el derecho a la vida, sin embargo como las vidas apagadas de las mujeres Trans no son merecedoras de duelo por la sociedad no son vistas como importantes a proteger, ese discurso de defensa de la vida es selectivo a ciertos sujetos, ya que nunca hemos visto el apoyo de esos miles de dominicanos cuando las mujeres Trans salen a reclamar justicia y duelo por el asesinato de sus compañeras, por su derecho a existir y desarrollarse.

En República Dominicana existe una mayor visibilidad, rechazo y movilización cuando ciertas vidas son pérdidas en especial si son de una clase económica con poder y blanca, por otro lado existe el total desinterés cuando otras vidas son apagadas como es el caso de las vidas de las mujeres Trans, por lo que también es un problema interseccional de raza, clase e identidad de género. Esta percepción inferiorizada socialmente de las vidas de las mujeres Trans también es del orden biopolitico (hacer vivir y dejar morir), el Estado dentro de su poder de administrar la vida decide cuales vidas merecen ser protegidas y potencializadas y cuáles no. Por lo que siguiendo el argumento de Butler (2006) las mujeres Trans no son percibidas como humanas, si su pérdida no es valorada por la sociedad y el Estado como una que sea capaz de causar duelo y que ese duelo sirva para movilizar la colectividad y las instituciones del Estado.

Según la organización TRANSSA entre 2006 y 2017 han sido asesinadas 36 mujeres trans, de las cuales solo 3 casos han alcanzado sentencias en la justicia Dominicana, en el resto de los casos impera la impunidad y un total desinterés del Estado, los movimientos sociales y los medios de comunicación. Como si dichos asesinatos no generaran ninguna empatía por nadie en la sociedad Dominicana en su conjunto y los asesinos y potenciales agresores se sintieran legitimados para matar, promoviéndose así un régimen de terror cotidiano a las mujeres Trans.

Para iniciar un proceso de transformación social que comience a dar valor y reconocer como sujetos pasibles de duelo a las mujeres Trans y así exija del Estado el reconocimiento de la vulnerabilidad y precariedad de sus vidas como dignas de protección se precisa que los movimientos sociales contra hegemónicos (concepto de Boaventura de Sousa Santos) como el de mujeres incluyan al activismo Trans. Y no como un tema secundario o marginal, sino como un problema inaplazable cuando se hable de violencia contra la mujer, cuando se piense en acceso a salud y educación. Incluso cuando las mujeres toman la palabra en la academia y en los medios de opinión pública. A la vez en los espacios de acción feminista deben las mujeres Trans estar ahí, porque cuando se logre vencer una batalla al heteropatriarcado no solo un tipo de mujer debe ser beneficiaria, sino todas las mujeres que se oponen a dicho sistema de dominación que hace de sus vidas, unas más difíciles de vivir con alegría y esperanza.

Referencias

BUTLER, J. Vida precaria; El poder del duelo y la violencia. Buenos Aires: Paidos, 2006.

BUTLER, J. Conferencia de Judith Butler en la UNTREF, 2015. Disponible en: <http://www.ramona.org.ar/node/57395>. Acceso: 7 Marzo 2017.