Las redes sociales son muy útiles, nos permiten conectarnos, intercambiar información, conocer lugares y personas, simplificar procesos, ahorrar tiempo y hasta dinero. Dándole un uso adecuado se convierten en una excelente herramienta de comunicación y transmisión de información.

Pero como todo en la vida, tienen también un reverso que puede provocar daño, no sólo personal sino colectivo, cuando se usan sin la debida conciencia acerca del alcance que pudiera tener la multiplicación, por ejemplo de un video, un audio, fotografía o imagen.

Con más frecuencia de la que quisiera recibo contenidos, en cualquiera de las formas,  cuya protagonista es una mujer. Mujeres expuestas en conversaciones, actividades y circunstancias denigrantes regularmente referidas a la sexualidad, expresándose de manera grosera o haciendo una negociación de su cuerpo a cambio de dinero.

Me atrevo a hacer la propuesta de NO multiplicar ningún material que dañe a ninguna mujer;  NO enviarlo a nuestros contactos. Pero además, que comencemos a atrevernos a decirles a otras mujeres que NO lo hagan

Se escuchan hasta en alta voz delante de un público que hace comentarios morbosos y más denigrantes aún acerca del contenido que se está escuchando. Esto da pie a que se señale a las mujeres, se les juzgue, se digan palabras groseras y salimos todas dañadas.

La vez más reciente que recibí un contenido como este le escribí a la mujer que me lo había enviado y la alerté acerca del daño que nos hace a todas. Su respuesta fue positiva, pero no estoy segura de que la próxima vez no lo multiplicará a todos sus contactos.

Penosamente la mayoría de este material que corre por las redes, no sólo  se refiere a mujeres sino que nosotras las mujeres nos encargamos de multiplicarlo. Sin darnos cuentas nos convertimos en perpetuadoras de la imagen, como objeto sexual o mala mujer, promiscua o devoradora, que esta cultura machista nos quiere hacer creer que somos la mayoría de las mujeres.

Le servimos muy bien al sistema y muy mal a nosotras mismas.  Cuesta mucho trabajo crear una imagen positiva de las mujeres, basada en sus capacidades, talentos y logros y cuando multiplicamos este tipo de materiales retrasamos aún más, el proceso para nuestras hijas y nietas.

Sé que muchas y muchos dirán que no se inventan las historias y que es parte de la realidad. Sí, y lo sabemos, pero ¿por qué multiplicar esta realidad y no otras realidades? ¿Por qué deleitarnos con lo negativo y lo que no es la práctica de la mayoría de las mujeres?

Siempre que pasan estas cosas sugiero mirar alrededor las mujeres  conocidas y ver lo que encontramos. La mayoría de las mujeres dominicanas trabajamos, estudiamos, nos esforzamos, somos dignas de respeto y admiración. ¿Por qué entonces multiplicar lo menos frecuente y  más negativo?

Este sistema sostenido en los valores del patriarcado nos pone a competir y a rivalizar mujeres contra mujeres. Nos difamamos unas a otras, desarrollamos celos y envidias, sin darnos cuenta cómo esto retrasa el proceso individual y colectivo de desarrollo de las mujeres.

Me atrevo a hacer la propuesta de NO multiplicar ningún material que dañe a ninguna mujer;  NO enviarlo a nuestros contactos. Pero además, que comencemos a atrevernos a decirles a otras mujeres que NO lo hagan; a interrumpirlo cuando se esté escuchando en un grupo o a retiramos en señal de desacuerdo.

La opción para reflejar de manera más coherente la vida real de la mayoría de  las mujeres en esta cultura es la sororidad, el respeto mutuo, el tener una mirada más compasiva, de menos juicios, culpas y látigos para nosotras mismas y las demás.

solangealvarado@yahoo.com

@solangealvarad2