La libertad es uno de los principios fundamentales de la democracia. Nuestra constitución en su artículo 40 establece la libertad como un derecho de todas las personas “sin ninguna discriminación por razones de género, color, edad. discapacidad, nacionalidad, vínculos familiares, lengua, religión, opinión política o filosófica, condición social o personal” ( Asamblea Nacional 2010).

¿Goza la mujer dominicana de las mismas libertades que los hombres como establece nuestra constitución?

Muchas son las barreras sociales y culturales que impone nuestra sociedad a la mujer en su acceso pleno a libertades desde distintos ámbitos. Algunos de los patrones de privación de libertades a las mujeres y jóvenes se expresan en elementos como los siguientes:

  • Libertad de recreación y ocio. Las mujeres desde su niñez reciben la coerción al ejercicio pleno de su libertad de acceso al juego. Las niñas en las distintas comunidades rurales y urbanas no pueden jugar libremente con sus amiguitas y en la calle porque deben “pedir permiso” para ello.. Se le limita sus horas de juego, estableciéndose los oficios domésticos como las tareas prioritarias para ellas, lo que no ocurre con los niños.

Las niñas aprenden a que la recreación no es importante y debe estar supeditada a las labores domésticas y reproductivas que representan el rol impuesto socialmente a la mujer.  Mujeres en barrios y campos dedican los sábados y domingos a labores domésticas y tienen escasos lapsus de tiempo para divertirse. Esta diversión tiende a reducirse a la visita a vecinas, familiares y/o las celebraciones religiosas.

  • Sin derechos sobre su propio cuerpo. La cultura patriarcal presente en nuestra sociedad limita y restringe a la mujer en sus expresiones corporales. Existen parámetros definidos sobre como debe la mujer sentarse, caminar, bailar y reír lo que no ocurre con el hombre.

Expresarse con libertad desde su cuerpo, en su vestimenta y en sus movimientos le cuesta a la mujer sanciones sociales y estigmas que limitan su accionar. Así puede ser catalogada como “puta” o “cuero”.

En los centros educativos y en el ámbito laboral la adolescente, joven y mujer tiene que esconder su cuerpo, desde sus hombros hasta sus piernas. Debe evitar “provocar” pues detrás de estas restricciones hay una lógica cultural machista que culpabiliza a la mujer por el acoso y el abuso sexual por estar “provocando”.

El derecho a decidir sobre su cuerpo, está limitado socialmente. Si sufre una violación, incesto  se le prohíbe la interrupción del embarazo aún cuando esté en peligro su propia vida. 

  • Sin libertad de acceso al placer y al sexo. Nuestra sociedad establece claras restricciones al sexo femenino para sentir placer. La población masculina tiene derecho al placer en forma libre y espontánea sin control ni regulaciones, esto no ocurre con la femenina. Se le reprime su acceso al placer y al sexo, así como sus derechos sexuales y reproductivos.

La celebración del 8 de marzo encuentra a la mujer en nuestra sociedad siendo víctima de distintos tipos de violencia de género, las cuales muchas veces son invisibles. El sistema de control patriarcal sustentado en el tejido social subsume a la mujer desde una lógica cultural que normaliza la desigualdad sin conciencia de sus derechos y libertades. Nuevas generaciones de adolescentes y jóvenes de sexo femenino están quebrando estas barreras, a pesar de discriminaciones y exclusiones provenientes de una población adulta que se resiste a la equidad de género.

Este artículo fue publicado originalmente en el periódico HOY