Esto creo, esto pienso

Momentos que nos invitan a vivir de nuevo

Por Rafael R. Ramírez Ferreira

Porque… “Todos buscamos a alguien cuyos demonios se entiendan con los nuestros”.

“Algunos finales son felices,

otros tristes. Pero,

algunos son necesarios”.

Quizás lo más interesante de la existencia humana, sea buscarle el sentido al sin sentido de la vida. Porque es posible que ese sentido sea algo tan simple y corriente, que conviva con nosotros sin apenas darle importancia o tan poco valor que lo veamos y sin embargo, ni nos percatemos de su existencia o presencia.

Ahora, desde mi ventana, contemplando un cielo que más bien parece un lago azul, con ligeros tintes blancos como producidos por leves olas que le proporcionan vida propia y, como contraste, mis ojos a la vez se dirigen a la tierra, para congraciarse con la figura sublime y casi irreal de  una mujer, que en su andar se contonea cual si fuese una sirena en el mar, sin fijarme en verdad si es morena, rubia o trigueña o, una maravillosa combinación de las tres.

Es posible que por ese rumbo se encuentre la esencia del referido “sentido sin sentido de la vida”, el cual al parecer, se ha diluido entre circunstancias adversas, perversas e indelicadas, hostigadoras y denigrantes, en una combinación grotesca con el paso del tiempo. Y, es posible, que por estas situaciones tendríamos que validar aquello de que “se necesita tristeza para conocer la felicidad, ruido para apreciar el silencio y la ausencia para valorar la presencia”.

Por eso, parodiando viejas canciones y luego de muchos latigazos inmerecidos, me atrevo a decir que “después de estar rodando entre tantas ingratitudes y maldades, estas me enseñaron que es imposible amar sin el olvido pero, antes que lo hubiera yo aprendido, mis ojos se nublaron de llorar y aunque las lágrimas no se notan debajo de la lluvia, indiscutiblemente que mi corazón se moría lentamente gota a gota. Constituyendo esto, que ya en mi cansado modo de vivir, hoy pueda en el amor aconsejar”.

Si, seguir siendo como hemos sido, sin dejarnos despedazar de los tigres o tigresas sedientos de maldad o de codicia. Pensar con prudencia como aconsejaban los grandes pensadores. Prudentes para detenernos a pensar con discernimiento en cada detalle o cosa y por encima de todo, manteniendo nuestra parte pensante por encima del movimiento suave o brusco de la carne o de aquellas tentaciones que puedan tratar de envilecer nuestra manera clara y sincera de pensar o accionar.

Sí señor, aunque hayamos “malgastado, pasión, tiempo y ternura y que hubo momentos en que vivimos rozando la locura”, hoy podemos claramente establecer la diferencia, entre lo que fue sueño y realidad, y que es una verdad de acuño, aquello de que “el amor desaparece si siempre el mismo es quien lo ofrece”.

Por todo esto podemos decir a todo pulmón, aleluya, aleluya, gloria a quien pudo crear el bello cielo y más, a quien tuvo la inspiración para crear este bello ser que veo pasar y solo atino a pensar “tú eres la mano que mece la cuna, y yo soy el pie que la pata metió”…y mientras el hacha va y viene, le suelto la rienda a la locura y corro tras de ti, para disfrutar un poco más contemplando tu hermosura.

Porque de alguna manera debemos cesar y hablar solo de los perversos, corruptos e indelicados políticos y, mucho menos del atraco y abuso que implica la nueva ley de placas y de los fieles seguidores de Maquiavelo, el cual  aconsejaba al príncipe fingir a su tiempo virtudes, diciendo que se perdían los hombres porque no sabían ser malos. Obviemos este pensar malévolo y pensemos en lo bueno, porque dentro de poco no seremos nadie en  ningún sitio, quizás, solo recuerdos.

Y, ahora que estoy como medio cursi, le puedo aconsejar que en cualquier encuentro fortuito con ella, con mucha cortesía solo decir, “usted me dice que fuimos amantes y que llegamos a tener, algo importante… ¡Perdón!, no la quisiera lastimar, tal vez lo que me cuenta sea verdad, lamento contrariarla, pero yo… ¡No la recuerdo!” Eso sí, si aparece la trigueña, la rubia o la morena, muy quedo, casi como un susurro, dígale…”Solo vine al mundo, porque me dijeron que tú estabas aquí”. ¡Sí, señor!

E-mail:rafaelpiloto1@hotmail.com

Twitter:@rafaelpiloto01

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