La miopía es una enfermedad común. Consiste en la dificultad de ver con claridad objetos distantes; es como una cortina de humo en frente de tus ojos. Una pantalla que no te deja ver la realidad. Recientemente, a propósito de las inminentes elecciones, ha quedado en evidencia el padecimiento de dicha enfermedad por parte de un gran número de dominicanos.
Hablando claro, ninguno de los partidos tradicionales representan un cambio real. Cualquier persona con un ápice de lógica puede deducir dicha conclusión simplemente viendo el grosero despilfarro de ambos partidos en la campaña política. No existe justificación sensata de dicho gasto. Obsceno; la única fábula que racionalmente lo soportaría, sería suponer que el cuerpo político de ambos partidos sea realmente un grupo altruista y magnánimo, que pretende despojarse de toda su riqueza y vivir en la modestia a los fines de dirigir con esmero y honor su país. (Pssa!).
Es un secreto a voces. Todo el mundo está consciente de que ambos partidos representan lo mismo. Los propios políticos están conscientes de ello, y por esa razón por cualquier diferencia simplemente cambian de bando. Un año con uno, otro año con otro. Dos bandas repartiéndose la cosa pública y las elecciones no son más que una apuesta. Tirar una moneda al aire, auxiliándola con una inyección de publicidad, otra de encuestas, y discursos basura y fantasía y mentiras. Todo para intentar que caiga cara en vez de cruz. La misma moneda.
La polaridad es tal que la mayoría de personas no tiene la intención de votar a favor de un candidato por sus propuestas políticas, sino que tiene la intención de votar en contra del otro candidato. ¡Excelente estrategia para ejercer el derecho al voto! Cada cuatro años; cada 48 meses; cada 1461 días, se nos presenta la única oportunidad real para participar en el desarrollo del país y en la toma de decisiones, y nos conformamos con el pletórico catálogo de 2 opciones que representan más de lo mismo. La democracia no funciona así. La democracia necesita opciones. Necesita oposición real. Y para que la democracia beneficie al pueblo tiene que haber diferentes opciones; debe haber competencia ideológica. Admitir la polaridad de partidos que representan la misma ideología es una actitud conformista. No representa un cambio de modelo a largo plazo. Primer velo que nos ofusca la vista.
Volviendo al diagnóstico miope, muchas personas, conscientes de lo anterior, entienden que lo mejor para el país es votar por un partido alternativo, pero no quieren perder su voto. Con el debido respeto a las personas que tienen dicho criterio, esa es una actitud cobarde, irracional, ilógica e incoherente. En primer lugar y hablando estadísticamente, el voto sólo se pierde si no se vota. Si determinado candidato tiene el 50% más uno de los votos, sea cual sea tu elección, ganará. Si no tiene dicha mayoría, no ganará. Se puede votar por un partido alternativo pues, inevitablemente, se conocerá una segunda vuelta electoral.
Lo interesante viene ahora. La supuesta bestia negra de la política dominicana: la segunda vuelta. Por lo dicho anteriormente, surge el siguiente argumento: votar por determinado candidato, que supuestamente ganará, según la publicidad pagada por el partido que lo apoya, a los fines de evitar una segunda vuelta. Cobarde, irracional, ilógico e incoherente. Segundo velo auto impuesto que no nos deja ver más allá de un mes.
Aparentemente, 4 años del mismo modelo político que fomenta la corrupción y la impunidad; que fomenta el clientelismo y la demagogia; resulta mejor que un mes más de campaña. Aparentemente, 4 años más para prorrogar el cambio de modelo que todo el mundo sabe que el país necesita, y que representa votar por un partido alternativo, resulta mejor que un mes más de campaña. Pongamos en la balanza un mes frente a 48 meses más de lo mismo. 48 meses en pausa. 1461 días con el cambio real suspendido. ¿Resulta racional esperar? ¿Resulta racional soportar el despilfarro y la corrupción por 4 u 8 años más por no atreverse a dar el primer paso y soportar un mes más?
En la primera vuelta de este 20 de mayo, votar por un partido alternativo significa apostar por un cambio y por la democracia. Significa fortalecer a un partido para que en las próximas elecciones tenga una mayor cuota de poder. Significa cambiar el panorama político.
Por favor. Podemos ser miopes, pero no resistámonos a ser brutos. La segunda vuelta no es una desgracia; es la consecuencia de un ejercicio saludable de la democracia. Miles votarán por determinado candidato por miedo a una segunda vuelta. Por el miedo que le han inculcado quienes todos los días publican una nueva encuesta diciendo que ganarán. Por un miedo ilógico que busca clavarte un cuchillo y hacerte soportar un futuro de hasta 8 años de lo mismo.
Resulta indignante. Decepciona. ¿Dónde está la determinación y la razón? ¿Será que somos un pueblo indolente y servil? ¿Es que no hay visión de futuro y nunca pensamos llegar donde todos sabemos que debemos estar?
El futuro se hace ahora. Literalmente ahora. Si queremos dar un paso para algo distinto; que las recaudaciones de la voraz DGII signifiquen una retribución; que en el país existan varias opciones políticas que al menos obliguen a quien está en el poder a hacer su trabajo; si creemos en la razón y nos queda aún esperanza, seamos racionales y coherentes. Si queremos un cambio, no hay argumentos para dilatarlo. El 20 de mayo es el momento.