En la arena política local, el presidente Hipólito Mejía (2000-2004) tiene “un ángel” solo comparable con el de su adversario Leonel Fernández, tres veces ganador de la presidencia en primera vuelta con más del 50% más 1 (1996-2000/2004-2008/2008-2012). Pero ese plus en nada le serviría para ganarle a Luis Abinader la candidatura presidencial en las primarias del Partido Revolucionario Moderno (PRM), en octubre.

Abinader, a quien él ha considerado soso, ya lo ha humillado en las primeras elecciones internas de la organización verdiblanca, en 2015, aunque al año siguiente sucumbiera frente al presidente Danilo Medina, del gobernante Partido de la Liberación Dominicana (PLD).

Una vez más, los vientos no soplan a favor del llamado “Guapo de Gurabo”. Muy vulnerable. Él se ha construido así.

Paradójicamente, el carisma de Mejía le ha sumado un envidiable nivel de permisividad mediática, sin precedentes en el patio y, al mismo tiempo, ha sido abono de su autodestrucción política.

Su empalagoso  “yoísmo” y su acentuada tendencia a la descalificación del otro con etiquetas, y hasta sus absurdos, son celebrados con vítores y estruendosos aplausos en los medios de comunicación.

Para cualquier otro político del patio, una sola frase o acción siquiera parecida a las del diccionario de Mejía (hipolitadas), bastaría para satanizarlo y sepultarlo.

Y justo eso le ha causado la borrachera eterna que lo enajena y le impide corregir costosos entuertos. Se siente con el mundo a sus pies.

Solo a él le luce el haber visitado, en secreto, un lugar aún no identificado, a Quirino Ernesto Paulino Castillo, atrapado aquí, en diciembre de 2004, con 1,387 kilos de cocaína, y extraditado a Estados Unidos donde fue condenado a 10 años de prisión por ser parte de una organización criminal que hasta  2003 introdujo drogas a ese país norteamericano.   https://es.wikipedia.org/wiki/Quirino_Paulino.

Y le luce más cuando admite la reunión delatada por el exconvicto, quien ha adelantado que usará todos sus recursos para que él repita en la Presidencia. A la hora del apresamiento, la fortuna del narco fue estimada en 2 mil millones de dólares.

Mejía ha reiterado que gestionó la visita para indagar sobre un supuesto “préstamo de 200 millones de pesos” que el capo habría hecho al expresidente Leonel Fernández, y su relación con la Fundación Global Democracia y Desarrollo, creada por el político peledeísta.

Paulino Castillo fue re-enganchado como capitán del Ejército y juramentado en el Partido Revolucionario Dominicano durante la gestión de Mejía.

El fiscal dominicano responsable de los interrogatorios, José Manuel Hernández Peguero, ha revelado este 14 de febrero, en el televisual “La cosa como es”, de Edith Febles, que el capo jamás le mencionó el nombre de Fernández, y consideró su denuncia como una gran mentira. Precisó que la justicia le incautó a Quirino valores por 900 millones de pesos (600 en bienes y 300 en efectivo). Refirió que fue apresado y extraditado a Estados Unidos durante el gobierno de Leonel Fernández (2004-2005). “Yo creo que ese señor (Hipólito) debería callarse… Hay muchas cosas por ahí”, enfatizó luego de considerar que es un absurdo que un acólito de Mejía se reuniera con Fernández para prestarle dinero.   

Tras forzar una reforma constitucional en 2003 para introducir su repostulación, al año siguiente Mejía perdió en primera vuelta las elecciones ante Fernández. Había ganado en el 2000 favorecido por la oleada del voto-solidaridad posmorten con el histórico líder del PRD, José Francisco Peña Gómez, quien había fallecido a causa de cáncer el 10 de mayo de 1998.          

PERIODISMO Y MITUÍSMO

Solo Hipólito puede ningunear, calificar de mentirosos y corruptos a los periodistas que le son desafectos, mientras admite, en “La cosa como es”, que en su gestión como secretario de Agricultura durante el gobierno de Antonio Guzmán (1978-1982) se pagó “payola” a estos profesionales, pero que eso lo hizo César Medina, su relacionista, examigo íntimo, recientemente fallecido por un cáncer de páncreas. O que, en su gestión como mandatario, también operaba una red nacional de comunicadores. 

Sólo él, como presidente de la República, se atreve a reiterar, sin una dosis de arrepentimiento, que volvería a ultrajar a periodistas que le criticaron cuando fue presidente, como Marino Zapete, a quien mandó a encarcelar en el Departamento Nacional de Investigaciones (DNI) y luego se burló en público de su estado de salud (hipertensión sin tratar), aduciendo que “está temblando”.   

Nadie, salvo HM, se atreve hoy a “piropear” al estilo callejero a una mujer, sin que el sensible movimiento “Me too” reaccione con virulencia y sus críticas se esparzan y multipliquen durante semanas por todos los medios.

Sólo a él, como político, le luce hablar duro, pese a que su gobierno provocó un caos económico sin antecedentes (quiebra bancaria, escasez generalizada, encarecimiento de todo, descontrol en la prima del dólar) que puso al país al borde de una violencia social sin fin.     

Él es una especie de niño mimado, y su carisma es indiscutible, pero ha puesto estas ventajas comparativas al servicio de su autodestrucción y a alejar aún más de la probabilidad de alcanzar el poder al mismo PRM que ayudó a forjar tras su salida del legendario PRD. Y parece que ya no tiene remedio.