Llevo varios sábados sin publicar en Acento, como habitualmente lo hago. He notado que, gracias a los recuerdo que Facebook ofrece, he republicado textos que en su momento fueron vigencia y que, al mantenerla, bien vale que vuelva a colocarlos, por tanto, lo he hecho. De igual forma, no ha sido una ni dos las veces que tomo la computadora, abro una página en blanco y me quedo con la mirada fija en ella. Adivino un punto que ni existe y ahí me quedo. Mis dedos reposan en el teclado querty, tengo la mente repleta de contenido, pensamiento listo para mutar en letras sobre el papel virtual; incluso, ellas solas se organizan, de manera que me ahorran la tarea de darles orden para ofrecer su sentido al lector. Pero no. Escribo y borro todo. Esta dinámica se repite una y dos y hasta tres veces. Ha pasado que antes de convertir el pensamiento en letra ya las he borrado en mi mente. He cometido aborto de letras más de una vez.
Atribuí lo anterior al cansancio que me encuentra al final del día, que es cuando me dispongo a escribir, de ahí que mi envidia va para todos aquellos que se dedican única y exclusivamente a vivir y a escribir, porque la vida se los permite. Les contaba de la excusa que hallé, pero no. Siempre ha sido de esta forma, las letras siempre hallaron forma de salir, tampoco se trata de que no tenga qué escribir. En mi costumbre de estar constantemente virándome para ver los ruedos y remaches interiores de mi ser, me di cuenta de la razón. Mi espíritu se estaba resistiendo, o más bien, estaba llegando al borde de la saturación. Es mucho lo que está sucediendo actualmente, en todos los órdenes, rubros, áreas, aspectos, o como rayos se diga, y todo está ahí, puesto frente a nuestros ojos, con sonidos y todo.
Quien escriba solo por hacerlo, como ejercicio profesional, sea por paga o no, o que escriba como actividad preferida, lo que llaman hobby, quizá les haya pasado algo similar; no intento juzgar a ese segmento al que imaginariamente me refiero. Pero yo escribo como ejercicio vital. Cuando no escribo me siento secar por partes, entonces sufro. Si no moría antes era porque no conocía esa necesidad de mi ser, entonces, el desconocimiento, que es la más efectiva de las anestesias, me evitaba el dolor, pero al ya saber lo que me ocurre, al saber tanto de mi misma me quedé sin opciones de escape.
Sin embargo, ¿por qué agotada, por qué saturada?, me pregunté. Sirvió mirar a mi alrededor y entender. Bastó ver el derrotero de mi país, del mundo; pienso en Siria, en la chica de España, que al no resistirse a la violación de cinco hombres, el juez del caso determinó que no hubo tal hecho, solo abuso, pues ella no “ofreció” resistencia. Bastó leer a una compatriota de ella, por Twitter preguntar “qué coños hacía ella sola a esa hora, en esa calle”, esa pregunta me rebotó en el estómago por un rato. Veo los precios de los combustibles de mi país, y la gente en sus vehículos todo terreno, grandes, de altísimo cilindraje, porque, en vez de hacer el tránsito en este país más solidario y menos violento, lo que hay que hacer es hacerse de un vehículo que te proteja de todo eso, entonces lo mejor no es corregir el problema raíz, sino adaptarse a él, asumirlo, y reforzarlo aplicando la misma violencia pero con un automóvil más grande. Es como me suelen decir: Gnosis, ¡aquí no se puede andar en autos pequeños! ¡Qué inteligentes resultamos ser! ¿El gobierno?, muy bien, gracias.
Tampoco se puede andar a pies. El servicio de transporte es una mierda, entonces hay que hacer lo posible por comprarle un auto bueno a la niña que está en la Uni, entonces, verás en una casa modesta, de gente que se parte el lomo trabajando, hasta tres vehículos: dos jeepetas, por aquello que les conté, un sedán para la niña, pero “desde que podamos veremos la forma de comprarle una jeepetica”, porque es mucho mejor.
Entonces recuerdo el video donde un grupo de estudiantes estadounidenses ensayan ser víctimas de un tiroteo y se dirigen a un lugar que se ha construido-diseñado para resistir balas; entonces, la siguiente vez que una persona sin equilibrio mental compre una escopeta y rompa a disparar como loco a todo lo vivo que vea, ya ellos sabrán qué hacer, porque el problema no está en la balacera, sino en garantizar que los muchachos sepan cómo salvarse. Entonces normalizamos, reforzamos positivamente lo que mata. Como cuando la gente acudió en masa a comprar el modelo de escopeta que se anunció sería retirado del mercado, luego de que este fuera usado en el más reciente tiroteo. Nadie quería perder la oportunidad de quedarse sin su escopeta…
Yo no dejo de ser positiva, pienso que estamos llegando a un borde tremendo y que luego de ahí, dada la “ley del margen” que ni sé si existe, pero me llegó a la mente una noche, no hay más espacio para caer más hondo como raza humana. Creo que el viraje viene, tiene que venir, o quizá soy muy ingenua. Y llegan a mi mente las dos Coreas, y justifico mi esperanza. Pero de inmediato recuerdo un dato: USA se ha pasado la vida entera matando presidentes, instalando y apoyando dictaduras, lavando el cerebro de nuestros habitantes latinoamericanos, ha patrocinado guerras, su principal negocio es la venta de armamento bélico, si tienen que matar miles de personas un 11 de tal mes, con tal de justificar una guerra, no les tiembla el pulso, si tiene que matar a miles de marines norteamericanos, hijos de madres y padres norteamericanos que tiene la bandera de las líneas y las estrellitas izadas en sus casas, con orgullo, ¡pues lo hacen!, y no importa, porque se harán con la forma de señalar al señor medio loco que se ríe mucho, sí, el de Corea, que tiene sus jugueticos nucleares, y ves a las personas opinando barbaridades de ese señor, que representa un peligro tremendo para el mundo, porque el tipo está loco, aunque nunca hayas oído hablar de él hasta hoy, aunque nunca se haya metido con ningún país de América, aunque nunca le haya impuesto a un país como llevar sus asuntos políticos y económicos internos. El tipo es un maldito loco. Y Obama, el negro más amado de todo el mundo, tiene un Nobel de la Paz. ¡No me jodas! Todo gracias al mercadeo… o marketing, se escucha más lindo así que en la lengua de Cervantes.
En este momento me estoy riendo, tengo a Bugs Bunny en la TV, no le he cambiado al canal TCM, porque prefiero reírme con la tenacidad de un coyote que no se rinde, y de un conejo al que nunca se le acaba la zanahoria, aunque está en pleno desierto, pero si el guion dice que la zanahoria va, pues la zanahoria va. Y eso me lleva a los niños, a los que mueren en Siria –que es el tema que toca- y en los hospitales de mi país; cientos y cientos de ellos. Sin pena de nadie, más que de sus familiares. Y pienso en muchos hombres y mujeres de mi país; gente quieta, tranquila, que está viviendo su vida, gente que está haciendo magia con un salario, o haciendo otras cosas, no sé si lícitas o no. No se puede entender el estilo de vida de muchos aquí.
Y esto es apenas una parte de lo que pienso. Yo conozco mis bordes y se cuándo parar, para eso he invertido tiempo en verme y conocerme, para no caer en la locura de este mundo. Y sé que nos prefieren durmiendo, por eso los celulares tan modernos, por eso la tecnología que supuestamente nos acerca y es una de las grandes mentiras de este siglo. Nos quieren no solo lejos de nuestros semejantes, nos quieren lejos de nosotros mismos, nos quieren estadística, ficha, pieza, cualquier cosa, menos humanos.
Ya paro, no repararé en vuestros comentarios, yo sola decidiré cuándo volverme loca. Y saben qué, ya el sabor a tiza que tenía en la boca se me fue, ya la sensación de que este mundo es una mierda se me quitó, ya las letras hicieron lo suyo, salieron, que era lo que querían, ya tienen su libertad; de hecho, aunque suene loco, mis letras tienen más libertad que mucha gente que conozco.