(A mi amigo Virgilio Ortiz Bosch)

Tengo tres años observando de cerca el desempeño partidario de Miguel Vargas Maldonado y me confieso sorprendido por la magnitud de sus torpezas a la hora de hacer maniobras de pretendido carácter político.

Hoy, cuando el flamante presidente del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) se dispone a “aplastar” al ex presidente Hipólito Mejía y a quienes lo respaldaron como candidato presidencial en 2012, me doy cuenta de que Vargas Maldonado, además de un mal táctico, es un suicida en el sentido político.

Y está a punto de convertirse en un interfecto político porque sabiendo que tres de cada cuatro perredeístas están contra él porque no guardó la más elemental forma en la pasada elección presidencial y prefirió que perdiera su PRD, pretende cerrar con un planazo “disciplinario” una crisis que es esencialmente de definición del liderazgo interno.

¿Por qué lo hace?

No hay que ser un genio para advertir que Vargas Maldonado quiere sacar un músculo que no tiene al interior del PRD porque sabe que puede contar con el apoyo del gobierno, sus “teóricos” y el Tribunal Superior Electoral que ya se sabe para qué lado cojea, tratando de evitar ir a una convención democrática donde las bases de ese partido lo humillarían.

Nadie se imagine a Vargas sentado, en esas condiciones, en una silla de la convención perredeísta tratando de revalidar su posición cimera porque el peso de sus recientes errores lo hundiría a los pies de las bases de ese partido que no soporta 12 años fuera del gobierno como puede pasarlo su presidente.

¿Qué está dispuesto a hacer para lograrlo?

Suplirle oxígeno al gobierno en el año 2013 que todo el mundo sabe que lo va a necesitar porque cuando los efectos del paquetazo tributario impacten en las clases medias y pobres del país, lo que viene es una creciente de movilización social popular.  A cambio de ese apoyo tácito al gobierno, Vargas quiere la franquicia del PRD sin Hipólito Mejía, Orlando Jorge, Geanilda Vásquez, sin bases populares ni compromiso con las actuales demandas que movilizan a la juventud en lucha contra la corrupción.

En el fondo quiere un nuevo PRD con él como rey y el resto sus vasallos. Una copia de peor calidad del PLD de Leonel Fernández.

Vargas Maldonado, que de repente se vio al timonel de un gran barco (el PRD) cuando Hipólito cometió los peores desaciertos políticos, cree que puede utilizarlo a conveniencia durante años sin responder a una sola de las expectativas de las bases de esa organización política.

Ignorar la suerte que corre el pueblo dominicano frente al hoyo fiscal, el paquetazo tributario y la impunidad frente a la corrupción y ahora despacharse fraccionando más al principal partido de la oposición, es la mejor confirmación de que Vargas carece de la más elemental preparación política para ser un verdadero dirigente.

Eso explica por qué nunca ha participado en una sola manifestación popular contra el paquetazo, contra la corrupción y contra la impunidad. No ha hecho nada para siquiera distraer a los legisladores que aprobaron el Presupuesto General del Estado otra vez en tiempo récord y auto asignándose más de 600 millones de pesos para clientelismo político sobre la base de la miseria material de este pueblo.

Lo que Vargas está mostrando muy elocuentemente es que no es su interés apoyar las demandas del pueblo, sino ayudar al gobierno de Danilo Medina y el PLD para que no tengan que explicar adónde fueron a parar los fondos que provocaron el hoyo fiscal pisoteando la Ley de Presupuesto y la Constitución de la República que pone en manos del Congreso Nacional aprobar los gastos del Poder Ejecutivo.

Su única intervención “táctica” en los últimos meses fue hablar de que quiere firmar un pacto, ¡Otro pacto!, ahora con el presidente Medina dizque para enfrentar la criminalidad en el país, lo que de inmediato fue acogido por Reinaldo Pared, secretario general del PLD. ¡Tremenda experiencia debe tener en contener ese flagelo mundial que no ha podido derrotar México, Centroamérica y gran parte del Caribe!

La artimaña más fácil que puede hacer un dirigente de un partido de la oposición es aliarse con el gobierno. Algo más difícil, pero infinitamente más decoroso, es motivar y movilizar sus fuerzas junto al pueblo en reclamo de justicia.

Si Vargas fuese un dirigente político mínimamente preparado supiera que cuando el pueblo dominicano es impactado por el más cruel paquete tributario sin aumento de salario, su puesto está a su lado, nunca alejado de él.

Vargas, a quien nunca he visto a cien metros de cercanía por lo que no tengo motivos para criticar su persona sino sus actos políticos (a Bosch lo vi por primera vez en 1970 a un metro y había visto a Peña Gómez en 1968 a igual distancia), venía demostrando que no tenía sensibilidad para dirigir, ya no hay duda de que carece de capacidad y arte para hacerlo.

El tiempo que Vargas Maldonado continúe dedicando a la política estará perdido porque no podrá construir una fuerza política coherente y potente y mucho menos tendrá capacidad para ganar la Presidencia de la República. El tiempo, ese implacable, se lo dirá en más de una oportunidad.

Si escribo esto con la humildad que he tratado de vivir, lo hago porque no quisiera que jóvenes políticos copien esas torpezas aun en defensa de causas que no comparto en absoluto.

Si fuera simpatizante del PRD planteara cómo responder a esas torpezas y salvar la unidad de ese pilar de la “democracia del voto cada cuatro años”, pero como no lo soy, le dejo esa tarea a Nelson Marte, Guido Gómez, Luis Abinader, Milagros Ortiz, Hugo Tolentino y Roberto Fulcar, entre otros amigos perredeístas, que han probado que tienen una gran paciencia.