Ayer recibí una convocatoria para las elecciones congresionales del próximo mes de mayo. Me había prometido nunca volver de nuevo a las urnas pero tendré que faltarme a la palabra: He recibido recientemente la nacionalidad belga y en Bélgica el voto es obligatorio, ya que se considera no solo como un derecho, sino también como un deber.
Confieso que no tengo ni idea de por quién votar. En Bélgica, a diferencia de Quisqueya, la política no monopoliza las conversaciones, no hay caudillos ni bocinas ni interactivos. En Bélgica, las campañas electorales se basan más en el debate de ideas que en los ataques personales.
Afortunadamente, la prensa ejerce su condición de poder y pone a disposición de sus lectores el análisis y la comparación de los programas de gobiernos de los distintos partidos. Debo aclarar que aquí en Bélgica no pasa lo que en Quisqueya, donde los programas de gobierno no son más que elementos de marketing, montones de papeles que aguantan todas las mentiras que les imprimen encima. En Bélgica los programas de gobiernos son elementos fundamentales. Basados en ellos, los partidos negocian y hacen alianzas DESPUÉS de las elecciones. Si un partido quisiera faltar a su compromiso, los demás se lo impedirían y sus votantes se lo tendrían en cuenta.
Como no estoy seguro de que algún día en nuestro país se vote racionalmente, como en Bélgica, me ha parecido interesante escribir “en voz alta” el proceso inicial que me permitirá –espero- escoger el partido por el que votaré.
Abro el sitio internet de un periódico cualquiera y procedo a comparar los planes electorales de los siete partidos por los que podría votar, en las siguientes áreas: Trabajo, impuestos, educación, seguridad, inmigración, transportes, sociedad y Europa.
De entrada, descarto votar por el Partido Popular. Por un lado propugna por el confederalismo, es decir, el desmembramiento de las regiones belgas. Por el otro, sobre todo, mantiene una actitud hostil hacia los extranjeros. Si bien ya tengo la nacionalidad belga, no debo olvidar que en estos predios sigo siendo un negrito. Imposible pensar en votar por la versión belga de la Fuerza Nacional Progresista.
Descarto igualmente al Movimiento Reformador. Si bien este partido de centro-derecha es menos extremo que el anterior, comparte una cierta agresividad hacia los extranjeros y además coquetea con la NVA, partido flamenco que busca la independencia de Flandes y el fin de Bélgica. Además, desconfío del plan de reducción de impuestos para la clase media, pues siempre se ha caracterizado por la defensa de los más ricos. Insiste en calcular el costo de esta propuesta en 5 mil millones de Euros, cuando analistas independientes lo evalúan en 15 mil millones. Esos cuartos saldrían de nuestros impuestos. Me huele a gato entre macuto.
Tampoco votaré por la Federación de Demócratas Francófonos, aliado durante mucho tiempo al MR, por las mismas razones y porque además busca la confrontación permanente con los flamencos.
A pesar de que el programa de los social cristianos del CDH me parece bastante más aceptable, no logra convencerme. Sus objetivos son más bien difusos y difíciles de cuantificar. No votaré por este, además, porque parece ser el principal responsable de que me despierten los aviones que no paran de despegar ni de aterrizar desde que Dios amanece.
Del programa del Partido Socialista me agrada su plan de incentivo fiscal para crear nuevos empleos, su compromiso de defender la integridad de Bélgica frente a los independentistas y confederalistas, así como su propuesta de crear una circunscripción electoral nacional. Actualmente puedo votar por los candidatos que se presentan en Bruselas, pero no por los que lo hacen en Flandes y Valonia, a pesar de que entre estos últimos pudiera haber alguno que me pareciera mejor. Por otro lado, la labor del gobierno actual (el cual dirige el socialista Elio di Rupo) me parece bastante aceptable, habida cuenta de que ha logrado que el impacto de la crisis fuera mínimo.
Del programa de los verdes me agrada su énfasis en las energías renovables y su propuesta de eliminar las provincias belgas, divisiones políticas que tienen poco impacto en la realidad.
Finalmente, del programa del Partido de los Trabajadores Belgas me agrada la propuesta de una ley que impida a las empresas botar empleados para incrementar sus beneficios, limitar el salario de los políticos, someter a referéndum todas las decisiones importantes, establecer impuestos a los millonarios, a los bancos y castigar el gran fraude fiscal.
De este primer ejercicio me ha quedado claro que votaré por uno de los tres últimos: PS, Verdes o PTB, aunque es probable que descarte este último, habida cuenta de que sus propuestas no parecen muy realistas y existe el riesgo de atomización del voto de izquierdas, lo cual podría conllevar un gobierno de derechas que sería nefasto para nosotros los chiquitos.
Todavía tengo tres semanas – durante el cual los políticos debatirán frente a frente sus programas – para decidir.
Ojalá que algún día en Quisqueya se vote así, como lo requería Rousseau, con la cabeza y no con el corazón, con la razón y no con la emoción.
Y que conste que Rousseau inventó esa vaina que llamamos democracia.