( a Matildita Bojos viuda Sued, quien lo guardó todo este tiempo)
Todos lo sabemos. Los relojes existen. Algunos se han convertido en distintivos de ciertas profesiones y estados de bienestar y hasta en objetos de pago por servicios prestados. Y claro, los relojes son para de alguna manera medir el tiempo.
Ese tiempo que como dice S. Hawking (y sirva este artículo de alguna manera como homenaje a sus 70 años de increíble vida) en su The Universe in a Nutshell (2001) no podemos decir lo que es, que lo único posible es describir un buen modelo matemático de su existencia y que Einstein no le regaló ni horas ni minutos, sino que le dio forma. Curvaturas y rectas que expresan lo que hoy entendemos como nuestra realidad.
Pero eso es por allá por el norte. Aquí en los trópicos y en el subdesarrollo 20 años no es nada. Eso sí, aunque no me guste mucho el modelo, los rusos, luego de una guerra donde perdieron 20 millones de personas y más de 50 ciudades quedaron en ruinas, arrasadas hasta los cimientos, en 1957, solo 12 años después de terminada la II Guerra Mundial (1945), enviaron al espacio un satélite artificial – con la palabra esputnik internacionalizándose- seguido a los dos meses con otro con la famosa perra Laika como su pasajero de prueba.
Los estadounidenses, sorprendidos en su mala fe (¿o debería escribir en su buena fe?) reaccionaron y en 1969, otros doce años después, colocaron un humano de paseo sobre la mismísima luna de poetas y hoy de traficantes, por aquello de los vuelos nocturnos.
Esta introducción sobre el tiempo y sus circunstancias es para solicitar permiso a mis pocos lectores y a Acento.com para reproducir un artículo que escribí en el Listín Diario de Don Rafael Herrera hace 17 años. Diecisiete son más de doce, pero menos que los 20 de Gardel.
Mi pequeño y propio país.
Listín Diario, miércoles 5 de abril de 1995.
En estos días mi hijo me ha preguntado donde vamos a ir en las vacaciones de Semana Santa. Mi respuesta fue algo incómoda: ʺ a ninguna parte, pues no tenemos dinero para gastar".
Se quedó viéndome por un tiempo y me dijo:- ¿Y cómo es posible que no haya dinero para vacaciones? El año pasado cuando fuimos a la playa recuerda que conocí a dos muchachos, uno español y otro alemán, y sus papás eran maestros igual que tú, y ellos tuvieron dinero para llegar hasta aquí y pasar dos semanas de vacaciones. Entonces ¿cómo es que a nosotros no nos alcanza el dinero para vacacionar en nuestro propio país?
A los 14 años se puede ser muy inquisitivo y tenía que buscar una explicación que sonase convincente y lo menos perturbadora posible, después de todo debemos insistir en ser modelos para nuestros hijos, aunque solo se den cuenta al llegar ellos a su vez a ser padres.
-Fíjate mi hijo- le dije, mirando al cielo por la ventana.
– Teníamos un poco de dinero ahorrado, pero tuvimos que gastarlo para comprar el inversor y colocar los circuitos de emergencia en la casa para cuando no haya luz por lo menos poder cenar y leer en paz. Recuerda que además tuvimos que montar un tinaco para el agua en el techo, pues no hay quien resista la falta de agua cuando no hay electricidad y también recuerda que con todo y eso hay que comprar un botellón de agua al día, pues el agua que llega por la tubería no se puede beber. Tienes que saber que los padres de tus amigos extranjeros no tienen que hacer esos gastos en los países donde viven.
-Además, aquí tenemos que buscar el dinero para pagarles a ti y a tus hermanas colegios privados, pues la educación pública no funciona por más que tratan de arreglarla, y puedes estar seguro que tus amigos van a escuelas públicas en sus países. Además en esas escuelas públicas hay bibliotecas y suficientes libros para estudiar; aquí como ya sabes, ni los colegios privados tienen biblioteca ni las bibliotecas públicas son tales y entonces hay que gastar mucho dinero en libros, que debes saber, que en nuestro país pagan impuestos como si fuesen artículos de lujo.
Por otro lado, tenemos que gastar dinero en mantener el carro en buenas condiciones, pues independientemente de que los carros son excesivamente caros en nuestro país, el sistema de transporte público, las guaguas y los conchos, además de sucio y peligroso no sirve para nada y es seguro que tus amigos y sus familias van a sus trabajos y a la escuela en guagua en sus países.
Tenemos algo de dinero guardado, pero a ese dinero no se le puede poner la mano, pues es para cualquier emergencia médica, aquí no tenemos salud pública ni hospitales que funcionen, si no están en huelga las enfermeras o los médicos, es que no hay nada en los hospitales y puedes estar seguro que los hospitales públicos en España y Alemania son mejores que los privados de aquí.
Nuestros policías trabajan después de que ocurren los robos, no para evitarlos y así, tenemos que pagar por el sereno que ves dando vueltas al edificio por las noches, aunque ahora roban también de día.
Todo ese dinero que gastamos en esas cosas no tienen que gastarlo tus amigos y sus familias en sus países. Es que ellos viven en países grandes y nosotros tenemos que tener un pequeño y propio país aquí mismo en nuestra casa. Tenemos que tener nuestra propia corporación de electricidad, nuestro propio acueducto, nuestras propias escuelas, nuestro propio sistema de transporte, de seguridad, de salud y además tenemos que pagar por esos mismos sistemas públicos que no recibimos. ¿Cómo tú crees que puede sobrar dinero para pasear y vacaciones de esa manera?
Es con ese mismo dinero que ahorran las personas de otros países que pueden venir al nuestro y quedarse en nuestros hoteles, hoteles que se hacen muy difíciles para que nosotros los dominicanos podamos visitarlos. Se quedó mirándome pensativo, me obsequió una pícara sonrisa y entonces dijo:
-Bueno Papi, y si en esta casa somos un país ¿cuándo es que vamos a tener elecciones?
– ¡Ay mi hijo! No hablemos ahora de política, pues entonces créeme, no acabamos, no acabamos. Además aquí tu mamá siempre será la única presidente.
Ah! Exclamó, como quien hace un gran descubrimiento. En eso si está bien nuestro país, Papi. ¡Aquí siempre son los mismos los que quieren ser presidentes!
Por lo visto, nos queda mucho por hacer, pero para todos, y hay que hacer lo que nunca se hizo. Quizás si en esos 17 años se hubiera resuelto uno de nuestros grandes problemas por gobierno, hoy tendríamos, por supuesto que sí, otros problemas y no los mismos de siempre que aparentan estar per secula seculorum. Amén.