En días pasados en una reunión social, escuché a una Sra. decir esta frase: “mi hija me lo cuenta todo, yo soy su mejor amiga”. Al escucharlo me surgió la pregunta en mis adentros sobre la edad que tiene la amiga confidente de la Sra. y luego de un rato de investigación detectivesca pude obtener el dato de que la chica tiene 16 años. Este encuentro motivó este artículo pues las otras damas que estaban alrededor manifestaron en su conducta no verbal la sensación de sentirse en desventaja con relaciona ella y hasta expresaron verbalmente el deseo de igualarla en esta condición.
La adolescencia es una etapa de desarrollo donde precisamente se va definiendo la identidad de los chicos y las chicas, justamente por diferenciarse de papá y mamá, intentando buscar una manera propia de ser, pensar y conducirse. Es un proceso sano y necesario donde justamente se pone en tela de juicio los criterios de los padres y las madres en búsqueda de que brote el ser humano autentico y único, con criterios y juicio critico sobre todo lo que pasa dentro y fuera de ellos, incluyendo a los padres y las madres. Es la etapa de la lucha por ser ellos mismos y de parecerse e identificarse más con sus amigos y amigas que con papá y mamá.
En el caso de la Sra. de la historia pudieran estar pasando dos cosas, es posible que no sea verdad que la chica le cuente todo y sea la madre la única convencida de ello, o en el caso que así lo sea, la relación tan fusionada que ambas tienen no está permitiendo que la chica crezca.
Las madres y los padres no estamos para ser amigos de nuestros hijos e hijas hasta más adelante en la vida cuando ellos sean adultos si se hayan creado las condiciones para ello. Mientras crecen es recomendable y necesario mantener una buena vía de comunicación que permita tanto la expresión de afecto como la corrección. La amistad se da entre iguales, es una relación de reciprocidad, de horizontalidad, donde ambos confían y se entregan en igualdad. Esto no es posible en una relación con hijos e hijas adolescentes y jóvenes, ya que por una parte los padre y las madres no pueden manejar con sus hijos e hijas todos los temas que como adultos viven y por la otra aunque en dignidad como persona somos iguales en la familia, nuestra función de dirección en la estructura jerárquica, exige de nosotros posturas que en un momento determinado competirán con el vinculo de amistad, dejándolos a ellos en desventaja. Además si por la amistad con ellos no asumimos la administración y seguimiento a las reglas establecidas y negociadas con ellos, estaríamos siendo negligentes con nuestras responsabilidades parentales. De manera que alégrese si su hija o hijo no le cuenta todo y se reserva para si y sus amistades algunas cosas, acepte que esos amigos y amigas están en una posición de prioridad para ellos en estos momentos, tenga paciencia y permanezca cerca sin asfixiar. Le aseguro que si hace esto bien, en el futuro podrá tener una hermosa amistad con sus hijos e hijas cuando ya sus funciones parentales hayan pasando a un segundo plano, mientras, busque una amiga adulta con quien hablar e intimar.