A lo largo de la vida se nos presentan infinidades de situaciones que nos forman. También nos topamos con todo tipo de personas que, por más buenas o tóxicas, como les llaman ahora, conjuntamente con los episodios diarios son los que nos mantienen cambiando. A pesar de que existe una línea de vida, existen cambios y vamos madurando cada día.

La vida me ha regalado muchas cosas buenas y se ha encargado de que lo que me suceda sea lo mejor. Desde mi mamá, mi hermano, mi papá, con sus luces y sombras, mis abuelos, mis primos, que fue con quienes crecí y me formé, hasta mi esposa y mis hijos que son mi presente.

En este caminar, Dios se ha encargado de que todo se me dé y en ese camino me puso a un ser muy especial que me ayudó a crecer y a madurar, no sólo en lo personal, sino en el oficio a que me dedico hoy. Su nombre, Josué Vargas.

Josué es un hombre bueno, trabajador, desinteresado, colaborador, solidario. Él fue quien ideó, creó y fundó la Orquesta Filarmónica Contemporánea. Llamó a cada uno de los que formaron parte en un principio de este proyecto, que se convirtió en casa de la juventud musical de todo el país. De ahí salimos muchos de los que hoy somos músicos y salieron los que hoy son directores de orquesta.

Pero Josué conmigo fue más allá. Me introdujo al mundo de la música popular. Me enseñó lo que se debe hacer y lo que no en los llamados “picoteos”. Me consintió en todo, como lo hace un hermano mayor con el benjamín de la casa. Me prestaba su carro para darme prácticas de manejo, me llevaba a todos los lugares que se nos ocurría. Viajamos prácticamente todo el país con nuestros violines y fuera de él. Con Josué al lado, maduré y a pesar de que es mayor que yo, no por muchos años, nunca fue obstáculo para la relación de amistad que aún llevamos.

Pero, ¿por qué recordar a Josué el día de hoy y más aquí, un lugar donde la ingratitud y mezquindad, sumado al egoísmo y complejo, hace que a veces nos olvidemos  y/o echemos a un lado a las personas que nos ayudaron y por quienes hoy somos, como el caso de la Filarmónica Contemporánea?

Pues resulta que en estos días en forma de broma, puse en una de las redes sociales un mensaje, cito: “¿Quién puede prestarme RD$10,000, hasta el 25 de este mes, sin interés alguno?” Josué me escribió y me llamó al instante. Me preguntó, ¿cómo me haces eso? Vamos a juntarnos ahora mismo en el banco, debo estar aquí en casa a las 2:40 como tarde. ¿Cuánto necesitas? Porque tengo tanto y lo puedes tomar todo.

Ese día recordé el gran hombre que Dios puso en mi camino y lo afortunado que soy por tenerlo como amigo.

Podría agradecerle a Josué por ser amigo, por haberme enseñado, por su solidaridad, por la Filarmónica Contemporánea, por los picoteos, por las bolas en su carro, por las juntas, por ayudarme, por consentirme y por muchas cosas más, pero aún mencionando todo, corto me quedaría.

GRACIAS, Josué.