El mundo que veo

50 años no son nada

Por Jeanne Marion Landais

La edición anual del encuentro en Davos del Foro Económico Mundial se termina hoy. Lo que empezó sin mucha fanfarria, fruto del interés de un joven profesor universitario, Klaus Schwab, hijo de empresarios, interesado en que desde los sectores productivos se dedicara tiempo a pensar sobre sobre cómo construir riquezas adecuadamente, evolucionó hasta convertirse en el símbolo de los lugares más altos del capitalismo.

Las primeras reuniones tuvieron un carácter eminentemente privado, pero dado el entusiasmo que suscitaban, eventualmente fueron ampliando su abanico de participantes y a tener cada vez más importancia, cambiando su nombre al actual al final de la década de los ochenta del siglo pasado y siendo reconocidos por todas las publicaciones económicas de relevancia internacional. En el año 2009 la revista Forbes calificó a su fundador como una de las cien personas más poderosas del mundo.

Aunque todavía hay un gran público proveniente del mundo empresarial, también se invitan políticos y activistas. Dentro de las acciones de mediación más sobresalientes estuvo la invitación en 1992 a Nelson Mandela cuando él estaba relativamente recién liberado, durante la presidencia de Frederik de Klerk, ofreciéndole así una plataforma internacional a los procesos de negociación entre los líderes de Sudáfrica. Desde hace unos años la presencia del cantante de rockBono le confiere a este evento un aire de juventud que se ha visto reforzado con la participación como ponentes de activistas a favor de la conservación del planeta.

Manteniéndose a la vanguardia, también se registraron las evidencias del interés por el desarrollo sostenible, donde Schwab pasó a integrarse a grupos de acción sobre este tema en el sistema de las Naciones Unidas. Más adelante, él creó, junto a su esposa, una fundación dirigida hacia negocios con aplicación social

En años recientes las comparecencias y publicaciones de este hombre de reflexión y acción transmiten una preocupación sobre las implicaciones de la transformación tecnológica, al punto que en el seno del Foro Económico Mundial se creó un centro sobre ciberseguridad. Una revisión de los principales temas de la agenda de este año refleja que su visión de negocios combina visión de futuro, integración de la tecnología, economías equitativas, mejores prácticas de negocio y conciencia sobre el entorno geopolítico. Y, en congruencia con el interés por el uso de la tecnología, muchos paneles están disponibles a través de las redes sociales.

Después de cincuenta años su fundación, con oficinas y eventos en varias regiones del mundo, algunos se asombran de que los estatutos de este organismo establezcan claramente que no hay límite en el tiempo para que su ideólogo e iniciador se mantenga dirigiéndola. Dado el éxito alcanzado acompañando transformaciones socioeconómicas realmente notables, como las crisis del petróleo, la transformación tecnológica de antes de que las máquinas de escribir pudieran tener dos colores de tinta al uso de la inteligencia artificial o la crisis económica de 2008, lo asombroso es que este señor tenga la fuerza para continuar interesándose e influyendo para que, al igual que hace cincuenta años, las actividades de negocio se hagan de la mejor manera posible.

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