Max Henríquez Ureña caracteriza el gran momento verista y naturalista en el marco de la literatura italiana de tránsito al siglo XX, pero también  da cuenta del éxito y la continuidad de valores estéticos, formales e ideológicos de dicho período. El descubrimiento de espacios y fuerzas locales por parte de novelistas, dramaturgos, poetas, periodistas y ensayistas italianos y euro-occidentales, hace visible el llamado mito del alma nacional y, sin embargo, los vínculos entre espacio vital, universo novelesco y sello identitario, generaron otras visiones a partir de la novela y sus nuevos ejes.

Después de Grazia Deledda (1871-1936), surge otra mujer, Matilde Serao, que según nos informa MHU, era “… hija de padre napolitano y madre griega, nacida en Patras (Grecia), periodista e hija de periodista, empezó a escribir novelas para un diario de Nápoles, y llamó la atención por su gran arte narrativo merced al cual daba fuerte sensación del ambiente napolitano”. Según Max, Matilde Serao se destacó por escribir obras como El vientre de Nápoles, En el país de Jauja, La conquista de Roma, esta última con una historia sobre “un diputado napolitano que va a la conquista de la capital, (1885) destacándose como buena y exitosa narradora. Según MHU, Matilde Serao “Se dedicó a  la novela mundana, con fineza psicológica, pero con menos acierto: aunque celebradas, no pueden panangonarse con las anteriores, Adiós amor (1890), que había sido precedida por Corazón enfermo (1881), Fantasía (1883), La novela de una joven (1885), a las que subsiguieron Después del perdón (1904), y otras”.  (Ver, Obra y Apuntes, “Lección Decimoséptima”. P. 91).

Mediante la técnica del Panorama, MHU arroja datos sobre otros novelistas del momento:

“Girolamo Rovetta (1851-1910) hizo ruido con sus novelas realistas y melodramáticas Mater dolorosa (1882) y La Barahúnda (1894).

Max resalta la diferencia comparando novelistas como Antonio Fogazzaro (1842-1912), “quien se dio a conocer con una narración en verso, Miranda (1874), el mismo tema de una novela suya escrita años después: El misterio del poeta (1888) (historia de un amor infortunado entre una muchacha sentimental y un soñador)”. (Ibídem. p. 92)

Según anota Max:

“La primera novela suya que llamó la atención fue Malombra, obra de psicofisiología, de crimen y locura (1881). Vienen después obras finamente escritas, artísticas, como Daniele Cortis (1885), del cual se desprende esta máxima:  “La divina ley del deber debe estar por encima de la ley natural del amor”. Partiendo siempre de un conjunto de concepciones morales y religiosas, Fagazzaro emprendió después una exploración minuciosa de la sociedad italiana y Mundillo de antaño, (1896), reputada como su obra maestra, Mundillo de ogaño (1901) y El Santo (1905), constituyen una trilogía, pues en las tres aparecen unos mismos personajes”. (Ibídem.)

Los temas que escogía Fogazzaro eran desarrollados partiendo de un tipo de representación psicofisiológica de la sociedad y los personajes, lo que no lo apartaba del verismo, ni de la tipología real de los personajes y el contexto de actuación. De ahí que según Max:

“El santo fue condenado por la Santa Sede por estar vinculado a la tendencia que se llamó Modernismo religioso, que fue condenada por el Papa Pío X en su encíclica Pascendi dominici gregis, de 7 de septiembre de 1907”. (Ibídem. loc. cit.)

Max señala que hubo “Otros problemas contemporáneos entre ellos el ascendiente [ilegible] espiritismo, que ya se insinúa en el Malombra de Fozzaro, [ilegible] por autores como Enrico Butti (nacido en 1868)… El inmoral (1894). El alma (1893) y El encantamiento”.

En efecto, nuestro crítico e historiador orienta su lectura hacia un momento importante de la literatura italiana de comienzo de siglo XX y a partir del auge que alcanzó la novela en las primeras tres décadas de dicho siglo. Luego de Fogazzaro, Butti y otros, la novela italiana explora un tipo de realismo poético y fantástico, destacándose en este momento nombres como los de Luigi Pirandello, Italo Svevo y Gabriele D’Annunzio.

Señala MHU que:

“Luigi Pirandello (1867-1936), Premio Nobel 1934, (por su teatro y no por sus otras obras), escribió buen número de novelas que tuvieron buen éxito, empezando por El difunto Matías Pascual, y varios volúmenes de cuentos, como La libreta roja, Inocentes, y Vieja Sicilia”. (Ibídem.)

En la misma línea de caracterización y descripción Max muestra que:

“Un autor del siglo XIX que no se reveló al gran público hasta ya entrado este siglo: Una vida (1893), bajo la influencia de Flaubert, Senilidad (1898) y La conciencia de Zeno (1921), que se reputó como su obra maestra. (Ibídem. pp. 92-93)

En la vida de las formas novelescas del siglo XIX, MHU advierte  los aportes de autores que surgieron de un contexto sociocultural conflictivo, en cuyo caso las políticas de lo imaginario se dejaban leer como fuerzas humanas, orientadas hacia la construcción de nuevas visiones creadoras y revolucionarias, pero también, al derrumbe de una consciencia moral corroída por una crisis ideológica y económica visible en los espacios que explora y “representa” el novelista europeo centroeuropeo.

Se trata, en el caso de muchos novelistas, memorialistas y biógrafos, de retratar una época en crisis y descomposición que llevó a Europa a  dos grandes guerras mundiales del siglo XX y cuyas cardinales se hicieron visibles en autores posteriores que estremecieron, con sus obras, la consciencia de los lectores de entonces y de nuestros días.  Max destaca, al final de la “Lección Decimo-séptima” el caso Gabriele D’Annunzio un autor que asumió los grandes géneros del momento y principalmente la novela como entrada y salida del mundo brutal, pero real-imaginario que creó este escritor italiano.

En su recorrido por la novela italiana, Max plantea que:

“Por último, un autor que tuvo gran ascendiente en el mundo todo y que se ejercitó en todos los géneros, Gabriele D’Annunzio (1863), logró gran resonancia con sus novelas El inocente, El placer, El triunfo de la muerte, y El fuego, y con sus novelas cortas Episcopo y Ca., El mártir, y otras”. (ver, p. 93)

La vasta obra de Gabriele D’Annunzio, conocida, reconocida en Europa y traducida a las principales lenguas del mundo moderno alcanzó significación por la importancia literaria y política de dicho autor, quien fuera en la primera Guerra Mundial un destacado militar, orador y político, imitado por Benito Mussolini y por grupos nacionalistas de la Italia de anteguerra.

Aparte de su vasta obra poética, narrativa y dramatúrgica, D’Annunzio cobró fama debido a que algunas de sus novelas y prosas fueron llevadas a la pantalla por distinguidos directores de cine. En su juventud se formó en la Universidad de La Sapienza de Roma. Como visión de una Italia moderna, D’Annunzio se esforzó en crear un movimiento nacionalista que luego hizo suyo el Fascismo y el Duce Benito Mussolini.

Sin embargo,MHU no desarrolla en sus Lecciones, principalmente en la Lección XVII, una crítica, ni una lectura especial sobre D’Annunzio. Le dedica un escueto párrafo, tanto a él como a Pirandello. Con lo que su panorama de la novela italiana de entre siglos se queda corto, no obstante la cronología y la biografía sean, en muchos casos, acertadas.