Cápsulas etnográficas

Matrimonio infantil y trata

Las niñas y adolescentes casadas con hombres mayores a ellas entran muchas veces a vivir situaciones de subordinación, explotación sexual y violencia de género

Por Tahira Vargas García

El pasado 30 de julio era el día mundial contra la trata de personas, una problemática que afecta a distintos grupos poblacionales de muchos países. En el caso de la República Dominicana encontramos a muchas mujeres. Jóvenes, niñas y niños que han sido o son víctimas de trata en diferentes contextos, provincias y estratos sociales.

En el 2019 realizamos un estudio sobre la trata interna en la República Dominicana para OBMICA. En el mismo se muestran distintas modalidades de sometimiento de las personas a condiciones de trata desde redes en las que intervienen familiares, amistades, parejas, exparejas y personas vinculadas a las victimas desde relaciones laborales y/o económicas, entre las cuales se encuentran dueños de negocios de diversión, expendio de bebidas y de trabajo sexual.

Así encontramos trata interna para explotación sexual comercial en población de sexo femenino y sexo masculino, explotación laboral en sexo masculino, matrimonio “honrado” en sexo femenino, matrimonio “servil” o “forzado en sexo femenino, inserción en redes delictivas en sexo femenino y masculino, explotación laboral en trabajo doméstico en sexo femenino.

Las familias entregan a sus hijas en matrimonio desde un imaginario cultural que las excluye como sujetos de derechos y esta no se reconoce como ejercicio de violencia

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El uso del matrimonio como mecanismo de esclavización de las adolescentes y mujeres se muestra en dos perspectivas. Una perspectiva que es el matrimonio como la “honra” para las mujeres y adolescentes en trabajo sexual pero que se convierte en explotación y compra de las mismas, y la otra perspectiva que es el matrimonio servil-forzado en el que encontramos casos de mujeres que en su adolescencia fueron vendidas a hombres adultos por familiares y el caso de adolescentes que son sobrevivientes de violación-abuso sexual pero que su familia las obliga a casarse o ellas entienden que tienen que casarse porque “ya son mujeres”.

La presencia del matrimonio de forma impuesta, “matrimonio forzado” tiene unas raíces históricas en mujeres y adolescentes que fueron víctimas de trata. Se mezcla la imposición del matrimonio con una persona adulta en la niñez y adolescencia con la venta en matrimonio hacia esta persona adulta para obtener beneficios.

Las familias entregan a sus hijas en matrimonio desde un imaginario cultural que las excluye como sujetos de derechos y esta no se reconoce como ejercicio de violencia.

Esta práctica de matrimonio históricamente presente en nuestra sociedad hoy tiene una mirada de sanción social y se identifica como matrimonio infantil y matrimonio forzado. Las niñas y adolescentes casadas con hombres mayores a ellas entran muchas veces a vivir situaciones de subordinación, explotación sexual y violencia de género. Sin embargo, para muchas familias este matrimonio puede ser una salida al mejoramiento de su calidad de vida, o la obtención de beneficios económicos por los mismos.

Dentro de estas pautas matrimoniales se encuentran casos de venta en matrimonio. Vender a las hijas para obtener beneficios coyunturales o por un determinado tiempo es una modalidad de trata que es denominada “matrimonio servil”.

Dentro de las prácticas de matrimonio infantil y matrimonio forzado se encuentran así prácticas de trata que se esconden tras el velo de que con ello se salva su “honor” porque fueron víctimas de abuso sexual. El hombre o joven que “se tiró” a la niña o adolescente (la violó) debe asumir la responsabilidad económica de ella y por tanto llevársela para mantenerla económicamente.

El matrimonio infantil y su contenido de trata queda así invisibilizado y normalizado por el machismo. Su legitimación está presente en nuestra cultura social y genera ambigüedades en la población femenina adolescente, joven y adulta que muchas veces no conoce sus derechos y se culpabiliza de ser víctima de abuso sexual e identifica en la compensación económica a la familia o el que “la mantengan” como un “favor” y no como una “venta” en la que son víctimas de trata.

La ruptura con este imaginario cultural debe estar acompañada de procesos educativos y culturales que apunten al reconocimiento de los derechos de la niñez y adolescencia con énfasis en las niñas, adolescentes y mujeres como sujeto de derecho libres de la subordinación sobre el poder masculino en sus cuerpos, su sexualidad y su libertad.

Este artículo fue publicado originalmente en el periódico HOY

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