Mariano Figueroa De Paula

I

Hace ya casi un mes del atroz homicidio de Mariano Figueroa De Paula de las manos del policía municipal Ángel Ogando. Todavía hoy estoy perplejo de lo sucedido por lo cruel, brutal y desalmado de su muerte. Una muerte que revela claramente el estado de violencia en que está sumido el país y también como va aumentando el desprecio por la vida.

Como la mayoría de personas que vimos el vídeo donde se ve claramente a Ángel Ogando arrebatarle una escopeta a un militar que lo acompañaba en su operativo y dispararle directamente a la cabeza a Mariano Figueroa De Paula, yo no lo conocía. Pero ha sido difícil borrar la imagen de su asesinato, de drenar la indignación e impotencia que este hecho me ha dejado.

No conocía a Mariano Figueroa De Paula pero, según lo que ha reseñado la prensa, tenía 44 años, tenía familia inmediata (una esposa y dos hijos), era camionero y tenía varios meses sin empleo formal. De ahí que se dedicara a recoger escombros. De acuerdo a sus familiares salía de su casa a las 5:00 A.M. y normalmente regresaba a las 7:00 P.M.

Este es el perfil del dominicano promedio, el trabajador informal que sale a trabajar de sol a sol a buscar el moro y que hace frente a las adversidades de una ciudad agreste y hostil.  El 18 de julio de 2018, Mariano Figueroa De Paula no llegó a su hogar como acostumbraba. Y en ese hecho es imposible no verse, aunque sea un poco, reflejado.

Es cierto que la única certeza en esta vida es la muerte, que llega cuando quiera y como desee. Pero también es cierto que no debería venir de un agente municipal que no estaba supuesto a tocar un arma de fuego ni de un funcionario cuya misión principal es guardar el orden y garantizar el pleno ejercicio de los derechos fundamentales.

Uno de los mensajes que manda el asesinato de Mariano Figueroa De Paula es el del miedo a la ciudad, a no poder expresarse, a no poder indignarse ante lo que se considere injusto, a no poder cooperar para lograr un fin común, a ayudar al otro, a solidarizarse con el otro, porque fácilmente se le “escapa” un tiro alguien.

II

El homicidio de Mariano Figueroa De Paula no sucedió en uno de los tantos sectores marginados de Santo Domingo ni tampoco en algún municipio o distrito municipal caracterizados por la pobreza, sino frente a una de las plazas más rimbombantes de Santo Domingo.

Y la interpretación de este hecho no puede hacerse desde la óptica elitista de algunos escribidores en relación al auge de la violencia, los atracos y los robos diciendo que “están bajando” o “ya están llegando a nuestros hogares privilegiados”. Una interpretación más acertada de este hecho trágico es que hay una política de eliminar la pobreza matando a los pobres. Incluso matándolos a pesar de dejarlos vivos pues se les quita su sustento sin darle otras opciones u oportunidades. La ordenanza municipal antilimpiavidrios, propia del populismo clasemediero ¿cuál alternativa ofrece para estas personas que se ganan la vida con este oficio?

Quizás se piense que sacarlos de las calles hará las esquinas más seguras y los tapones menos tediosos; pero la pregunta obligada es: ¿sacarlos para que hagan qué?

Igualmente me surge una batería de preguntas sobre la actual gestión municipal y la ejecución de la ordenanza antilimpiavidrios: ¿Qué está haciendo el Ayuntamiento del Distrito Nacional para fomentar el empleo y la educación de estas personas? ¿Tiene David Collado un programa de empleo propiciado desde el Ayuntamiento del Distrito Nacional en coordinación con el gobierno central? ¿Cuál es la política social del Ayuntamiento del Distrito Nacional dirigida a paliar la pobreza y la desigualdad estructural que, en parte, lleva a menores y jóvenes a limpiar vidrios en las avenidas de la ciudad?  El portal del Ayuntamiento del Distrito Nacional sigue con los vestigios de la administración pasada y sus noticias no contestan estas preguntas.

Lo cierto es que el homicidio de Mariano Figueroa De Paula tiene un simbolismo brutal: pobre, desempleado e indefenso fue asesinado frente a una plaza comercial exitosa durante un operativo de limpieza por la policía municipal.

III

La clase política, en especial la que se denomina oposición, está tan desconectada de la realidad social, del día a día, de la difícil cotidianidad de la gente de a pie y tan inmersa en sus intereses puramente corporativos que el asesinato de Mariano Figueroa De Paula pasó desapercibido. En parte entiendo que la militancia y dirigencia del Partido Revolucionario Moderno (PRM) no afilaran sus cuchillos contra su compañero; pero no lo voy a comprender del resto.

En otras latitudes el homicidio de Mariano Figueroa De Paula no se limitaría sólo a una responsabilidad jurídica como de la que es pasible David Collado, sino también de una responsabilidad política que no ha sido mencionada.

Importa más el falso debate de las primarias que la mano dura del Ayuntamiento del Distrito Nacional frente a los humildes. Preocupa menos la ausencia de formación de los agentes de seguridad que lucubrar sobre un escenario de reelección. Es mejor prestar atención a la batalla campal entre el danilismo y el leonelismo que a la señora octogenaria del frente de la acera que pide para comer, que al limpiavidrios toxicómano de la esquina que necesita intervención médica o que al joven chiripero que está vendiendo gafas desde media mañana hasta que terminen los tapones.

No es para menos que se hable de crisis y desconfianza en el sistema de partidos cuando todos sus agentes solo se miran el ombligo.