Cuando el Unicornio dijo que tenía que descargarse todos supimos que la cosa ya era extrema. Somos un manojo de ciudadanos permisivos y fingir que no nos damos cuenta funciona solo hasta un punto. Uno despierta cuando sufre en carne propia lo que con tanto descaro uno le deja pasar a otros. Es bueno y bonito quejarse de las “autoridades”, del presidente y los funcionarios, ellos se lo ganan de sobra. Pero ¿qué hay de nosotros? Los que sí tenemos la culpa.
“Somos cómplices al no denuncias los abusos de las supuestas autoridades, nos reímos de los panas cuando caen preso o cuando se llevan a un particular pero nadie dice na' por temor a que le rompan la boca yo tampoco cambio nada escribiendo esto pero por lo menos tengo donde descargarme…”
Esa fue la voz de alarma y fue un par de días antes de “Poetas pal Colmado #3” donde a las nueve de la noche llego la policía y se acabo el evento, simplemente porque si. Mucho antes eran las redadas en el colón y el duarte donde la policía tenía órdenes de llevarse, y cito, “a pájaros y mariconas y a todo el que se vea raro”. En todos esos casos nosotros estábamos ahí, y lo sufrimos, y vimos sufrir a otros y nadie hizo nada. “pero nadie dice na' por temor a que le rompan la boca”.
Por otro lado, la semana pasada le robaron el vehículo a un compañero de trabajo y cuando la policía lo recuperó (de hecho estaba en su poder cuando fue a poner la querella) hubo que pagarle a la policía para que se lo entregaran. Así unos extranjeros que se quedaban en la casa de un amigo llegaron al país y a los minutos de instalarse en la casa salieron y compraron droga local sin ayuda de ningún conocido. Y si un extranjero sabe dónde comprar droga qué hace la policía parando a un botellero a las once de la noche.
Esto es lo habitual y todos estamos enterados, si alguien tiene el descaro de decir lo contrario que se dé una vuelta por su barrio, por el destacamento más cercano o que simplemente se pare al frente de su casa. Somos más que cómplices, somos la causa. El problema, el verdadero problema, lo tenemos nosotros por no hacer nada. La sociedad se deja llenar el morbo por unos días porque mataron a un muchacho, después se dice que es metálico y su muerte se hunde en un aura pastosa de mitos y esa muerte (que es como cualquier otra) deja de tener valor porque el morbo toma otra perspectiva.
Somos una sociedad asqueante. Somos apenas una versión burda de la cárcel de Stanford. Aquí no queda ni una sola autoridad con quien quejarse que no esté subordinada a la corrupción o a una entidad corrupta. Tenemos las mayorías atadas a causas inútiles simplemente para que puedan creerse revolucionarios. Y nadie va a hacer nada porque todos tenemos un tío viceministro o general.
Solo queda ya un aviso para finalizar esta queja: Si eres hombre, entre los quince y los cuarenta ten miedo, perteneces a la mayoría que hay que perseguir y acosar. Y eso no solo es mentalidad de la policía.