Opinión

Mandela, un camino a seguir

Por Jaime Marizán

Un hombre que sale de la cárcel, luego de casi treinta años encerrado y que es investido con el extraordinario poder de la gran mayoría del pueblo, es probable que se sienta tentado a aplastar definitivamente a sus opresores y a los causantes de su desgracia, eso lo haría un hombre común, pero no Mandela.

Alguien que tiene en sus manos el poder para convertir a una nación entera en el privilegio de una sola raza, desterrando a otras razas antagónicas o humillándolas para mostrarles quién manda, sería una conducta lógica de cualquier persona, pero no de Mandela.

Cuando se tiene el Gobierno y todo lo que eso implica en cuanto al poder y el manejo de los recursos, cualquier persona optaría por conductas autoritarias, reeligiéndose indefinidamente, y usando indiscriminadamente los recursos, eso lo han hecho muchos, pero no Mandela.

Una persona cuyo mensaje y obra es capaz de unir a toda la humanidad, que los rivales coincidan en un punto de vista común y que incluso haya solicitado que su funeral sea un oficio interreligioso de Cristianos, Judíos, Hindúes, Musulmanes, es verdaderamente grande, ese es Mandela.

Un hombre que pasa treinta años en una cárcel y sale de ella hacia la Presidencia de la República, no puede ser cualquier persona, sino un extraordinario ser humano que nació para mostrar un camino, una vía a seguir por la humanidad.

Mandela es uno de esos personajes que te chocan, necesariamente tienes que sorprenderte cuando conoces su historia, porque su comportamiento te da la certeza de que es posible practicar las enseñanzas del divino Jesús.

Luego de varios años en la cárcel Mandela se convirtió en un líder nacional, lo cual le llevó a torcer el brazo de la minoría blanca que gobernaba Sudáfrica. En la cárcel y fuera de ella, muchos de sus correligionarios le instaban a vengarse de aquellos que tantos crímenes, atrocidades y violaciones habían cometido contra los negros sudafricanos. Pero Mandela tenía otro propósito, su visión trascendía la estrechez mental de los que lo seguían, él comprendió su papel en la historia de la humanidad, supo que debía contribuir al entendimiento entre los seres humanos, dar un mensaje de unidad que mostrara que a pesar del color de la piel, de la diferencia en cultura, educación, religión, medios económicos y en ideales, la humanidad es una, el ser humano es uno.

Quiero relatar una de sus grandes hazañas. Siendo Presidente de Sudáfrica faltaba un año para el Mundial de rugby cuando llamó a su despacho al capitán de la selección, Francois Pienaar. Mandela le pidió ayuda para lograr que los negros se identificaran con la selección de rugby, formada casi en un cien por ciento de blancos. El mensaje de Mandela caló tan hondo que el equipo aprendió un nuevo himno, en lengua zulú. Era el himno que se cantó durante décadas en las manifestaciones de los negros contra los blancos.

El capitán Pienaar decía:  “Lo llamábamos Madiba Magic, él tenía la magia, tenía el aura. Yo estaba impactado por su humildad”.

En la final de Rugby y una hora antes del partido, Mandela llegó al estadio, los bares estaban repletos de negros a los que nunca antes interesó el rugby, entonces Mandela se puso la camiseta del capitán Pienaar y con ella saludó uno por uno a los jugadores, lo que produjo un silencio absoluto, hasta que más de setenta mil personas comenzaron a corear su nombre: “¡Nelson, Nelson!”, con la grata satisfacción de que más del noventa por ciento de los presentes era blanco. Este fue uno de sus momentos más gloriosos, porque ahí aplastó el odio, su amor unió a Sudáfrica y su mensaje llegó al mundo entero.

Mandela nos enseñó que:

Es posible convivir con otras personas, aunque tengamos ideologías diferentes.

Es posible conciliar posiciones, por muy dispares que parezcan.

Es posible perdonar a aquellos que nos han causado un gran daño.

Es posible construir una nación sobre la base de la convivencia pacífica y el respeto a las ideas de otros.

Es posible tener una actitud compasiva hacia el perdedor y una actitud humilde cuando soy el triunfador.

Y quizás lo más importante en estos tiempos en que recordamos el nacimiento del Señor: la vida y las enseñanzas de Jesús no son una doctrina para predicar o difundir, es un ejemplo a practicar, un camino a seguir, Mandela lo demostró.

 

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