Para Milagros Ortiz Bosch

 

Los habitantes originales de la isla no conocieron el carnaval.  Este es traído por los colonizadores españoles.  No hemos encontrado documentación sobre la existencia musical en las calles de la ciudad de Santo Domingo, donde hay carnaval antes de 1520, el primero de la isla y del Nuevo Mundo.

Solo había música en las celebraciones de los bailes de carnaval de la Real Audiencia en lo que hoy es el Museo de las Casas Reales, en algunos bailes privados como la del Presidente de la Real Audiencia y en el baile de carnaval que organizaban los estudiantes de la Universidad de Santo Domingo, la primera de América.

Después de la Independencia Nacional y sobre todo posterior a la Restauración, cuando las élites tomaron como como referencia a Paris y a Venecia,  trajeron de allí los confetis y las serpentinas para sus carnavales, sustituyendo al Rey Momo por la Reina del Carnaval, que era elegida en los clubes y casinos privados de las familias sagradas y coronadas en un baile de carnaval, donde la participación del pueblo estaba prohibida.

Luis Dias

La coronación de las reinas y bailes de máscaras era con orquestas musicales reconocidas, que no tocaban música específica de carnaval, sino valses, danzas, contradanzas, boleros, criollas y danzones. 

Un año después de la Restauración, en 1866, el Ayuntamiento de Puerto Plata, emitió una resolución donde se consignaba que se permitían los bailes de carnaval a nivel privado, teniendo que pagar los organizadores cuatro pesos fuertes a la Caja Comunal, permitiéndose las máscaras durante  el carnaval solamente de día a los hombres y las mujeres lo podían hacer de noche para ir al baile, debiendo llevar un farol encendido como identificación.

En 1895, en una visita que realizó el apóstol José Martí en compañía del Generalísimo Máximo Gómez al Centro de Recreo de Santiago, escribió en su diario: “Me recibe la charanga, con un vals del país, fácil y como velado, a piano y flauta con güiro y pandereta.  Los mamarrachos entran, y su música con ellos; las máscaras, que salen aquí de noche, cuando ya está cerca el carnaval”.

En 1898, según Tulio Manuel Cestero, “en las cercanías del puerto, en la ciudad de Santo Domingo venían los negros Mina desde su aldea fluminense de San Lorenzo  a bailar tangos africanos al son de canutos, compuesta de parejas distinguidas que sobre tallos de caña brava bailaban con elegancia”, cosa que se expresaba también en los barrios de San Miguel, San Antón y Santa Bárbara, lo cual nos recuerda las expresiones de Oli-Oli de Samaná. 

No tenemos documentación sobre expresiones musicales carnavalescas,  durante la primera intervención norteamericana en el periodo 1916-24, ya que fue prohibido el carnaval en este periodo, por precaución de los invasores ante las posibilidades contestatarias y subversivas  del carnaval.

Como parte de una tradición, las familias sagradas de las élites de la ciudad capital, culminaban su carnaval con la coronación de la reina y su corte en sus clubes exclusivos, en la cual participaban las mejores orquestas musicales de la época.  Cuando Trujillo llegó al Poder, para relacionarse con esas familias, apoyó estos bailes de salones carnavalescos, haciendo que participara en los rituales de la coronación las Bandas Militares, como ocurrió en la de Clara Aurora I y la hermosa e impresionante mulata Lina Lovatón, donde, además de confetis y serpentinas, se lanzaron monedas de oro al público, según el historiador Emilio Rodríguez Demorizi.

A nivel popular, en el carnaval de la ciudad de Santo Domingo, encontramos impulsos melódicos en los cencerros y los cascabeles de los diablos cajuelos, expresiones musicales en las comparsas de los indios con sus tamboras, en algunos Robalagallina, en Se me muere Rebeca y en el Calife con su güira.

En Cabral, Barahona, Fradique Lizardo, se quedó fascinado con las Cachúas y las mangulinas de Belì, a los que bautizó con el nombre de “Los Diablos Danzantes de Cabral”, Barahona.  Desde la primera vez que visité a estos diablos, a mí me impresionó la musicalidad de la cabellera de sus máscaras tradicionales al chocar sus flecos de papel crepé con el viento.

Fernandito Villalona

En 1982, tomando como referencia la musicalidad de los Guloyas de San Pedro de Macorís, Luis Roberto Torres (Cachón) que los había presenciado en los barrios de la parte Norte de la ciudad capital, introduce el redoblante y el bombo en las comparsas de Alí Babá, dándole una nueva dimensión coreográfica y una nueva modalidad musical, convertida hoy en la identidad sonora del carnaval del Distrito Nacional.

Al crearse la Comisión Nacional de Carnaval en 1983, se convocó a un concurso sobre temas de carnaval.  El primer lugar fue obtenido por el maestro y compositor Ciriaco Stull con el tema El Diablo Cojuelo, el cual fue interpretado por la inmensa, siempre presente, Sonia Silvestre en una presentación especial en el Parque Colón, tema que no pudo grabarse por falta de fondos.

En 1984, no se convocó el concurso para escoger el tema de carnaval, por problemas de tiempo.  El Comité Organizador decidió escoger a Luis Días para hacer un tema de carnaval.  Luis nos llevó una propuesta sobre “Baile en el Asfalto”.  Milagros Ortiz Bosch, Presidenta del Comisan Organizadora,  y yo, discutimos con Luis sobre lo abstracto y el contenido del tema y este regresó con Baile en la Calle.

Casi al iniciarse el desfile nacional de carnaval Luis Días y Sonia Silvestre, por vez primera cantaron este tema en el Palacio de Bellas Artes, y luego, grabaron Baile en la Calle, pasando este casi desapercibido, debido al poco tiempo para su difusión.

En 1985, no teniendo tiempo disponible para llamar nuevamente a un concurso sobre temas de carnaval, la Comisión Nacional, reconociendo el valor de Baile en la Calle,  decidió que se lanzara de nuevo, esta vez en la voz de Fernando Villalona, la voz más hermosa y armoniosa del merengue dominicano.

Fui a la antigua discoteca Yemayá localizada en el Malecón de ciudad de Santo Domingo, donde Fernandito tenía una fiesta.  Me senté con él, le dije de la solicitud de la Comisión Organizadora para que el grabara Baile en la Calle como tema oficial del carnaval, indicándole que lo hiciera como un aporte al pueblo dominicano porque no teníamos dinero para pagarle.  Fernandito comprendió la magnitud de esta grabación y generosamente aceptó.

Un domingo de febrero en la tarde, Iván Domínguez y yo nos encontramos con Fernandito y su banda en el estudio de grabación.  Como refuerzo en la producción para la misma, Fernandito llevó a Pedro Raymer, un músico de San Pedro de Macorís que tenía vivencia rítmica de la musicalidad de las islas del Caribe.  Fernandito en esta grabación dio demostraciones musicales de que sabía cantar y también dirigir su orquesta.  Quedé profundamente impresionado.

Se impuso el estilo de Fernandito.  Baile en la Calle fue recreado exitosamente. En la grabación original, Iván y yo pusimos los pitos y la algarabía de fondo.  Fernandito, vestido de diablo cojuelo, presentó este tema en el Malecón ante miles de personas en el Parque Eugenio María de Hostos exitosamente.  Desde ese momento, las comparsas a nivel nacional y el pueblo lo acogieron con euforia y con identidad. 

Se convirtió en un himno nacional del carnaval dominicano, trascendiendo a niveles internacionales, ya que he podido escucharlo en el carnaval de Haití cuando participamos con la comparsa de la UASD representando al país, en el carnaval de Curazao, Guadalupe, Aruba, Panamá, Colombia y en un desfile del Carnaval dominicano en Madrid, España. 

La recreación de este tema de carnaval y la voz hermosa, limpia y aterciopelada de Fernandito redimensionaron este tema, le dieron al pueblo su propia identidad, sus esencias culturales, sus contenidos subversivos y su afianzamiento como protagonista.

El inmenso Luis Días, el músico-compositor con mayor conocimiento y sensibilidad sobre las esencias de la identidad de la cultura popular dominicana, le dio niveles de trascendencia a Baile en la Calle.  El secreto original de este tema musical esta en:

  • La lírica, su literatura simple, reiterativa, repetitiva, fácil de recordar, poseyendo un contenido ideológico de afianzamiento de la conciencia de clase de los sectores populares.
  • Rítmicamente responde a la dimensión de la marcha  de las comparsas en la calle, donde logra integrar células musicales existente en otros ritmos folklóricos, en una fusión creativa de Palos, Salves, Merengue, Sarandunga y Gaga, de acuerdo con el propio Luis.
  • Este tema de carnaval se redimensiona, se identifica con la gente que lo hace suyo, con la voz de Fernandito y el arreglo de Pedro Raymer, con un contenido donde la esencia es la libertad, ofertando la tentación de la democratización que niega la sociedad.

En realidad, la calle se presenta como símbolo popular de reivindicación, del triunfo del pueblo, redefinido por una conciencia de clase que solo la dimensión episódica, transitoria del carnaval como catarsis puede ofrecer.  En ese deseo reprimido por la represión oficial, se expresa contestatariamente en ese momento ante la indignación por haber robado las esperanzas primaverales del gobierno de Juan Bosch, la generosidad y el sacrificio de la gesta patriótica del 14 de Junio, la desvergüenza de la segunda intervención norteamericana del 65, la frustración del sueño de abril y la inmolación del Coronel Caamaño, el Comandante de la dignidad,

La simbolización del contenido subversivo de Baile en la Calle se expresa como esencia ideológica del futuro social, donde un pueblo feliz, sin explotación, realizado por la igualdad y la democratización explicita su testimonio:

                                     “En el carnaval

                                       baila en la calle de día                                       

                                       baila en la calle de noche

                                       para que juntemos nuestras alegrías.”

Es una expresión subversiva de catarsis ideológica de identidad, de  esencias populares, donde el carnaval es símbolo de libertad y de democratización popular, donde hay un pueblo feliz, en una gratificación de la alegría, que no necesita club o paredes para gozar, donde no hay que pagar ni presentar  una invitación oficial de las élites, exclusiva y excluyente, que prohíbe la presencia del pueblo.

Después de 43 años de la grabación recreada de Baile en la Calle por Fernandito Villalona, está vigente esta composición musical, autoría de Luis Días, que sin dudas, es el himno del carnaval dominicano.