Entre el ciclón del 3 de septiembre de 1930 y la "feria de la paz" se consolidó una ciudad con parte alta y parte baja. La baja se fortaleció con la burguesía hereditaria, acomodada y dueña del capital o emparentada con el mismo. Arriba quedó todo lo contrario, por eso las barriadas fueron identificadas como "villas" mientras las de la parte baja eran ensanches o simplemente tenían su nombre sin significar la calidad de la categoría organizacional. Los barrios, unos tradicionales más que otros, tuvieron en ese momento un punto de encuentro pivotal que se puntuaba en el Parque Independencia (que todavía tenía su famosa glorieta).
Pero cuando hicieron las Ferias (ganadera incluida) la ciudad fue llevada a explorar su oeste en lo inmobiliario. Los pulcros edificios de la "confraternidad", colocados ante la franja del malecón, pretendieron llenar el vacío desde ahí y hacia el este, donde no había nada construido para esos años, por lo menos entre el Hotel Jaragua y el Banco Agrícola (uno de 9 bancos que existían).
A partir de esos momentos hubo un resquebrajamiento de las lógicas urbanísticas. La ciudad empezó a crecer, pero no como se esperaba, y aquellos edificios puntuales quedaron rodeados de una habitabilidad insospechada. Así se empezaron a dar las dicotomías. Hay hospitales y escuelas públicas situadas en contextos barriales a los que no pertenecen sus usuarios.
En las tres tandas de escolaridad que se imparten en la escuela pública que fuera el antiguo Colegio Serafín de Asís (zona colonial, Mercedes esquina Duarte) asisten estudiantes de Gualey, Guachupita, Domingo Sabio y otros alejados barrios. Los usuarios, uniformados como estudiantes pero entre los que hay delincuentes que roban a los vecinos (según denuncias) deben pagar transportes en las destartaladas "voladoras" las que absurdamente transitan dentro de la Zona Colonial (turística y monumental). De lo contrario deben caminar largas distancias.
La maternidad, frente a la Plaza de la Cultura, rinde un servicio social inmenso, pero lo hace con grupos que deben desplazarse desde muy lejos para recibir asistencia médica. Igual ocurre con el Hospital dedicado a la Mujer de la Av. Bolívar frente al antiguo Zoológico; idéntica situación afecta al antiguo "Angelita" en la "Feria de la Paz"… Pero además hay sitios cuya obsolescencia de ubicación es evidente y palpable.
El Banco Agrícola, la Cancillería, la PN… por qué están allí. El dislate de las instalaciones de la Marina en Sans Soucí y la Embajada de EU en Gascue, y sus ya por fin desmantelamientos y traslados, evidencia que se pueden corregir desubicaciones que contribuyen al desorden.
La ciudad debe cambiar para adecuarse a los tiempos. Se necesitaban alternativas y nuevas vías pero no las mismas aumentadas en su capacidad de carga, de velocidades y traslados que han demostrado que aumentan los entaponamientos vehiculares, ya a cualquier hora, no solamente en las horas pico y, claro está, incluso en los elevados que se empezaron a construir como "solución" del problema hace apenas 15 años y ahora son un solo tapón, pero en alturas.
Hace años se baraja un puente en la desembocadura del Ozama. Insistimos, debe ser un túnel. La Habana tiene dos, uno de 1943 y el otro de 1947. Por qué Santo Domingo, con la tecnología constructiva del Metro (como experiencia) y la asistencia de consorcios extranjeros no podemos hacer uno en ese lugar.
Darle continuidad a las calles sin salida podría ser una alternativa vial, una especie de cateterismo en tiempos de las acupunturas urbanas. Expropiar propiedades y darle sentido de comunicación a esas vías descongestionaría parcialmente algunos sectores de la capital dominicana. Hay recursos para muchas cosas, para esto debieran aparecer.