En medio de todas las denuncias de corrupción generadas alrededor de nuestros tres Ministerios de Educación, es de suma importanciareflexionar sobre el rol de estas instituciones y reiterarlas implicaciones que estas tienen sobre la calidad de nuestro sistema educativo y nuestro futuro como nación.

Comenzando con la reciente denuncia dentro del Ministerio de la Juventud (1), considero un absurdo total tener que financiar una institución sin razón de ser. La juventud es un segmento poblacional vital para el desarrollo de cualquier nación.  Aun reconociendo esto, no amerita la existencia de dicha institución.  Cada instancia de toma de decisión del Gobierno debe contar con especialistas en materia de juventud, o más bien,contar con hacedores de políticas de Estado capaces de considerar las implicaciones de sus decisiones sobre dicho segmento poblacional. No significa que amerite un Ministerio, peor aun, una estructura populista cuya carga se hace cada vez mayor cuando consideramos la situación económica en la que nos encontramos y que ha llevado a una reforma fiscal injusta y onerosa sobre las clases media y baja.  Por último, el Ministerio de la Juventud fomenta la duplicidaddentro del Estado Dominicano.  ¿Qué hace el Ministerio de la Juventud que no haga el Ministerio de Educación?

¿Qué piensan sobre el Ministerio de Educación Superior (2)? ¿Qué ha logrado dicha institución en los últimos ocho años de gobierno? ¿Acaso regula la calidad de la educación superior pública? ¿Acaso ha jugado un papel en resolver los problemas que agobian a la Universidad Autónoma de Santo Domingo?¿Qué funciones cumple? ¿Cómo podemos medir el impacto de sus programas de becas? ¿Cómo ha intentado resolver el déficit de maestros universitarios en matemáticas y ciencias que dice es prioridad nacional?Las respuestas a estas preguntas no son alentadoras.  De nuevo, me llevan a cuestionar la razón de ser de dicha institución.

Parte del problema de nuestras autoridades en materia de educación es que analizan los distintos segmentos educativos de manera aislada.  Tener tres instituciones independientes contribuye a reforzar esta ceguera y consecuentemente lleva al olvidode la transición entre dichos segmentos educativos que pudiesen promover la retención del estudiante dentro del sistema.  Los perjudicados somos nosotros: los usuarios del sistema y el resto de la población que deja de percibir las externalidades positivas de una educación de calidad.

Concluyo con el Ministerio de Educación (3).Considero el empoderamiento de la ciudadanía alrededor del cumplimiento del 4% del PIB para la educación preuniversitaria muy importante.  No obstante, hemos dedicado poco tiempo a analizar el clientelismo que dicha institución genera al manejaruna abultada nómina de más de 30,000 empleados.

Actualmente contamos con tres Ministerios de Educación.  El sector empresarial constantemente pide al Estado que sanee su gasto. ¿Cómo hacerlo? Planteo la disolución del Ministerio de la Juventud y del Ministerio de Educación Superior para integrarlos a la estructura de un único Ministerio de Educación que vele por garantizar acceso a una verdadera educación de calidad.  Este nuevo Ministerio no requeriríade más de tres viceministros. Y no, no tendría Viceministro(a) de la Juventud.

Los gastos innecesarios bajo la actual estructurade estas tres institucionesson muchos.  Pueden no parecer sustanciosos relativos a los que podríamos encontrar en otras oficinas de gobierno. Sin embargo, tienen un impacto negativo descomunal sobre la capacidad de nuestra población de librarse de la actual subyugación de la ineficiencia, gastos y funciones duplicadas del Estado Dominicano.Y esto, puede sermucho más oneroso que un déficit fiscal coyuntural.