En un primer artículo sobre este tema abordé la situación de un señor que había cumplido una condena por asesinar a su esposa y al salir de la cárcel encontró una mujer dispuesta a casarse con él. En esta ocasión quise aprovechar esta reflexión que me hizo llegar una amiga y decidí compartirla con ustedes pues me parece importante para quienes hayan pasado o estén pasando por alguna ruptura en su relación sentimental. En estos procesos la vida duele y casi siempre de quien terminamos olvidándonos es de nosotros mismos.

Cuando nos entregamos al amor tenemos que tener en cuenta que no siempre resultará como esperamos porque en el amor hay riesgos asociados, como, por ejemplo, terminar con el corazón roto porque alguien no desea permanecer a nuestro lado. Dice el dicho “que en la guerra y el amor todo se vale” sin embargo debe haber un límite que bien podría ser no siempre perder nuestra dignidad.

Si bien, cuando vemos que nuestra pareja se encuentra en un estado apático y algo desinteresado o desinteresada (según sea el caso) por nosotros, poner todo nuestro esfuerzo puede darle un nuevo aire a la relación con muy buenos resultados, pero debemos poner estos esfuerzos sin generar la autodestrucción, porque puede que logremos retrasar el final, pero cuando éste es inminente no habrá nada que podamos hacer para que esa persona pueda estar a gusto a nuestro lado… y nos podemos preguntar: ¿Qué sentido tiene estar junto a alguien que ya no desea estar con nosotros? ¿Tan poco sentimos merecer en el amor?

El amor se vive, se disfruta, y cuando se sufre porque es una señal que debemos soltar, aunque nos duela el corazón.  Pero si podemos rescatar los aspectos positivos durante ese tránsito, nos daremos cuenta de que cualquier relación en donde hayamos podido amar, es una gran ganancia en nuestras vidas. Así que aprendamos a decir adiós de manera oportuna.

Dice Blas Pascal que el corazón tiene razones que la razón desconoce. Siempre deben existir razones del corazón. Cuando esas razones, por la razón que sea, desaparecen será importante identificar otras alternativas que permitan que un corazón siga latiendo, pero nunca dejar el corazón sin razones. Siempre existirán razones para amar, aunque a veces la realidad se empeñe en decirnos que sólo existen razones para sufrir. Si hoy sufres por amor, es importante que también busques las razones que te hagan sonreír por amor. La moneda tiene dos caras y el corazón también: Puedes albergar rencor o decidir amar. Te recomiendo a que optes por lo segundo.

No entiendo como un hombre dizque por amor, puede matar a la mujer que ama cuando precisamente el amor invita a cuidarla y protegerla. En la lógica del amor no hay cabida para la maldad, el engaño, el rencor. A veces se producen problemas realmente serios porque los egos nunca permiten que podamos ver las cosas con objetividad y el amor condena los egos.

Aprendamos de las experiencias y saquemos provecho de ellas, olvidémonos de esos cuentos rosa que despiertan en nosotros altas expectativas, en los cuales el amor debe unir a una pareja por tiempos indefinidos, con radicales “para siempre”, el amor de dos durará lo que tenga que durar, se transformará de ser necesario, todo cambia y eso está bien. Lo que no puede estar bien es descuidar el que sin negociación debe durar toda la eternidad: el amor por nosotros mismos.