Todos los veranos recibimos estudiantes de bachillerato como pasantes en la entidad bancaria donde laboro. Como he tenido la fortuna de recibir en mi área jóvenes que sacrifican el ocio por un genuino interés en aprender, me esfuerzo en hacerles un programa retador, que inicio conversando sobre la esencia de la actividad bancaria y sus competidores.  Abrir una cuenta de ahorros o un certificado financiero, es una de las opciones que evalúa la persona que, en determinado momento, tiene un exceso de liquidez. Nadie le impide guardar su dinero extra debajo del colchón, comprar un cerdo el Día de Reyes para venderlo en Navidad o prestar directamente a quien le faltan pesos para una necesidad o negocio.  La tasa de interés de los depósitos y la percepción de seguridad del banco, se comparan con la eventualidad de un robo o fuego que esfume su dinero, pascuas con poca venta o el compadre que otra vez pospuso el pago. Las sucursales bancarias reciben todos los días a quienes deciden, voluntaria y libremente, que sea una entidad financiera que administre su liquidez.

Establecer esta relacióntambién tiene sus ventajas cuando la plata, en vez de sobrar, hace falta y la vinculación allana el camino para obtener un préstamo, tarjeta o línea de crédito.  Las tasas, plazos y otros términos de estas ofertas de liquidez el cliente las compara con las alternativas del prestamista informal, la casa de empeño o llevar un número con la doña que administra el san.  Excelente aquí la oportunidad para ver si los jóvenes pasantes han estado expuestos al falso prejuicio contra quienes se dedican a esas actividades financieras informales, y, por supuesto, ponerlos en contacto con los argumentos libertarios para su defensa.

Por ejemplo, en la película “The Pawnbroker”, sobre el dueño de una casa de empeño en el Harlem de los años 60, descubren una actividad que nada tiene de ilícito, abusiva o inmoral.  Apreciaciones diferentes sobre el valor de una lámpara, relojo máquina de escribir, terminan encontrándose en un monto que hace posible la transacción.  El dueño judionada tiene de simpático. Su trato distante, áspero y seco puede interpretarse como desprecio por los pobres negros o hispanos que entran, sin que los empujen contra su voluntad, a ver cuánto consiguen por su cachivache.  Lo que cuenta, sin embargo, es que a las tasaciones que permiten el intercambio, ambos participantes se quedan con algo que valoran más que lo dieron.  Como esta película es de hace un buen tiempo, en blanco y negro, un poco lúgubre, mostré a los pasantes un simpático corto moderno de Alan Harper. Antológico su intento de empeñar una computadora con Quicken 95, Lotus 1-2-3y el anillo con baño de oro que creía valioso, regalo de su madre por graduarse de “doctor” quiropráctico.  Juzgue por su cuenta en el enlace al final del artículo.

Seguimos con búsquedas de imágenes para las palabras usurero y “loan shark”. Llegan todas cargadas de veneno contra personas cuyo oficio es prestar dinero de su propiedad, en condiciones que molestan a terceros o al moroso que los defrauda.  Les paso lectura de Walter Block sobre el prestamista en “Defending the undefendable”, con la certeza de que las neuronas estarán en guardia cuando escuchen hablar mal de “la mano blanca”, “los ingleses” o “vampiros chupasangre”.  De aquí pasamos a la doña sanera, para nada vituperada, blanco solo de alabanzas por motivarnos al ahorro programado, junto a pequeños grupos de amigos, conocidos o compañeros de labores. ¡Oh glorioso momento! Mi exposición la interrumpe un mensajero con la buena noticia de que llegó el mes siete, el número que aparté para recibir el san, y me entrega el sobre con el efectivo que “manda la licenciada”.  Comenté a los pasantes la naturaleza de estos acuerdos voluntarios de ahorro, donde clave es la reputación de quien selecciona los participantes y administra la recolección y pagos, a la vez que los flujos y rendimientos financieros se los comparo con una cuenta de ahorro, su competidor más cercano.

El programa incluyó leer “Aguacates Juan”, de Lorenzo Vicens, la mejor novela educativa sobre como se forman los negocios cuando no hay forma de escapar a la competencia y la soberanía del consumidor. Las películas “Riqueza Ajena”, “Wall Street” y “Boiler Room” permitieron ambientar las conversaciones sobre los mercados de capitales.  FICALC, un programa gratis en la Web para calcular rendimiento y precio de los valores, ambientó la historia de la emisión de bonos gubernamentales. Con su cuenta de Bloomberg vieron como el mercado ha tratado a Facebook y practicaron con portafolios virtuales.  La pasantía incluyó visitas a otras áreas, como Tesorería y Planificación, y creo que se fueron contentos en un intento por enseñarles siguiendo un poco los pasos del profesor Padre Manuel Maza.