Los nombres de calles, avenidas y plazas en nuestro país, responde a circunstancias diversas, estas designaciones las hace la Sala Capitular de los Ayuntamientos nacionales que son los responsables de recibir las solicitudes de la población o los Regidores, como también las plazas que es de iniciativa del gobierno central o de gobiernos locales e incluso, instituciones privadas y públicas en alianzas.

Lo cierto es que los nombres de calles, plazas y lugares públicos deben responder a valoraciones éticas, de reconocimiento comunitario al destacado munícipe o por otras, de naturaleza históricas, políticas, de servicio a la nación y personalidades del deporte, la ciencia, el humanismo y la medicina como también, la docencia, las bondades y desprendimientos hacia los demás y su espíritu altruista con sus correligionarios y de ciudadanos respetados y de figuras religiosas, tanto nacionales como municipales o locales.

La gama es variada y de múltiple procedencia a la que sumamos aquellos personajes importantes internacionales de la historia, la ciencia, la cultura y la política, a veces en detrimento de muchas personalidades importantes en lo nacional.

Cuidemos la sanidad pública, la conciencia ciudadana, su memoria social y el bien común de nuestras comunidades y el país en general

Tal vez este escrito solo quiere llamar la atención como curiosidad, que las mejores y más grandes avenidas del país están dedicadas sus nombres a personalidades extranjeras, lo cual no niega las proezas de estas personas homenajeadas y reconocidas con la distinción, pero va en detrimento de la autoestima nacional, pues si nos fijamos, en la mayoría de los países los nombres de las principales avenidas y plazas públicas son dedicadas a grandes forjadores de la nación, a personalidades que son o fueron responsables de la fundación de sus países o de personalidades de trascendencia en sus países. Primero se privilegia en esas designaciones a sus gentes y luego a quienes con sus hechos han aportado a la cultura y vida universal, mandando un mensaje claro con eso de que no todo el mundo debe ser designado, y primero reconocer a los nuestros.

Aquí en nuestro país se trata de lo contrario que supone de antemano una visión política de quienes en su momento convirtieron esa gran inversión en un referente extranjero en vez de exaltar héroes y figuras nacionales. Sin querer queriendo, el complejo de guacanagarix (supeditación a lo extranjero), se ha hecho presente en esta sobrevaloración de lo extranjero, al momento de su designación o nombre.

Hay obras de infraestructura vial de gran significación que reciben donaciones de extranjeros, o son resultado de acciones de personalidades que han influido con arrojo a su construcción y en esos casos es meritorio y de rigor su designación, pero en muchos casos, estos nombres de avenidas importantes responden más bien a genuflexiones de los gobiernos del momento, con el centro de poder extranjero dominante, al menos que no sea, reitero una donación o resultado de un intercambio binacional.

No pregono por cambiar nombres y reestructurar toda la toponimia del país, las calles, avenidas, plazas y nombres de provincias y municipios porque con ello contribuimos a desmemoriar a los pueblos y quizás no es ahí que está el principal esfuerzo, sino de ahora en adelante asumir la conciencia como funcionario edilicio, del gobierno central o de otra dependencia del estado o del sector privado, que los nombres de sitios, lugares públicos, avenidas, carreteras se hacen para reconocer la labor de un ciudadano que repercutió con sus hechos en favor de la nación y su desarrollo, cuya obra ciudadana es meritoria de reconocimiento y recordación; grandes obras no deben ser nominadas con nombres cuya recordación es intrascendente o cuya figura pública es motivo de cuestionamiento o controversia, pues estamos obligados, no solo a mencionarlo con frecuencia, sino, que es peor, posiblemente a recordarlo por encima de su accionar público negativo.

El poder siempre define estas calles, lo hace desde el ángulo y la ideología que prevalece en un momento determinado, sobredimensiona personalidades, reitera nombres de personajes en distintos sitios como saturación y olvida intencionalmente otros que han sido tan importantes como los que tenemos en las calles y avenidas de nuestro país, pero estos últimos no encontraron dolientes que luchara por su nominación o simplemente el poder de turno los ignoró por retaliación o revanchismo y eso no construye una memoria social sana y equilibrada, a cada quien según su aporte, para que estas designaciones sean más democráticas y justas.

Lo mismo sucede en las comunidades más pequeñas, que como todos se conocen, a veces son más justas en estas designaciones y hacen verdaderos reconocimientos a líderes comunitarios, personalidades y ciudadanos ejemplares del país y a munícipes destacados de sus comunidades, esto implica que los Cabildos hacen justicia en sus comunidades, aunque podría discutirse aquellos espacios públicos y plazas, carreteras o tramos y avenidas de esos municipios que a veces se alejan un poco más de la justicia social al momento de la designación de nombres para esos espacios del diario transcurrir y que son importantes en la recuperación de la memoria de los pueblos y de sus valores identitarios, pero que los criterios de su designación no respondieron a valoración equilibradas o consensuadas, que es como deberían ser las designaciones y evitar la personalización del jefe o su grupo en estas decisiones colectivas.

Pregono porque las Salas capitulares al momento de asignar nombres, los pondere con justicia, reconocimiento de bien ciudadano y aportes comunitarios, bondades y cualidades humanas del candidato y aportes en diferentes renglones de la vida social y de esos municipios.

Un reconocimiento del nombre de una calle por más corta o simple que esta sea, es para la historia, para la inmortalidad, por tanto, la obra o entrega a los demás del homenajeado, también debió ser en vida, una vocación al bien común, un aporte ético, un luchador por la identidad, por la patria, por la decencia pública, por la educación y el buen comportamiento; de lo contario, no es una acción correcta desde el foro ciudadano que debe representarse en las Salas Capitulares de nuestras alcaldías y es un mal mensaje hacia las futuras generaciones. Cuidemos la sanidad pública, la conciencia ciudadana, su memoria social y el bien común de nuestras comunidades y el país en general, pues esta reflexión incluye, desde un paraje, hasta la ciudad capital.