Botella en el mar

Los mundos interiores en El viejo y el mar

Por Pedro Conde Sturla

Hay por lo menos dos versiones cinematográficas más o menos mediocres de “El Viejo y el mar” de Hemingway, interpretadas por dos artistas de calibre como Spencer Tracy y Antony Quinn y no Queen, como se me chispoteó mejicánamente en la entrega pasada. (“Es un modismo. No es una palabra reconocida por la RAE. Chispotear: Sig: Perder el control, hacer o decir algo que no deberíamos haber hecho”). De cualquier manera ninguna película puede penetrar en el mundo interior del protagonista de la novela que es la verdadera novela como veremos.

 

El mundo o los mundos interiores son los que pueblan nuestra conciencia, nuestras vivencias, ideales, etc., al margen de la lucha por la vida y las necesidades materiales. Los indiferentes se encierran en esos mundos y se desentienden por completo  de la realidad problemática, cultivan su propio jardín como proponía Cándido, el optimista. Otros se refugian en el exilio interior, abominan del entorno podrido, callan por sentirse impotentes o no se cansan de denunciar la podredumbre como un Luis H. Arthur Sosa, por ejemplo.

El mundo interior de Santiago, el protagonista de “El viejo y el mar”, está densamente poblado por un sentimiento religioso, pero extrañamente calvinista, puritano, pleno de un sentido del pecado a flor de piel, que difícilmente se corresponde con el pensar de un cubano y un poco menos con el de Hemingway. Hemingway fue despreciado por su madre y parte de su familia puritana por haberse dedicado a la literatura de ficción, y a pesar de su fama nunca logró reconciliarse.

Lo importante es que Santiago encarna el mito en el que la ideología usamericana basa la grandeza de la nación.

El mito del pionero, del hombre emprendedor, individualista, decidido a todo, se confirma en la gran aventura de Santiago, en la elaboración literaria de una aventura  por lo demás fascinante.

Entonces no es verdad que el hombre solo deba ser necesariamente derrotado. Querer es poder. Basta un poco de valentía, decisión se necesita. Los otros vayan a pescar en grupo. Una cosa sea clara. El hombre  verdadero se hace a sí mismo. En aquel país maravilloso hay ejemplos a granel. Por ejemplo Rockefeller.

La primera objeción a la novela concierne, pues, a la naturaleza o mejor dicho a la construcción del personaje. Santiago debería ser un pescador cubano, sin embargo se parece demasiado a un inglés flemático. Sabemos de él que es muy pobre y debería por lo tanto ser también muy ignorante, pero durante todo el libro no hace más que filosofar en alta voz.

Su andamiaje cultural no es el de un pescador y mucho menos cubano. En realidad es una especie de puritano, quizás descendiente directo de los Pilgrims del Mayflower, con un sentido todo puritano de la culpa y el pecado. Ciertos monólogos parecen salidos de la pluma de Calvino y remiten a su conceptos de la predestinación y la vocación: “Tu has nacido para ser pescador y el pez ha nacido para ser pez. San Pedro era un pescador, y también el padre del gran DiMaggio”.

En otros pasajes -al identificarse con los hermanos y las hermanas bestias del mar, el hermano sol, la hermana luna-, recuerda a Francisco de Asís. Sin embargo, su concepto de las relaciones humanas es un poco la misma de los personajes de “Fiesta”: “…todos matan a todos los demás de un modo o de otro”.

A continuación pueden verse unas citas interesantísimas tomadas de Wikiquote, un extenso muestrario del rico pensamiento que alimenta el mundo interior del pescador “cubano” Santiago:

“No comprendo estas cosas. Pero es bueno que no tengamos que tratar de matar el sol o la luna o las estrellas. Basta con vivir del mar y matar a nuestros verdaderos hermanos.”

“La luna se había levantado hacía mucho tiempo, pero él seguía durmiendo y el pez seguía tirando del bote y éste entraba en un túnel de nubes.”

“Probaré de nuevo, prometió el viejo, aunque sus manos estaban ahora pulposas y sólo podía ver bien a intervalos… Las manos curan rápidamente, pensó. Las he desangrado, pero el agua salada las curará.”

“Soy un hombre viejo y cansado. Pero he matado a este pez que es mi hermano y ahora tengo que terminar la faena.”

“El hombre no está hecho para la derrota. Un hombre puede ser destruido, pero no derrotado.”

“Mi decisión fue ir a buscarlo, más allá de toda la gente en el mundo.”

“Tal vez yo no debería ser pescador, pero para eso he nacido.”

“Era demasiado bueno para durar, pensó. Ahora pienso que ojalá hubiera sido un sueño y que jamás hubiera pescado el pez.”

“Ahora me han derrotado, pensó. Soy demasiado viejo para matar tiburones a garrotazos. Pero lo intentaré mientras tenga los remos y la porra y la caña.”

“Nadie debiera estar solo en su vejez. Pero es inevitable que así sea.”

“En Mayo cualquiera es pescador.”

“El viejo abrió los ojos y por un momento fue como si regresara de muy lejos; luego sonrió.”

“¿Por qué los viejos despertarán tan temprano? Será para tener un día más largo?”

“Decía siempre ‘la mar’. Así es como dicen en español cuando la quieren. Aunque hablen mal de ella siempre se refieren a ella como si fuera una mujer.”

“La Luna, pensaba, le afectaba lo mismo que a una mujer.”

“Sus grandes ojos sin inteligencia mirando fijamente mientras dejaba su vida contra la tablazón del bote.”

“Son buena gente (los delfines). Juegan y bromean y se hacen el amor. Son nuestros hermanos, como los peces voladores.”

“La hembra de aguja presentó una pelea fiera, desesperada, llena de pánico que no tardó en agotarla. Durante todo este tiempo el macho permaneció con ella (...) luego cundo la había matado e izado a bordo, el macho había permanecido junto al bote. Después dio un salto en el aire junto al bote para ver donde estaba la hembra. Después se había sumergido en la profundidad.”

“Miró por sobre el mar y se dio cuenta de cuán solo se encontraba.”

“Los peces no son tan inteligentes como los que los matamos. Pero son más nobles y más hábiles.”

“Se mecía como si el océano estuviera haciendo el amor con alguna cosa.”

“Será más difícil de comer que el bonito, pero después de todo, nada es fácil.”

“El castigo del anzuelo no es nada. El castigo del hambre y de que se halle frente a una cosa que desconoce lo es todo.”

“Este pez podría alimentar a mucha gente, pero ¿serían dignos de comérselo? No claro que no.”

“Pez, vas a morir de todos modos, ¿tienes que matarme también a mí?”

“Requemado por el sol y la violada, redondeada, iridiscente, gelatinosa y violada vejiga de una medusa flotando cerca del bote.”

“Y se dio cuenta de que nadie jamás está solo en el mar.”

“No hay persona digna de comérselo, a juzgar por su comportamiento y su gran dignidad.”

“Quizás no fuese más inteligente que él –pensó-, acaso estuviese mejor armado.”

“Has tratado de comprarla (la suerte) con ochenta y cuatro días en el mar. Y casi estuvieron a punto de vendértela.”

“Cada día es un nuevo día. Es mejor tener suerte. Pero yo prefiero ser exacto. Luego, cuando venga la suerte, estaré dispuesto.”

“El mar es dulce y hermoso, pero puede ser cruel.”

“Y los ojos del pez parecían tan indiferentes como los espejos de un periscopio o un santo en una procesión.”

“Era demasiado simple para preguntarse cuando había alcanzado la humildad. Pero sabia que la había alcanzado y sabia que no era vergonzoso y que no comportaba perdida del orgullo verdadero.”

(De Wikiquote, la colección libre de citas y frases célebres.)

 

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