Un grupo de profesionales se juntaron a debatir sobre las causas profundas de la violencia en la sociedad, la principal preocupación  generada en  este debate es la epidemia de femenicidios.

Una que otra conclusión estableció el lenguaje violento de los reguetoneros y sus atuendos estrafalarios acentuado por la exaltación machista del género callejero, como causa eficiente del problema.  ¿Y los poli-homicidios?, no perturban la sociedad de siquiatría dominicana y, no convocan a un panel para asumirlo  en  discusión  como una epidemia preocupante, propia de una fuerza del  orden demencial y fuera de control. Por cada femenicidio se producen cuatro poli-homicidios, ejecutados por uniformados.

La preocupación debe ser mas allá de la lucha de género, hay que trabajar para sanar la sociedad de una tendencia a relativizar el valor de la vida y cosificar el ser humano, reduciéndolo a un simple tema de discusión. Cualquier forma y  categoría que se pueda establecer en el despojo de la vida de  un ser humano,  por  otro ser humano, compunge  el alma y, es la expresión de la degradación a que se ha sometido  la convivencia humana civilizada.

No se puede mirar solo hacia un lugar o factor causal del problema, los reguetoneros  y su lenguaje sexo violento.  ¿Y los medios de comunicación y su estilo pro violencia?.

Se ha hecho moda en el formato, estilo de conducción de la radio y la televisión dominicana los llamados Talk Show; programas sin reglas ni técnicas de producción, de lenguaje sin restricción  orientados por el  espontaneísmo y la imaginación de sus productores, sin ninguna temática preestablecida.  Se juntan, cual jolgorio,   en el estudio de radio o televisión cada día, a lo que pueda pasar, con la  ausencia total del rigor profesional.

El retrete rural más humilde, como cabina del pudor y la intimidad, luce gigante y decoroso frente a estudios de radio y televisión donde se hacen programas   que lastiman la función sublime de un medio: de informar, educar, entretener y orientar.

Estos programas en números significativos, pues es la forma más fácil de hacer radio o televisión, promueven  la violencia y, con ello la ofensa, la agresión moral. ¿Cómo es posible que desde un micrófono o una pantalla de televisión usted se dé el lujo de proferir insultos cómo?:

Cuernera, sucia, burro, loco, come mierda, tómate la pastilla, espérame en la esquina yo salgo ahora, ladrón, hijo de puta, mal nacido y préstame tu mujer o tu hija para que veas,   entre otras figuras literarias del nuevo lenguaje violento  de la producción radial o televisiva vanguardista.

Los reguetoneros y su lenguaje, la policía y sus intercambios, la libertad de prensa y los productores de radio y televisión violentas y agresivas,  son tres factores o coordenadas sociales que contribuyen con el auge del femenicidio, ejecuciones  extrajudiciales e irritación social, en síntesis, violencia sin límites por los cuatro costados.