La esquina del buen ambiente

Los matices de la economía verde

Por Carlos M. García Cartagena

La economía verde, es una iniciativa impulsada por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y se define como “un sistema de actividades económicas relacionadas con la producción, distribución y consumo de bienes y servicios que resulta en mejoras del bienestar humano en el largo plazo, sin exponer a las generaciones futuras, a riesgos ambientales y escasez ecológicas significativas”.

 

Es un nuevo paradigma basado en que la economía debe estar dominada y dirigida por la oferta y la demanda de productos y servicios amigables y que mejoren la calidad el medio ambiente.

El PNUMA promovió en 2008 el Pacto Verde Mundial, en 2009 publicó el informe “La economía de los ecosistemas y la biodiversidad” (del proyecto TEEB por sus siglas en inglés) y en 2011, el extenso reporte “Hacia una economía verde”, dividido en tres secciones: inversiones en capital natural (agricultura, agua, bosques, pesca); inversión en eficiencia energética y uso de recursos (energías renovables, industria manufacturera, basura, construcción, transporte, turismo, ciudades) y transición a la economía verde (financiamiento y condiciones políticas favorables).

En julio de 2012, durante la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible conocida como Río + 20; esta propuesta recibió otro espaldarazo cuando los Jefes de Estado y de Gobierno aprobaron como documento final el escrito titulado “El futuro que queremos”.

El concepto de economía verde se fundamenta en la Economía Ambiental, es decir, su instrumental analítico y propositivo es el de la economía neoclásica convencional, por lo que mantiene los patrones tradicionales de producción, consumo y acumulación, evaluando su desempeño a través del crecimiento económico visto como el elemento que permitirá resolver los problemas que enfrenta la humanidad.

Esto plantea una paradoja pues por un lado, se refiere a la necesidad de lograr la estabilidad y un desarrollo sostenible mientras que por otro lado, proclama que el crecimiento económico es la panacea que ayudará a la conservación del planeta y a la erradicación de la pobreza.

Hay que tener en cuenta que el crecimiento, es una variable de tipo cuantitativo que supone la existencia de límites naturales marcados por la disponibilidad de recursos. Lo sostenido implica algo persistente, constante, duradero. Nuestro planeta tiene dimensiones físicas limitadas y por lo tanto, nada en él puede crecer de manera sostenida indefinidamente.

Por otro lado, los parámetros de evaluación del desempeño de la economía verde, son el beneficio financiero y el crecimiento económico medido a través del Producto Interno Bruto (PIB). Ambos son indicadores monetarios que miden el medio con el que se realiza la actividad económica pero no sirven para medir la mejora de la calidad de vida de la población o de qué manera se distribuyen los bienes y servicios en la sociedad.

El modelo de la economía verde; al igual que el capitalismo, opera en base a intereses, un modelo realmente verde, trabajaría sobre la posibilidad de construcción de consensos que beneficien a todos. Hace falta un cambio de reglas y un marco de incentivos que oriente la actividad económica sobre valores y principios como la ética, la solidaridad, la colaboración y la contribución al bienestar de todos; para su construcción se requiere una fuerte y continuada voluntad política de forma que sea socialmente aceptada.  La economía del bien común, modelo planteado por el economista austríaco Christian Felber, es quizás la propuesta más acabada para lograr este cambio.

La finalidad de los negocios no debe ser únicamente ganar dinero y obtener beneficios. Es necesario cambiar nuestra visión por otra que vea la actividad económica como el mayor sistema de cooperación social y creación de valor que la humanidad ha inventado.  Sólo así se podrán tomar decisiones para el beneficio de la mayoría.

La apertura, la interacción entre iguales, el compartir, y la colaboración no solo son estrategias válidas para desarrollar la actividad económica e impulsar una empresa; también son buenas prácticas que permiten desarrollar unas relaciones humanas fuertes y duraderas y potencian lo mejor del ser humano.

Bibliografía:

García Cartagena C. (31 de agosto de 2012) El bien común, la economía de futuro o el futuro de la economía. La esquina del buen ambiente. Recuperado el 5 de octubre de 2013 de http://buen-ambiente.blogspot.com/2012/08/el-bien-comun-la-economia-del-futuro-o.html

García Cartagena C. (2 de febrero de 2012) El progreso que queremos. La esquina del buen ambiente. Recuperado el 5 de octubre de 2013 de http://buen-ambiente.blogspot.com/2012/02/el-progreso-que-queremos.html

García C.; Hernández M.; Rosales L. y Sánchez L. (octubre de 2012) Perspectiva de la economía ecológica a la propuesta de la economía verde.  Trabajo final del curso de Economía Ecológica Centro Boliviano de Estudios Multidisciplinarios

Tapscott D. & Williams A. D. (2009) Wikinomics. La nueva economía de las multitudes inteligentes. Barcelona, España. Ed. Paidós.

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