Acento Juvenil

Los Jóvenes merecemos ser escuchados

Por Gabriela Alvarez Guerrero

La libertad de expresión se define como el derecho fundamental que permite la libre difusión de las ideas. En el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos se lee: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y de recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.” Esto establece que ninguna persona debe ser desacreditada por su punto de vista y la manera en la cual lo expresa.

Así mismo, el articulo 49 de la Constitución Dominicana establece: “Toda persona tiene derecho a expresar libremente sus pensamientos, ideas y opiniones, por cualquier medio, sin que pueda establecerse censura previa.” No importa la edad que la persona posea, el lugar en donde se encuentre, su raza y creencia, profesión y género, todas tienen el derecho a expresarse y hacer conocer su punto de vista para ser escuchados. Como individuo y ciudadana dominicana, estos derechos también me abarcan a mi.

A pesar de mi corta de edad, tengo la capacidad y el interés de preocuparme sobre los problemas que acogen a la juventud, no solamente de mi país, sino también del mundo. Nosotros, los niños y jóvenes de hoy, somos los futuros lideres del mañana, es por eso que deben darnos la oportunidad de expresarnos y ser escuchados. Cualquier esfuerzo para desmeritar y acallar nuestra opinión a través de la burla, censura o  ejercicio del poder, es en cierta forma Bullying.

En los últimos días he tenido el placer de encontrarme con algunos que quieren minimizar mi opinión en muchos casos por el simple hecho de tener quince años, y en otros por tener ideas y pensamientos diferentes.  A todos estos les digo que la madurez no llega con la edad, sino con el carácter y la actitud. A mi corta edad no tendré el conocimiento sobre muchas temáticas, pero si tengo el interés de aprender sobre ellas, y el privilegio de poder expresar mi opinión ya sea de manera verbal o  través de mis escritos.

Muchos han tratado de asustarme llamándome tollosa, ignorante, y fácilmente influenciable. Su incapacidad y mediocridad de poder debatir e intercambiar sus ideas con altura los lleva a lo personal, con miras a humillar a cualquiera que piense diferente, lo cual es una clara forma de bullying. Sin embargo, el poder que les da su edad y el conocimiento por sus experiencias vividas no les da el derecho a tratar a nadie de esa manera.  A los jóvenes se nos llama a respetar a los adultos, pero también nosotros merecemos el mismo respeto.

La agresividad y violencia que genera el burlarse del otro, tan sólo demuestra la falta de tolerancia y de respeto hacia las personas.  La crueldad y el nivel de maltrato que vemos diariamente en las escuelas, empresas y hogares dominicanos, son el reflejo de lo que día a día se vive.

Los jóvenes necesitamos ser escuchados y tomados en cuenta mas allá de los temas que nos competen. Ofrecer y asegurar nuestra educación es importante, pero también tomar en cuenta nuestras emociones y vigilar los riesgos a los que nos enfrentamos cada día en los ámbitos cotidianos también es prioritario.

Un buen principio para contrarrestar la gran cantidad de maltrato sicológico y físico que se vive en el país, es educar  a  todos los niveles sobre el respeto y tolerancia hacia los demás. Debemos implementar alternativas para reforzar los valores para mejorar la comunicación en todos los ámbitos.

El que no pensemos iguales no significa que seamos menos que el otro.  Y mucho más si los comentarios vienen de niños y jóvenes, que como yo, no tenemos prejuicios ni agendas escondidas. Podrían aprender mucho de las sabias palabras que dijo Jesús:  “Dejad que los niños vengan a mi pues de ellos es el reino de los cielos”.

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